Destino: La saga Winx: eficaces aventuras adolescentes en tono fanástico


Destino: La saga Winx (Reino Unido/Italia, 2021). Creador: Brian Young. Elenco: Abigail Cowen, Precious Mustapha, Hannah van der Westhuysen, Danny Griffin, Eliot Salt, Elisha Applebaum, Sadie Soverall, Freddie Thorp, Robert James-Collier, Eve Best. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: buena.

La adaptación de la saga animada Winx Club, que se convirtió en lo más visto de Netflix desde que estrenó el viernes último, cumple a rajatabla todos los tópicos de la ficción adolescente. Bloom (Abigail Cowen) comienza sus estudios en Arfea, una academia para hadas ubicada en “el otro mundo” donde deberá controlar su poder y descubrir los misterios de su pasado; allí encontrará a sus mejores amigas y a sus enemigas, lazos decisivos para su formación más allá del contexto de los reinos, la magia y los poderes ancestrales que signan su futuro; se enamorará del chico lindo de la “escuela de especialistas”, integrada por guerreros destinados a la defensa del reino de Solaria de la amenaza de los “quemados”, caminantes monstruosos que recuerdan demasiado al imaginario de George R. R. Martin.

Como se puede descubrir, la clave está en combinar el relato de iniciación con el marco fantástico, siempre condimentado con tópicos de las nuevas formas de la telenovela y la dinámica de las narrativas animadas. Creada por Brian Young y con el espíritu british que también había bañado los enredos de Game of Thrones, Destino: La saga Winx usa su previsibilidad como una ventaja: todo lo que puede suponerse desde el primer episodio sobre el “destino”, valga la redundancia, de Bloom y sus amigos se cumple como la letra de un contrato. Y lo hace con un sentido clásico de la aventura: el uso del bosque como el territorio del tabú y las prohibiciones, el romance con espíritu de preparatoria, y la preocupación por el pasado que siempre ha desvelado a los cuentos de hadas.

Tráiler de “Destino: La saga Winx” – Fuente: Netflix

Quizás adolece de algunos riesgos que Young pudo haber corrido como productor en su otra excursión adolescente, The Vampire Diaries. Allí, casi a contrapelo de la saga popular de Crepúsculo, Young y los creadores Julie Plec y Kevin Williamson exploraban el erótico romanticismo de los relatos vampíricos, desde Sheridan Le Fanu hasta el mismo Bram Stoker, bajo un paraguas adolescente no del todo encorsetado por esa audiencia. Aquí el éxito de la saga animada Winx Club en Nickelodeon determina el horizonte de expectativas de la audiencia que la serie nunca se atreve a traicionar.

Los personajes existen como encarnación de esas aventuras fantásticas –y funcionan mejor aquellos con ciertos matices, que escapan a la división entre buenos y malos-, pero lo hacen en el entorno de un drama adolescente al estilo Pretty Little Liars o Riverdale, plagado de clichés y una estética heredera del reciente aggionarmiento de la telenovela que reabsorbe lo sobrenatural –las hadas, la magia- en el mismo territorio de tensión.

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