Cuarentena por coronavirus: Officium, la experiencia de separarse de la especie por algo superior



Por qué te lo recomendamos Officium fue publicado en 1994, en medio de la “moda”, por cierto algo tardía, del canto gregoriano como una música de introspección “accesible” y ATP. Y aunque tan mal no le fue -superó el millón y medio de copias vendidas-, es verdad su existencia quedó sepultada  por el aluvión monacal. Y nunca está de más intentar reparar algunos viejos errores.

Para eso, la celebración de Pascua es un buen escenario. Porque si bien los tiempos cambiaron, las formalidades cedieron espacio a ciertas “licencias”, y hasta el Papa nos dice que si no podemos evitar la carne, al menos apaguemos la tele o evitemos ciertos placeres poco sacros, la fecha sigue revistiendo una gran importancia para una enorme proporción de la población mundial. Y en esta oportunidad, asociada con la obligación de permanecer bajo llave, el clima de introspección es una posibilidad concreta. 

Entonces, y por eso, es un buen momento para darle una oportunidad a Officium; una maravillosa ofrenda musical que trasciende credos y que impone una regla clara y precisa: escuchar sin prejuicios y con todos los sentidos puestos al servicio de un mensaje mucho más profundo que el de cualquier credo. Algo así como la infinitud del arte en contraste con la los límites inevitables de cualquier religión.

El lenguaje no es simple. O sí, tal vez; pero nuestros oídos -por supuesto siempre hay excepciones- no suelen estar expuestos al tipo de sonido que consiguen Jan Garbarek con sus saxos y el The Hilliard Ensamble con sus voces, que parecen venir del más allá, en la cámara natural que proporciona el monasterio de Propstei St. Gerold, en Austria.

Jan Garbarek desliza los sonidos de su saxo sobre las texturas que construyen los cuatro integrantes del The Hilliard Ensamble.

Aquí se combinan, a lo largo de 77 minutos, cantos anónimos nacidos antes que aparecieran los “gregorianos” (Regnatem sempiterna, Oratio Iereiae o Procedentem sponsum, entre otros); un himno (Beata viscera) de Pretorín -también llamado Magister Perotinus Magnus-, el compositor más importante de la escuela de Notre Dame, donde la polifonía dio sus primeros pasos allá por el Siglo XII, más algunas obras más “nuevas”, creadas en el XV por Guillaume Dufay (Ave maris stella) y Pierre de La Rue (O salutaris hostia); y en el XVI por el sacerdote sevillano Cristóbal de Morales (Parce mihi domine).

Así es la tapa de “Officium”, el álbum publicado por Jan Garbarek y The Hillard Ensemble en 1994. La sociedad se reeditaría en 2010 para un álbum doble.

Y sobre esa alquimia de obras con asiento en manuscritos no siempre coincidentes, o basadas en años o siglos de tradición oral, allí donde la sofisticación es a veces el origen de la evolución y no al revés; sobre esas construcciones que fueron solidificando estructuras a medida que el tiempo -mucho-, fue pasando, el saxofonista noruego improvisa, acompaña, armoniza, contribuyendo a una nueva creación de aquello que, en algunos casos, ya había sido creado hace mil años.

“¿Qué es esta música?”, se pregunta John Potter, el tenor de los Hilliard, en el libro interno del disco, con la prolijísima presentación típica del sello ECM. Y se responde: “No tenemos un nombre; es simplemente lo que pasó cuando un cuarteto vocal, un saxofonista y un productor -Manfred Eicher- se encontraron a hacer música juntos”. Y habla de las formas preliterarias de los cantos, de las expresiones tempranas de la polifonía y de los motetes renacentistas que conviven en el disco.

La trayectoria del cuarteto vocal británico The Hilliard Ensemble se extendió desde 1974 hasta 2014.

Aunque, en verdad, a la hora d escuchar mejor sería desprenderse de las consideraciones técnicas; y entonces “esta música” es la vía de conexión con algo superior, algo que nos separa de la especie, algo que está fuera de nuestra dimensión cotidiana, algo que nos hace sentir muy chiquitos en un universo sonoro diferente al que acostumbramos a habitar.

No es poco, en estos tiempos repelentes a la abstracción. Después, lo que cada uno haga con eso, ya está fuera del alcance de este texto.

E.S.

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