Cuarentena por coronavirus: una perla de Nina Simone para deleitarse



¿Por qué te lo recomendamos? Porque es un tiempo para reunir energía y compromiso en esta lucha contra la pandemia y la música de Nina Simone (1933-2003) tiene ambas virtudes, y si además la reunimos con las composiciones de George Harrison se convierten en un amuleto contra el desánimo.

Emergency Ward (1972) (Sala de emergencia) es un canto a la paz o mejor dicho contra la guerra de Vietnam. La fuerza emotiva de esta genial artista aparece en todo su esplendor y con ese swing tan distinguible que nos invita a cantar con ella. El trabajo tiene una parte grabada en vivo en Fort Dix y otra en el estudio de RCA, de Nueva York.

El disco abre con una magnífica interpretación de My Sweet Lord en el que intercala el poema musicalizado de David Nelson Today Is A Killer acompañada por el Bethany Baptist Church Junior Choir Of South Jamaica, en Nueva York; son 18 minutos en el que edifica ese clima de templo evangélico con palmas y atmósfera góspel de una desbordante energía. Simone y el coro hacen un juego de llamada y respuesta vocalmente colorida; un canto que parece elevarse hacia el cielo y que coro a coro gana en intensidad; un interminable clima de alabanza que consigue transportarnos al templo y a su atmósfera.

Palabras urgentes, las que Nina Simone grabó en los tempranos ’70.

En Let It Be Me, tema que no aparece en el disco original y que fue agregado en la remasterización, Nina canta con hermano Sam Waymon esta balada con su habitual fuerza y esa sombría entonación bluesy. Aunque a Nina por esos años Nueva York no le agradaba, su actuación es sencillamente excelente; su entrega, esa relación de voz y piano crean un mundo paralelo, cargado de una inextinguible potencia.

Los temas en estudio tienen su belleza, Poppies es una canción de un sereno melodismo con marcados cambios de intensidad en el estribillo que junto con la voz de Nina lo rescatan de la indiferencia; su estilo pianístico, tan potente como creativo colabora en darle un carácter personal y por momentos delicado.

Isn’t It a Pity, de Harrison, es un tema de tono emocional dedicado por el guitarrista al fin de la era beatle (No es una pena) que en la hermosa voz de Nina suena a homenaje a ese insuperable cuarteto. Su tratamiento es intenso casi provocador mientras que el piano ocupa un espacio de mayor protagonismo y que enriquece la canción. Improvisa la letra y frasea palabra por palabra dándole una intimidad nueva; una artista que lograba al parecer sin ningún esfuerzo apropiarse de lo que interpretaba. Quizás este trabajo es uno de los registros más extraños de la artista pero sin duda, posee una energía emocional incontrastable.

Ahora bien, Nina en los sesenta se sumó como una de las voces más fuertes de los derechos civiles de su comunidad con composiciones emblemáticas como Mississippi Goddam, estrenada en 1964 en un concierto en el Carnegie Hall, de Nueva York. Emergency Ward llegó en un momento importante para la artista, según contaba en su autobiografía. “Me sentía más viva que nunca porque me necesitaban y podía cantar para ayudar a mi gente”, decía. Su lucha por las garantías individuales, que fue el aspecto determinante en más de la mitad de su carrera, no debería hacernos perder de vista su calidad como cantante e intérprete.

Su voz nasal, ese encanto en la forma de frasear y su swing off beat la hacen una de las voces más personales y conmovedoras del blues y del jazz; en el piano, una virtuosa influida por el romanticismo francés, tenía una sólida técnica contrapuntística cargada de un denso swing denso y de imprevisibles senderos en su improvisación. Era la “Suma Sacerdotisa del Alma” por el carácter de sus interpretaciones y fue una de las artistas más influyentes de su generación. En 2000 recibió el Grammy del Salón de la Fama y en 2018, fui incluida en el Salón de la Fama del Rock’n’Roll.

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