Daniel Suárez, sobre Gustavo Cordera: “Espero que haya aprendido algo”


Para Daniel Suárez, el actual cantante de Bersuit Vergarabat, es un asunto 100 por ciento cerrado: no haría música de nuevo con el exlíder de la banda, Gustavo Cordera, aunque sí se reuniría con él para escuchar su versión de lo que ocurrió con su alejamiento del grupo y sus declaraciones misóginas en TEA. Así lo cuenta en una charla íntima con LA NACION, donde desliza: “Espero que haya aprendido algo”.

La Bersuit, que este sábado dará un concierto en el anfiteatro de Tortuguitas y el 19 tocará en el Konex, es una banda de tres décadas y cientos de himnos. Sin embargo, la imagen de “El Pelado”, que dejó el conjunto en 2009, sobrevuela el éxito del grupo de los pijamas. Como si no quisiera quedar en el olvido. Como si la fuerza de sus palabras siguiera retumbando a lo lejos.

-¿Qué significa para ustedes ponerle voz a reclamos o sentimientos populares?

-Lo vivimos con agradecimiento, porque uno hace canciones para que movilicen. En lo personal, yo lo hago para hacer compañía. Pero ese es un lugar en el que te pone la gente. Yo confío en mi cuando soy público y confío en el público cuando escucha.

Esas palabras reflejan la humildad de este artista, que no busca ser líder porque prefiere escaparle al ego de los cantantes, fiel a su teoría de que “hay que dosificarlo porque es peligroso para uno mismo”. Por eso, parte de la complicidad de la banda con su público viene de esa filosofía que sostiene con Carlos Germán “Cóndor” Sbarbati de “rebelarse” a la fama e, incluso, viajar rumbo al Luna Park a bordo del tren Sarmiento, junto con esos jóvenes a quienes verían luego desde arriba del escenario.

Sabe que hay músicos “vacíos” o que, “por timidez”, necesitan pararse en ese lugar de superioridad, pero quiere otra cosa para su vida porque, para él, este arte esconde algo más existencial: “Es una especie de enzima que se te genera en el cuerpo y te da cosquillas. Sabés que todo va a salir bien porque estás haciendo lo que amás”.

Si bien Cordera dijo que la banda “se separó” cuando él se fue, Suárez destaca la horizontalidad que fue ganando el grupo y celebra que “puede cantar mirando a la gente a los ojos”. “Quedó confirmado que Bersuit somos todos los que la vamos transitando. Hay que deconstruir la imagen de ese líder rey o reina, que creo que es una falta de respeto a muchos grandes músicos ‘ensombreados’ por ellos”.

El actual cantante de Bersuit Vergarabat entiende que, más allá de las comparaciones y de que algunos se los confundan, lo “natural” hace diez años -con la salida de Cordera-, era que él asumiera ese lugar vocal. Y, entre risas, bromea: “La cagada es que me quedé pelado”.

-Le han cantado a la política, dedicándole versos a expresidentes como Carlos Menem (”Sr. Cobranza”, de Las Manos de Filippi) o Fernando De la Rúa (”La argentinidad al palo”)…

-Sí, con nombre y apellido.

-¿Se puede hacer eso con la Argentina de hoy?

-Yo creo que sí. También ojalá se pudiera volver a tener 18 años y vivir con la energía que te empodera para hacerlo. Ese lugar lo tienen hoy nuevas voces barriales, del trap, del rock y del feminismo, que están en esa lucha de rebeldía constructiva. Ojalá aparezcan dentro de Bersuit, pero haría más ruido en las nuevas voces, y se necesita eso. Creo que se viene un nuevo paradigma.

Después de casi tres décadas de ese 1992 en el que la Bersuit salió a escena con el disco Y punto…, hoy -para Suárez- solo les queda “seguir evolucionado”, y plantea: “Un buen desafío sería hacer un disco en feat con toda esta nueva camada para ver cómo nos cohesionamos, darles un lugar y aprender”.

-En “La Argentinidad al palo”, también con nombre y apellido, hablan de Cordera y dicen que él “mata por amor”.

-Y eso lo escribió Cordera… (ríe)

-¿Qué te genera cantar esa canción hoy, con “el diario del lunes”?

-Cada vez que la hacemos, con el Cóndor, lo cambiamos a “Barreda, Locati, Suárez, Sbarbati / matan por amor”, y nosotros mismos decimos #NiUnaMenos en ese instante, como una reflexión. Está bueno que haya momentos en las canciones que parece que se burlaran de nosotros mismos o que nos pusieran a prueba. Muchas veces se ha puesto al ídolo como ‘hay que pensar como él’ y por ahí es un pelotudo bárbaro, puede ser nuestro caso, el mío mismo, pero quizás hace buenas canciones y te llegan al corazón.

El cantante de La Bersuit explica que siente “malabares en la cabeza” ante la dualidad que le genera este debate: “Agradezco que las nuevas voces puedan escuchar esto y quizás no hacerlo más, aunque estoy en acuerdo y en desacuerdo con artistas que dejan de hacer ciertas canciones. Tengo hijos chiquitos -casualmente, dos varones-, y pienso que lo tienen que escuchar para cuestionarlo”. Entonces, remata: “Es ese viaje de aprender a vivir con nosotros mismos”.

-¿Un sector de la sociedad los castiga por el vínculo entre La Bersuit y Cordera?

