Cuarentena por coronavirus: viaje mágico a través de los paisajes de Jorge Fandermole



Por qué te lo recomendamos “Que sean perlas; que no sea algo que aparezca ante la vista cuando uno ingresa a Spotify, como sugerencia de la plataforma. Discos que merezcan ser buscados”. Algo así fue -y es- la consigna que impulsa la selección de estos “para escuchar” en tiempos de cuarentena. Fander reúne todo eso, y más.

La idea era (es) que sean canciones, músicas que además de estimular de mil maneras distintas nuestros sentidos, nos acompañen y nos hagan un poco mejores estos días “suspendidos”, y por momentos también llenos de suspenso.

Entonces, sumar Fander a la lista dependía sólo de una cuestión del cuándo, porque por lo demás, el doble que Jorge Fandermole publicó en 2014 cumple por demás con cada uno de los requisitos propuestos para ser parte.

Así es la tapa de magnífico doble “Fander” publicado por Jorge Fandermole en 2014.

Integrante de aquella movida bautizada como trova rosarina en los primeros ’80, Fandermole tiene sus raíces en Andino, pueblo ubicado a unos 50 kilómetros de Rosario y ribereño del río Carcarañá, y ese paisaje le da identidad también su música, desde su primogénito Pájaros de fin de invierno y a lo largo de sus otros ocho trabajos discográficos.

Porque la obra del artista, de 64 años, parece fluir al ritmo de aguas que corren. Más cerca del folclore las más de las veces, pero también alguna vez vecinas cercanas del rock de acá, las canciones de Fandermole nos invitan a navegar, a bordo de palabras exactas, bellas, armónicas, amables… No hay posibilidad de error si uno afirma que el artista es uno de los mejores poetas/cancionistas que la música argentina dio en las últimas décadas. Tampoco si agregamos que es de los mejores cantantes, con una capacidad de transmisión que es patrimonio de pocos.

Un par de botones de muestra: “Acompaña al lecho a los enamorados/lleva hasta el patíbulo a los condenados/a los estrellaros les guarda el instinto/saca a los perdidos de los laberintos”, pinta en Alunados; “La Luna sube filosa y anda,/y Juan, tan suave su voz de tierra,/parece el aire que la suspira,/y por allá arriba la ve brillar”, canta en La Luna y Juan, tributo a esa preciosa sociedad musical formada por Juan Quintero y Luna Monti.

Como una especie de conjugación de presente y pasado, el álbum reúne en su primera parte 13 títulos hasta ese momento inéditos, como Yarará, La luna y Juan, Agua dulce, El viejo y el río y Alunado; y versiones actualizadas de algunos de sus viejos temas; entre ellos, Río marrón, Tema del vino, Canción de navegantes, Imagen de pueblo y Carcará. Tanta tele tiene Fander para cortar, que se puede dar el lujo de dejar fuera de su selección su fantástica Oración del remanso.

Postales de inmensidades llanas infinitas, sonidos de aguas que corren río abajo o simplemente nos mecen en sus crecientes y bajantes, historias de amores y personajes de esos que parecen chiquitos pero encierran universos. De esas cosas canta Fander, en Fander, y nos lleva a la orilla del Carcarañá o el Paraná, nos pone en el medio de un bañado o nos invita a dar una vuelta por alguno de esos tantos Andino que se esparcen por ahí. Y lo hace respaldado por Juanchi Perone, Marcelo Stenta, Carlos ‘Negro’ Aguirre, Fernando Silva, Lucas Heredia, entre otros de sus habituales compañeros de ruta. Y al menos por un par de horas, también nuestros.

E.S.

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