Descubrimos al auténtico Panigassi de “Gasoleros”



Lo vemos hablándole al buzón que tiene en la esquina de su restorán llamado, justamente, El Viejo Buzón. Lo de viejo estaría de más porque esta ciudad donde el sol sólo se refleja en las ventanas no tiene buzones nuevos desde hace por lo menos 30 años.

Un suave ceceo denota una aparente sensibilidad. Toto le está hablando de igual a igual. Cuando acaricia su lomo colorado, una palmada de camaradería, recién ahí tratamos de entender a lo que hemos venido.

Nos contará que ese mimoso ejemplar de correo casi desaparece. Que vinieron a llevárselo y no se armó tole tole porque así como se lo sacaron, volvieron a ponerlo en la esquina de Neuquén 1100. Fue y volvió.

¿Cómo se llevan un buzón? ¿Cuánto pesa? ¿De qué está hecho?

Dicen que su prototipo de porteño inspiró al Panigasi de la tira “Gasoleros”. Foto: Lucía Merle

El monumento que nos convoca tiene una cinta anudada como una bufanda con los colores de la bandera argentina. Erguido y obeso. Rojo. Es de los pocos que quedan. A juzgar por lo que dice Toto, prócer de la República de Caballito, estamos delante de un verdadero ícono. ¿Hablará de él o del buzón?

“No quedan en pie ejemplares tan activos como éste”.

Puro desborde el hombre. Se le nubla la razón cuando habla de Ferrocarril Oeste, club del que fue presidente. Cualquier excusa es buena para que versee un tango o recite un poema canyengue.

Increíble, su vida se circunscribe a dos manzanas. Sesenta y ocho años de Caballito. “Ese buzón es prácticamente mío”. Evangelista tiene esposa, hijos, restorán y, como mascota, un buzón.

Gente de su entorno -¿cuántos habitantes tiene Caballito?- confirma lo que sería un secreto a voces: Toto inspiró al personaje de Panigassi en la tira Gasoleros. El no se hace cargo, sonríe como un patán, pero a su espalda (una vecina) y por WhatsApp (un productor de TV) lo señalan como el arquetipo que habría servido para diseñar la criatura que interpretó Juan Leyrado.

-¿En serio?

Su restorán -no podía ser de otra manera- se llama “El Viejo Buzón”. Un bar notable donde funciona una radio íntegramente musicalizada por el el inefable Toto. Foto: Lucía Merle

​-Preguntale a Suar… Panigassi no era sólo un tipo de barrio. Era un universo de ser humano afectivo, sentimental, con códigos de vida. Y Toto representa exactamente eso.

Pablo Rago se llamaba Bonzo y dormía en el taller de Panigasi. La Milone (Isa) andaba con Tucho (Dady Brieva). Darío (Santoianni) era el hijo. Jimena Barón se llamaba Lali, Lili o Loli. Roxi (Mercedes Morán) puso de moda el color caoba. Gasoleros le dio la bienvenida al costumbrismo.

Olvidamos preguntarle a Toto si le puso nombre al buzón. Sabemos que tiene la llave. “Hace años que nadie pone una carta certificada. ¿Te acordás de las certificadas? ¿Y de las expresas?”

A veces abre la puertita roja y encuentra restos de comida, papeles, botellas de plástico, puchos, monedas de cinco centavos. Otro Riachuelo.

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Cacho Castaña era un poroto delante de Toto. Lo ves y parece arrancado de una historieta de Horacio Altuna. Mentón cuadrado, voz de teléfono público, gauchito, energía balcánica, una silueta inconfundible del paisaje vecinal, personalidad sin polaridades.

Anotamos en la Moleskine: Evangelista es representante oficial de las complicidades y los guiones chismosos. Conexión directa con la infancia afectiva de nuestro padres. Toto, porque Felipe dicho de una suena a reto.

El buzón está desde que nació y cuando… Ah, perdón, lo quiere contar él: “El buzón está desde que nací hace 68 pirulos. En realidad está desde antes. Mi viejo vino al barrio en 1939. Llegó a la Argentina y llegó a Caballito. Era hojalatero. El negocio quedaba justo a dos veredas de acá. Y ahí vivíamos, en el auténtico fondo de comercio”.

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-El buzón sería como un testigo del paso del tiempo…

-El buzón me vio en pantalones cortos y con los mocos colgando. Es la prueba fehaciente de todos estos años. No hay secretos entre nosotros. ¿Querés saludarlo?

-Bueno.

-Te presento a…

-¿Lo de la cinta celeste y blanca se te ocurrió a vos?

-Se la merece.

“El buzón me vio en pantalones cortos”, dice Toto Evangelista. Foto Lucía Merle

Un familiar del colorado Liberman. Ese es el chiste cuando alguno se percata del monolito. Toto inventó visitas guiadas para explicar, de forma didáctica, cómo era el procedimiento con el ícono porteño. En voz alta sostiene que es el antecedente del mail y las redes sociales.

Lo escuchan alumnos de los colegios de la zona. En la charla con este diario nos confirma que viene reuniéndose para que los buzones y otros mobiliarios urbanos caídos en desuso formen parte de alguna asignatura escolar.

-Cuando tu mamá quería decirle algo a una persona que vivía lejos, ponía una postal en esta ranura -explicó vez pasada durante una de sus habituales conversaciones con niños-.

-¿Y qué es una postal?

Para Navidad y Reyes pone toda la carne en el asador. Les pide a los vecinitos que escriban la famosa carta. Después habilita la boca de su buzón y ahí aparece el cartero Pipín, un amigo que completa la tarea de retirar los pedidos con una bolsa de arpillera grande como las que cuelgan del techo de su restorán.

-¿Fuiste presidente de Ferro?

-Sí, y como pasa con Raúl Gámez, en Vélez, soy de esos ex dirigentes que podemos ir a la cancha tranquilos y en paz porque salimos más pobres de nuestras gestiones.

El día que se llevaron el buzón es un cuento que ya está escrito. En los ‘90 vinieron los “cucos que privatizaban cosas”. Toto lo vivió como una mutilación. Una escena de comedia italiana con gritos y una hermana teniendo que poner paños fríos a la situación. No había hombre más incompleto en el mundo que un Toto con su pucho en la mano y sin buzón donde acodarse.

“Los buzones tienen una base de cemento abajo y una varillas que se enganchan con unos bulones. Se han llegado a robar algunos. No es difícil. En Rawson y Rivadavia se llevaron uno. Quedó el montículo solamente. Un día cayeron por esta esquina y con una amoladora lo desmontaron –lo dice y, de pronto pasa algo que no entendemos pero empieza a recitar:

Seis esquinas y un buzón acunaron mi existencia/Aún guardan la esencia de mi porteño sentir/Escribo sin ser cantor/pero me siento un juglar/que le canta a su barriada y a toda la muchachada que en este barrio nació/Barrio que no fue arrabal, porque siempre estuvo cerca (…) Es Caballito la chapa que me identifica. Y me marca.

La chica que hace prensa pide los créditos del hallazgo. A Toto Evangelista lo descubrieron en la última edición de La Semana de la Gastronomía. Su bodegón es un Bar Notable donde funciona una radio musicalizada y conducida íntegramente por él.

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-La gente ya debe empezar a confundir el buzón con otras cosas ¿no?

-Horrible. Un nene de ocho años no tiene la menor idea de qué se trata ni para que sirve. Debe creer que es un poste para atar caballos.

WD

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