-No sé si la palabra es “castiga”, pero pasó un poco eso, aunque trato de no subestimar ni culpar a las personas. Creo que la gente elige, y está bueno que así sea. Algunos lo hacen por convicción y otros, por ignorancia o descarte, pero habrá que reconquistar al público que te estigmatiza. Mi trabajo es seducir a que eso vuelva a abrirse para que una canción llegue. Hay amor, contención y pedido de disculpas. Es una cornisa a la que nos enfrentamos los artistas.

Tal como cuenta Suárez, con Cordera, fueron amigos muchos años en los que compartieron cientos de momentos bisagra y -por estar de gira- eran todo lo que el otro tenía para atravesar situaciones como el nacimiento de hijos o la partida de seres queridos. “Ahí te abrazás a las personas que tenés al lado porque la intensidad de la distancia es a carne viva”.

De todos modos, desde aquel 2009 en el que Cordera se fue de Bersuit Vergarabat para encarar su proyecto solista, La Caravana Mágica, “no se relacionó más” con él. “Tiene que ver con la amistad, todo lo demás es cotillón. La música me encanta, pero siempre valoré más el estar con mi familia y amigos; lo de arriba del escenario me da otro personaje y otra forma de descargar al mundo y llenar mi propio ego. Cuando pasó el alejamiento del Pelado, me enteraba: ‘Habló con este y quería hablar con Dani’, y yo sigo viviendo en la misma casa, con el mismo número de teléfono de siempre, solo no tengo el ‘caretaje’ de las redes sociales. Para mí, era más sencillo: si tengo un problema con alguien, le toco el timbre o lo llamo”.

Las repudiables declaraciones de Cordera

Tal es así que ya no se hablaban cuando, en una charla en TEA, el exlíder de la Bersuit dijo que “hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo”. “Cuando pasó este hecho absolutamente desafortunado con él, fue como otro balde pesado que nos salpicó, aunque obviamente más salpica a las víctimas”, cuenta Daniel, y reflexiona: “Espero que haya aprendido algo y que lo pueda canalizar con alguna creación o en su vida. Mi abuela tiraba las cartas, era parapsicóloga, y siempre me dijo que, si tirás algo oscuro, después te pasa a vos. No le deseo a nadie que le sucedan las cosas que le pasan a las víctimas de abuso y tampoco le deseo a nadie una condena social, al menos no a él. Para enemigos hay otras personas”.

-¿Te volverías a juntar o es un tema cerrado?

-De mi parte es un tema 100 por ciento cerrado. Si alguna vez volvería a estar con él, sería para charlar, escuchar anécdotas y que me cuente su parte de toda esta historia. Confío en mi “sacadora de fichas”, de mirarlo a los ojos y entender con qué personalidad me lo estará diciendo (ríe). Pero hacer música, no. Estoy en otra etapa, de componer mucho y de disfrutar desde el costadito, con mis hijos. Tampoco me gustó mucho la música que hizo últimamente, pero por una cuestión de gustos personales.

Una imagen histórica de Bersuit Vergarabat, con Gustavo Cordera al frente. Atrás: Juan Subirá, Tito Verenzuela, Carlos Martín y Oscar RighiArchivo

Suárez confiesa que le cuesta visualizar un show compartido, incluso si se tratara de uno para celebrar la trayectoria de la banda. ”Yo no me subo a un escenario si tengo algún ruido. Estás en carne viva, abierto de brazos a la gente, y hay un fueguito sagrado que tiene que volver a suceder para que suceda la música, y yo no lo veo ahora. La música no es lo más importante y hay cosas que deberían sanarse para pasar a lo otro”. De todos modos, reconoce que esto “los sigue moviendo” y, citando a Gustavo Cerati, lanza: “Es amor lo que sangra”.

Detrás de este músico hay un padre. O detrás del padre, un músico. Lo cierto es que hoy su prioridad es disfrutar el arte de crear canciones junto a sus hijos, Nino (un pianista de 8 años) y Teo (un baterista de 5). “Estoy en ese viaje. De afuera, guiando lo que sucede. Me metí en ese mundo y la verdad es que lo disfruto un montón”.

“Con mi esposa, Adriana, buscamos durante mucho tiempo tener hijos y no se nos daba. Creo que a uno también lo eligen y se nos dio de grandes la suerte de ser padres”, celebra.

Habla de ella y sonríe con los ojos achinados. Cuando tenían 12 años, él estaba con la guitarra, junto a un grupo de chicos en un hotel, y la abuela de ella se le acercó: “¿No le podés decir a mi nieta para que vaya también?”.

Al día de hoy, Daniel recuerda ese momento: “Tenía una bufanda rosa fluorescente, y yo la ví y me enamoré desde el primer día”. Inmediatamente, comenzaron su historia de amor y él se escapaba de su casa para ir a verla. Luego, se inclinaron por la amistad; aunque después de unos años, cuando ella vivía en Toledo, España, tuvieron una revancha y, en un ida y vuelta de cartas -que aún conservan-, él le confesó que “siempre le había gustado”.

“Vendí un bajo y me fui a buscarla a Europa. En Venecia, le pregunté si se quería casar conmigo y me dijo que sí. Tres meses de novios y 21 de casados”, dice sonriendo al rememorar el día en que decidió apostar por la mujer que diseña los míticos pijamas. “Vuelvo a elegir / Te elijo a vos / No me hace falta siquiera pensarlo” (”Que hable de vos”).

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