Dalia Gutmann: “Evito la corrección política porque me aburre”


Renovación es la palabra clave. Después de nueve años de éxito con su espectáculo Cosa de minas, Dalia Gutmann presentará, a partir del jueves 4 de febrero, Tengo cosas para hacer: el musical de una mina común, un espectáculo en el que agregará nuevos condimentos a su menú más habitual y que además tendrá lugar en un Teatro Maipo recién refaccionado. “Estoy feliz porque hace rato que tenía ganas de animarme a hacer cosas nuevas, cosas que no son de mi faceta más conocida, como cantar o tener una escenografía -dice ella-. Es un show pensado para un público más amplio. Por lo general, yo les hablo principalmente a las mujeres, amo al público femenino porque lo conozco bien y sé cómo vincularme, pero ahora la idea es ampliar el espectro”.

Con producción artística de Lino Patalano, colaboración autoral de Ale Bavera y dirección de Mariela Asensio, Gutmann enfocará su capacidad para hacer reír en las desventuras de esta particular época marcada por la pandemia del coronavirus y en “la interminable lista de cosas que no podemos hacer”, según sus propias palabras. Las funciones de esta nueva propuesta serán los jueves y viernes, a las 20.30. y los sábados. a las 21; y las entradas se encuentran a la venta en la boletería del teatro y en www.plateanet.com. La capacidad de la sala, como establece el protocolo sanitario, es de un tercio del total, poco más de 200 personas por noche.

-Tuviste una gran repercusión con Cosa de minas, que era un monólogo humorístico más tradicional. ¿Por qué decidiste este cambio?

-La verdad es que soy bastante mandada. Tengo inseguridades, como todos, pero también suelo asumir riesgos. Creo que en la vida está bueno jugársela de vez en cuando. Si bien la música es un terreno que no transité mucho y que respeto un montón, tengo una relación estrecha con las canciones. Voy caminando por la calle y se me ocurren letras y hasta alguna melodía. Como tengo amigos músicos, ellos me ayudaron a darle forma a eso que hasta ahora era apenas una insinuación. En concreto, para la obra trabajó conmigo Emiliano Benjamín. Yo le pasé algunas referencias y él resolvió los temas a partir de esa data. Son canciones de comedia musical, hay alguna balada y bastante rap. Son diez canciones, pero yo canto la mitad. No se asusten: ¡les aseguro que estudié canto!

-¿Qué es para vos una “mina común”?

-Cuando laburaba en AM, antes del mediodía, en Telefe, veía a las celebrities que venían al programa y después salía a la calle y me cruzaba con gente muy distinta. Las mujeres con las que me cruzo en la verdulería o la farmacia son diferentes a las entrevistadas de la TV y son también las que vienen a ver mis espectáculos, de hecho. Cuando me reconocen en la calle, me saludan como si fuera una excompañera de colegio, no una celebridad. Y eso me gusta. Yo soy una mina común.

-¿Con qué cosas te reís vos en tu vida cotidiana?

-Me divierte mucho la gente que no está pendiente del qué dirán. Me divierten los que son auténticos y no están especulando. Celebro la ridiculez, me encanta cuando alguien se entrega totalmente al ridículo.

“Celebro la ridiculez, me encanta cuando alguien se entrega totalmente al ridículo”, afirma Dalia GutmannCatalina Bartolome

-¿Te ponés límites cuando hacés humor?

-Tengo límites porque soy una persona cuidadosa. Pero evito todo el tiempo la corrección política porque me aburre. Me considero una buena persona, así que si alguien se toma a mal lo que digo, no me importa demasiado. No me gusta que me juzguen ni juzgar. Y trato de no autocensurarme. Los límites tienen que ver con no hacer sentir mal a nadie que no se lo merezca. Si se lo merece, es otra cosa (risas).

-¿Cambió tu manera de hacer humor con el nuevo auge del feminismo?

-Cambió el lugar donde me paro. Cuando empecé a hacer humor yo tenía 26 años y el contexto cultural era otro. Ahora tengo 43 y el mundo es muy diferente, por suerte. Antes las mujeres éramos visitantes en todos lados. Era gracioso bardearse a una misma, ponerse en lugares horribles. Ahora me planto de otra manera en el escenario, con más fortaleza, valorándome mucho más. Hay algo del empoderamiento que nos atraviesa a todos, no solo a las mujeres. El feminismo es algo que construyen todas las personas que no son funcionales al patriarcado, mujeres y hombres.

-¿Qué opinás de las cancelaciones?

-No me gustan mucho los escraches ni las cancelaciones. Tengo un lema en la vida: vivir y dejar vivir. Pero por otro lado entiendo que si alguien hizo algo muy grave o dañino es justo exponerlo. Igual eso siempre depende de la vara con la que se miden las cosas. No me banco mucho liviandades tipo “dijo que va a comer carne toda su vida, lo cancelamos”. Eso me parece una pavada. Pasó el otro día con unas declaraciones de Damián De Santo, que es un muy buen tipo. Opinó algo y recibió un millón de puteadas. Eso no es justo ni sano. Pero me cuesta tener una opinión general sobre este tema. Creo que es caso por caso.

-¿Qué significa para vos trabajar en un lugar con la historia del Maipo?

-Mucho. Estoy viendo el paso a paso de la reforma y es muy lindo cómo está quedando todo. El Maipo es un lugar mágico de Buenos Aires, un lugar donde se respira amabilidad y profesionalismo. Es una suerte para mí haberme cruzado con Lino Patalano, un nombre trascendente del teatro argentino, un tipo que sueña en grande y se la juega. Apostar a renovar un teatro en un momento tan crítico como este me parece propio de un gran soñador. Sería hermoso que la gente acompañe… Yo estuve yendo al teatro desde que reabrieron las salas y la verdad es que se respetan todos los protocolos. No hay que tener miedo, son lugares seguros. Ir al teatro hace bien. Uno de los grandes problemas de la pandemia es todo lo que nos perdimos. Ahora que tenemos la posibilidad de volver al teatro, está muy bueno aprovecharlo.

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