Desde Madrid, Eduardo Sacheri celebra el Goya que ganó La odisea de los giles



En Madrid, en su habitación de hotel, “en soledad y viéndolo como si fuera un partido de fútbol”, según él mismo confiesa, Eduardo Sacheri, co-guionista y autor del libro que inspiró La odisea de los giles, vio por tele en la medianoche del sábado cómo el filme que dirigió Sebastián Borensztein y protagonizaron Ricardo Darín y Luis Brandoni se quedaba con el Premio Goya, el más importante del cine español, a la mejor película iberoamericana.

Sacheri escribió La noche de la usina, la novela que cuenta las peripecias de un grupo de vecinos de un pueblo bonaerense que intenta vengar una estafa en plena angustia del 2001 y que se consagró como Premio Alfaguara, uno de los más prestigiosos en lengua española, en 2016.

-La película transita un drama local y doloroso para nosotros, los argentinos, fáciles de identificar en los cines españoles por reír con algunos guiños del filme. ¿Por qué te parece que la historia cautivó en España?

El escritor argentino Eduardo Sacheri a su llegada al Casino de Madrid. EFE

-Hay algo universal que es el dolor que te genera cuando el sistema falla y ciertas cosas en las que vos creés se derrumban y te derrumban. En ese sentido, lo que vivieron los españoles con la crisis de las hipotecas fue parecido a nuestro 2001. Cuando vine a España con la novela, la lectura que hacían los españoles era ésa: la emparejaban con su crisis bancaria y los años complicados que vivieron. Más allá de que no tuvieron corralito ni hiperinflación ni “el que depositó dólares recibirá dólares”, el sentirte estafado por el sistema y sentirte indefenso es lo más universal que atraviesa la historia.

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Los Darín, protagonistas del filme que el sábado triunfó en España.

-Haber escrito el libro y haber participado luego en el guión de la película ¿no es de algún modo “traicionar” el espíritu literario inicial de la historia?

-Siempre es trabajoso, porque siempre tenés que modificar cosas, pero tanto Sebastián (Borensztein) como Ricardo (Darín) y El Chino (Darín), que si bien no escribieron el guión fueron productores, estaban muy encima del asunto y trataron siempre de ser muy respetuosos. Cambiamos cosas, más por deseo de ellos que mío, pero lo hicieron desde el respeto. Creo que trabajamos muy bien y se nota. En todo momento ellos estaban deseosos de a que a mí me gustara lo que estaban haciendo y me parece que es un cuidado que está bueno destacar.

Luis Brandoni, Ricardo Darín, Sebastián Borensztein y el Chino Darín en San Sebastián, donde hace unos meses se presentó La odisea de los giles.

-Es la tercera vez que una novela tuya pasa al cine. Cuando te sentás a escribir, ¿coqueteás con que lo que estás escribiendo pueda guionarse? ¿Cómo te llevas con la idea de que tus personajes de ficción encarnen en actores conocidos?

-Es complicado y, como dije, trabajoso. Por eso yo también formo parte del guión. No me limito a vender los derechos. Lo que acuerdo es escribir el guión en conjunto. Por suerte, me he encontrado con directores que tuvieron esa flexibilidad y estuvieron dispuestos a eso. Con Juan José Campanella (El secreto de sus ojos), con Juan Taratuto (Papeles en el viento) y con Sebastián Borensztein (La odisea de los giles) que son los que me trajeron el proyecto. Cuando escribo libros, escribo libros. Las preocupaciones que tengo en la cabeza son las literarias. Cómo construir un buen libro. Si viene alguien del mundo del cine y me dice “Me gustó tu libro y me gustaría que hagamos una película”, respondo que a mí me gusta participar en el guión.

-¿Qué es lo que te interesa particularmente preservar de la novela cuando participás en el guión de la película que se inspira en un libro que escribiste?

-La fisonomía emocional de los personajes. Que las personas de ficción que los lectores encuentran en el libro y los espectadores ven en la película sean las mismas. Aunque sucedan hechos diferentes. En una película hay cosas que no están o que suceden de un modo distinto, pero si las personas de ficción están, creo que el resultado es positivo. Si se mantiene el aroma de identidad, los espectadores y los lectores lo viven como algo bueno y no algo frustrante. Que la gente que va a ver La odisea de los giles no diga “Che, nada que ver con La noche de la usina”. Por eso es clave lo que hace la mano del director del otro lado. Y es fundamental trabajar con buena gente.

Madrid. Corresponsal

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