de Zas a una ópera rock sobre la conquista de América

Catorce cuadras. Si tomamos Google Maps como fuente confiable, la distancia que separa al Estadio José Amalfitani de Velez Sarsfield de la histórica sala de ensayo de Miguel Mateos es la misma que hace cuarenta años, cuando el músico fue telonero de la mítica visita de Queen a la Argentina y dio comienzo formal a su trayectoria artística.

Una carrera que tuvo en Rockas vivas (1985) el comienzo de su cenit al ser, hasta la salida de El amor después del amor de Fito Páez, el disco más vendido de la historia del rock argentino.

Un pináculo que mantuvo con sucesores como Solos en América (1986), Atado a un sentimiento (1987), Obsesión (1990) y que aún hoy le permite salir de gira por México y Estados Unidos, donde se lo respeta como “El Jefe del rock en español”.

Esas cuatro décadas de Mateos con la música se celebrarán los días 9 (agotado) y 29 de octubre en el Teatro Gran Rex, y luego en las ciudades de Córdoba y Rosario el 5 y 6 de noviembre, respectivamente. Y esa es la excusa para la charla matutina en esa sala de ensayo.

Afiches, discos de oro... La historia de 40 años de música enmarcan el lugar en el que Miguel Mateo prepara sus shows. Foto Guillermo Rodriguez Adami

Afiches, discos de oro… La historia de 40 años de música enmarcan el lugar en el que Miguel Mateo prepara sus shows. Foto Guillermo Rodriguez Adami

En el laboratorio de un creador

Puertas adentro, se pueden ver desde discos de oro hasta afiches originales de conciertos de su grupo Zas en Obras (piezas por las que un coleccionista vendería lo que no tiene), pasando por un equipamiento digital de última tecnología donde carga fragmentos de Los Tres Reinos, la ópera rock que es su nuevo proyecto.

La charla arranca con el propio Mateos a bordo de la génesis de los futuros shows, y a partir de ahí un recorrido por toda su obra. “Me di cuenta antes de todo este periodo pandémico, en el año 2019″, dice, a modo de introducción, y enseguida retoma.

“Iba a hacer un show que se iba a llamar Retrospectiva, a propósito de la recuperación de los masters de los primeros discos de Zas: esos discos que había publicado Music Hall y que volvieron a sus creadores gracias al INAMU. Ahí me di cuenta que arranqué en el 81, y que este año cumplíamos, con mi hermano Alejandro, 40 años con la música”, dice Miguel, primera a fondo y dispuesto a contestar todo.

En 2019, Mateos cayó en la cuenta de que estaba a punto de cumplir cuatro décadas en la ruta. Foto Juano Tesone

En 2019, Mateos cayó en la cuenta de que estaba a punto de cumplir cuatro décadas en la ruta. Foto Juano Tesone

-¿Y cómo será el repertorio de los shows? ¿Vas a repasar todos tus discos?

Voy a cantar una canción por disco: esa canción que yo creo que es la más representativa del disco en cuestión. Y después haré bises, claro. Son dieciocho álbumes. No lo voy a hacer cronológicamente, porque con determinados temas voy a contar como nacieron, en qué momento…

Voy a tratar, de alguna manera ,de documentarlo. ¡Porque en cuarenta años han pasado tantas cosas en este país…! Ese es el plan.

Zas en Velez, en 1981, en la previa de su presentación en sociedad, como teloneros de Queen. No fue fácil. Foto: Web

Zas en Velez, en 1981, en la previa de su presentación en sociedad, como teloneros de Queen. No fue fácil. Foto: Web

Una tarde junto a Manal y Almendra en el Pinap

-Hablamos de cuarenta años de trayectoria tuya desde el show de Zas como soporte de Queen. Pero hay algo que poca gente sabe: vos tocaste en el año 1969 en el Festival Pinap. ¿Cómo es esa historia?

-¡No me hagas cumplir más edad de la que tengo! (risas). Es cierto: nosotros con el grupo Cristal tocamos en el Pinap. Ahí tocaron Manal y Almendra. Cristal era el grupo que tenía con mis compañeros de la secundaria. Había una parte de grupos nóveles. No ganamos: salimos segundos. Pero sí fuimos los más aplaudidos. Tengo un recuerdo maravilloso del evento.

El mismo recuerdo que cuando mi vieja, que era profesora de música, me sentaba al piano vertical de casa y me dejaba practicando. Y yo me borraba porque a la vuelta estaba la Asociación Vecinal Pro Fomento Pueyrredón, donde mi padre era el técnico de básquetbol, y me iba a jugar a la pelota ahí.

-¿Siempre la historia fue vos con al piano y Alejandro en la batería?

-Sí, siempre fue así. Alejo tiene un oído impresionante, y lo mantiene aún hoy. El con la batería, y yo en paralelo estudiaba en el Conservatorio Municipal. Esa formación académica tiene mucho que ver con mi pasado.

