Cuarentena por coronavirus: un exquisito viaje por el folk, de la mano de Joni Mitchell



¿Por qué te lo recomendamos? La música de Joni Mitchell (78 años), en su aparente calma, explora un mundo de experiencias emocionales que nos invita a reflexionar sobre los inquietantes tiempos que corren.

Una de las grandes artistas de la escena nos propone en Turbulent Indigo (1994) un camino de canciones que, inspiradas en el folk, abordan aspectos espinosos de la vida y del amor reflejados con una inteligencia y elocuencia indiscutibles. Un disco excelente que sólo confirmó que la creatividad de Mitchell seguía intacta; tras su primer disco en 1967, el reconocimiento a su talento fue casi instantáneo, la profundidad de sus letras y su buen gusto para hacer canciones la convirtieron en una artista de culto.

Pero a medida que pasó el tiempo, aquella artista folk pasó a moverse en un contexto más eléctrico con una etapa jazzística muy marcada por las presencias de Charles Mingus, Jaco Pastorius, Pat Metheny, Wayne Shorter, Herbie Hancock y otros en su banda, para regresar luego a ese mundo acústico que nunca abandonó del todo. En Turbulent Indigo le rinde un homenaje ya desde la tapa del álbum a Vincent Van Gogh, reproduciendo uno de los autorretratos del genial pintor pero con su rostro.

El tono folk relajante, libre en sus formas y con mucha presencia de los rasgueos de su guitarra acústica es el claroscuro ideal para sus líricas que siguen describiendo su descontento político y social, tan presentes en toda su obra. En Sunny Sunday una mujer intenta en vano apagar cada noche con una pistola un farol, símbolo, quizás, de la inútil lucha del hombre contra una civilización que lo aplasta.

Sex Kills es una amplia crítica que va desde abogados hasta el agujero de ozono, sin dejar pasar por el sida y otros males; en Turbulent Indigo, dedicado a Van Gogh, reflexiona sobre la incapacidad de mucha gente para entender a los artistas; Last Chance Lost es una muy buena canción sobre las decepciones románticas, y Magdalene Laundries refleja dolorosamente la historia de esas mujeres irlandesas encerradas en el asilo Magdalen, a cargo de la Iglesia Católica Romana, sometidas al duro trabajo en la lavandería de ese oscuro manicomio; en tanto en Not To Blame se sumerge en la cotidiana violencia conyugal.

Así es la tapa de Turbulent Indigo, el álbum que Joni Mitchell publicó en 1994.

Un folk moderno, como todo el enfoque instrumental en el que sobresale la ubicua sonoridad de Wayne Shorter en el saxo soprano, Larry Klein, su ex marido, en órgano y bajo, y las guitarras de Michael Landau y Steuart Smith (ex Eagle). Una música interpretada de manera moderada, sin sobresaltos, sin estridencias junto con su voz discreta, por momentos casi susurrada que nos invita a prestarle atención y que genera un contraste con las imágenes de sus líricas tan fuertes, tan actuales, en las que ofrece una visión inquietante de la vida moderna de manera convincente. Absoluta.

E.S.

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