Cuarentena por coronavirus: una hora con la exquisita compañía de Aimee Mann



Por qué te lo recomendamos Magnolia es una película fantástica de Paul Thomas Anderson. Pero no lo sería tanto si no fuera por las canciones de Aimee Mann, que dicen tanto como las imágenes, y que completan cada escena de manera magistral. Pero el poder de la música de la artista no se agota en la sociedad con el cine. Y Live at St. Ann’s Warehouse es una inmejorable manera de comprobarlo. 

Seguramente si alguien pidiera que levanten la mano quiénes escucharon con frecuencia a Aimee Mann, de quienes están leyendo esto, la proporción sería decididamente baja. Y también, injustamente; de vedad que la cantautora estadounidense nacida en Richmond hace casi 60 años merece una mayor atención que la que todo indica que ha tenido por esta parte del mundo.

Bajista y cantante del grupo ’Til Tuesday a a sus 20, 13 años más tarde dio el puntapié inicial de su carrera solista, que tuvo un enorme espaldarazo cuando sus canciones se convirtieron en la banda sonora de la mencionada Magnolia.

Tres de ellas, Wise Up, Save Me y Deathly, son parte de este recital que Mann dio en Brooklyn entre el 22 y el 24 de junio de 2004, en el que se revela la enorme capacidad expresiva de la artista, que parece construir imágenes con su manera de cantar, que no es sólo ponerle melodía a una serie de palabras.

“Canciones como películas”, fue el título de la entrevista a la cantante, que Clarín publicó en 2009, en la previa de su visita a Buenos Aires, para cautivar a quienes fueron al Gran Rex el 13 de agosto de ese año. Y así se siente, en parte, Live at St. Ann’s Warehouse, donde no sólo sobresalen los temas de la película que muestra la mejor versión de Julianne Moore, Tom Cruise y el malogrado Phillip Seymour Hoffman.

También están King of the Jailhouse y Going Through the Motions, dos piezas de altísimo vuelo que fueron a formar parte al año siguiente del excelente álbum The Forgotten Arm. Además de una muy rockera versión de Sugarcoated y otra bien folk de Amateur, conectadas en un juego de contrastes que Mann maneja a la perfección. Y que repite en la secuencia que une a Long Shot y 4th of July.

Así es la tapa de Live at St. Ann’s Warehouse, grabado por Aimee Mann en vivo en 2004.

Son en total 13 temas, distribuidos en una lista que la artista corona con una versión de Deathly que a pesar de su versión extendida de 7 minutos da ganas de que siga por un largo rato más. Y ni hablar si la escucha es en un plan bien relajado de pocas estridencias visuales y cero planes futuros para al menos los próximos 30 minutos.

Y así, en una de esas hasta puede ser que Live at St. Ann’s Warehouse se convierta así para más de una (o uno) en la puerta de entrada al mundo musical de Mann, donde sobran razones para quedarse explorando por un buen tiempo. Y si no, al menos habrán disfrutado de una hora de una de esas artistas a la que vale la pena visitar de vez en cuando.

E.S

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