Con "Rockas vivas" Miguel Mateos ostentó durante años haber hecho el disco de rock argentino más vendido. Foto Guillermo Rodriguez Adami

Con “Rockas vivas” Miguel Mateos ostentó durante años haber hecho el disco de rock argentino más vendido. Foto Guillermo Rodriguez Adami

A la conquista de Latinoamérica

Rockas vivas fue durante años el disco más vendido en la historia del rock argentino. Y luego, Solos en América y Atado a un sentimiento tuvieron una repercusión tremenda en Latinoamérica. ¿Cómo fue vivir esa época en la que estabas en la cresta de la ola?

Rockas vivas fue un fenómeno nacional absoluto. Y también aledaño, porque el disco circulaba de manera clandestina por todo el continente. Empecé a ser conocido más que nada en el Uruguay, en Chile y en Perú. Cuando hablo de “clandestino” es porque la música llegaba por casetes copiados, más que nada a Chile, donde aún estaba Pinochet.

Fui a tocar a Chile y durante años no pude volver, porque la dictadura seguía y yo tuve alguna manifestación que mucho que digamos no les gustó… Después de Rockas vivas terminamos el contrato con la discográfica, y con Oscar López, que era mi manager de aquel momento, fue pensar en cómo exportar lo que hacíamos.

A eso hay que sumarle el interés de Ariola, el sello que luego fue BMG, que propició la grabación de Solos en América en Los Angeles. Luego hicimos una gira de Latinoamérica de tres meses, el disco la rompió en México, y Cuando seas grande se transformó en una canción ícono de la movida de Rock en tu idioma, que era como se llamaba el asunto a partir de una idea de la compañía.

Miguel Mateos dejó las huellas de sus manos en el corredor de las estrellas, en la ciudad de México. Foto EFE-Armando Mota

Miguel Mateos dejó las huellas de sus manos en el corredor de las estrellas, en la ciudad de México. Foto EFE-Armando Mota

-Y México fue la llave para ir más hacia el Norte.

-Sí. La gran inserción de México en los Estados Unidos hizo que en todas las áreas latinas de Los Angeles, Texas y Florida hubiese gente que quería escuchar “rock en su idioma”. Tanto es así que en el 87, con un miedo bárbaro, porque no sabíamos que iba a pasar, y con una inversión importante alquilamos el Palace de Hollywood.

Hicimos un sold out ahí, y quedó tanta gente en la calle que se armó quilombo con la policía de Los Angeles, porque no podían entender que pasaba de repente con tantos latinos. Al mes de ese show nos encontramos con los Soda, y el comentario fue: “Acá hay que sembrar. Algo hay, pero hay que venir”.

-Hablás del desembarco en México y los Estados Unidos. ¿Qué pasaba con España?

(Pone acento español) -Siendo yo originario de León, Castilla… ¡Nunca pasó nada! (risas) En aquel momento el presidente de BMG era un español. Y nunca se pudo hacer pie; nunca cuajó. Creo a los que los argentinos que les fue bien en España fue porque fueron a vivir allí.

Cuando yo tuve que elegir, elegí México y Estados Unidos. A los españoles también les cuesta desembarcar en la Argentina, pero no en México. Pensá en Hombres G, en Mecano, en Gabinete Caligari o en los Toreros Muertos, que fueron parte de Rock en tu idioma.

-¿Qué te pareció la miniserie Rompan todo?

-Le faltan cosas, hay partes que están incompletas. Yo no iba a participar, porque estoy viviendo en la Costa Atlántica. Entonces me escribieron, me dijeron que no podía ser que no estuviera, y me filmaron allá. Sé que hay mucha gente que no quiso estar. Entonces, cuando se dice que está incompleto, hay que tener en cuenta eso. No es todo una cuestión del recorte del relato.

"Un artista popular de bajo perfil"; así se define Miguel Mateos. Foto Guillermo Rodriguez Adami

“Un artista popular de bajo perfil”; así se define Miguel Mateos. Foto Guillermo Rodriguez Adami

​Un artista popular de bajo perfil

-En cuanto a tu figura, a nivel popularidad y prestigio, ¿vos te sentís más reconocido en la Argentina o en el exterior?

-Por ahí hay cierto sector de la prensa de rock que no me tiene en cuenta, pero no me pasa para nada eso con la gente. Soy un artista popular que siempre ha tenido un muy bajo perfil, que ha sido muy consistente con su obra. Y en ese sentido estos cuarenta años eso me ha granjeado un respeto, algo que también lo siento con mis pares. He tenido altos y bajos.

-¿En que quedó tu proyecto de componer una ópera rock?

-La hice. Por la pandemia, el confinamiento, y también debo agradecer a mi mujer, me ayudaron. Hay que aprovechar que si querés, hoy tenés a la orquesta de la BBC en una laptop. Hice seminarios de orquestación y composición con Hans Zimmer y con John Williams. Yo no estoy recibido en el conservatorio porque me sacó la dictadura, pero seguí mis estudios de composición, piano y armonía.

Ser parte de Los Elegidos le permitió a Miguel Mateos cantar en el Colón, adonde suele ir en plan de público. Foto Mario Quinteros

Ser parte de Los Elegidos le permitió a Miguel Mateos cantar en el Colón, adonde suele ir en plan de público. Foto Mario Quinteros

Soy un tipo formado y asiduo concurrente al Colón, algo que por ahí se sabe poco. En mi infancia mi madre, que era parte del Mozarteum, me llevaba a la lírica. Y algunos de mis viajes tienen que ver con ir a Broadway. Puedo disfrutar de ver El Rey León, y también de ver a Springsteen.

-Siempre tus letras trataron a tu modo de dar cuenta de lo que pasaba en el momento…

(Interrumpe) -Si hago un flashback en estos cuarenta años, me doy cuenta, y tengo la satisfacción, de haber dado registro de los distintos períodos que vivimos, que es a donde apuntás con tu pregunta. Y estoy contento con eso.

Solos en América, por ejemplo, es un quiebre literal: así estábamos. Yo venía de un disco de garage y rock and roll como Rockas… y paso a algo más sofisticado, más hi fi, con otro criterio, otra estética.

Y cuando BMG me tiró el contrato por la cabeza hice tal vez uno de los discos más hermosos de mi vida como Pisanlov. Tuve que vender un departamento para hacerlo, porque no teníamos plata. Pero traje a un técnico americano, lo puse en Panda, y lo hice.

El músico considera que ya dio su registro de la historia argentina reciente a través de sus canciones. Foto Guillermo Rodriguez Adami

El músico considera que ya dio su registro de la historia argentina reciente a través de sus canciones. Foto Guillermo Rodriguez Adami

Cronista de cuatro décadas

-¿Y cómo ves la situación actual del país?

-Como te decía, yo ya di mi registro, y ahora tengo que dar otro. Mi registro actual es mi ópera Los Tres Reinos. Creo que ahí hay muchas cosas del hoy, y muchas respuestas. Es una distopía sobre la conquista de América para orquesta sinfónica, coro y cuatro cantantes, tres masculinos y uno femenino. Y banda de rock and roll, porque es una ópera rock.

Soy wagneriano, porque aún cuando teníamos tres pesos con cincuenta hacíamos una escenografía. Por eso tengo la idea de obra conceptual desde siempre. Esto son 92 minutos de música y relato, con un single, un leitmotiv de lo que quiero decir. Ese Don’t Cry For Me Argentina, que es inherente al género. Y yo respeto el género, más allá de que me tome mis libertades.

-Tu hijo Juan está tocando con vos. ¿Cómo es tocar con tu hijo y con tu hermano?

Somos “Partners In Crime”, socios en el crimen (risas). Es una alegría maravillosa. Alejo es muy importante en mi vida. Siempre miro para atrás y está mi hermano, ahora miro para el costado y está mi hijo tocando la guitarra. Él está recibido en administración y comercio exterior, habla tres idiomas…

Él toma la música a partir de (John) Mayer, pero Mayer toma la música a partir de Hendrix. Tiene una formación de blues. A inicios de 2020 Roli Ureta, uno de mis guitarristas, me avisó que al año siguiente iba a tocar en la gira de Soda Stereo, esa que nunca se pudo hacer por la pandemia.

Tenía que cubrir ese bache, y Juan me dijo “incluime en el casting”. Hablé con el tío Alejo, y el tío me dice: “Sí, toca muy bien” (risas). Está bueno, porque tiene un expertise totalmente diferente al mío: es como una mezcla de Mayer con Nile Rodgers. Un funky blusero.

-¿Escuchaste la versión que hizo Ariel Minimal de Perdiendo el control?

-¡Divina! E hizo Atado a un sentimiento, que también me encantó. Le agradezco mucho, y sé que siempre ha tenido conceptos muy elogiosos para mi obra. En algún momento nos vamos a cruzar. Me han dicho por distintos lugares que es una muy buena persona. Ha hecho connotaciones a canciones mías que son rarísimas, y ha descubierto cosas de mi armonía que… ¡Guau!

-Por último: ¿cómo ves desde tu lugar la movida del trap y el hip hop?

Hice una canción que tiene que ver con mi punto de vista al respecto que se llama El asesino del rock and roll. Pero esto fue hace dos años: ahora veo muchas pibas, y mi planteo era contra el machismo. No soporto la música tan simple, y hablada.

Mi hijo me acerca cosas tipo Anderson Paak, y no, no me va. Me gustaba la posición y la pose de sus inicios: era el primer movimiento urbano real, callejero, de protesta, con polenta, y sincero. Pero no está en mi playlist, y no lo he podido incorporar.

E.S.

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