Cuarentena por coronavirus: la transición perfecta de Sting entre The Police y su plan solista



Por qué te lo recomendamos Bring On the Night es una foto perfecta de la transición de Sting del universo de The Police al de una trayectoria solista que despegó de manera inmejorable, y que a lo largo del tiempo no paró de incorporar nuevos elementos.

Miles Davis cuenta en su autobiografía que mientras estaba grabando su gran álbum You’re Under Arrest en el estudio neoyorquino Record Plant, su bajista de entonces y actual quinto Rolling Stones Daryll Jones comenzó a frecuentar a Sting, como parte de los músicos que le estaban dando forma a su primer álbum solista, The Dream of the Blue Turtles, y a quien Miles invitó a participar de su álbum.

Lo que no sabía entonces el trompetista, era que el ex Police tenía serio interés de fichar al Jones para su equipo de manera exclusiva. Y cuando se enteró, supo que no tenía chance. “Él tenía más plata”, explicó, palabras más, palabras menos, Davis.

Lo cierto es que procuraba Sting era asegurarse el dream team de su debut en solitario para salir a mostrarlo, con un concierto que terminó siendo el excelente LP doble Bring On the Night, registrado a lo largo de varias presentaciones llevadas a cabo durante el segundo semestre del ’85 en París, Roma y Amsterdam, y publicado el 1 de julio de 1986.

Además de Daryll, la formación la integraban el deslumbrante pianista Kenny Kirkland, que en el primer tema, el combo Bring On the Night/When the World Is Running Down, You Make the Best of What’s Still Around, marca territorio con un solo kilométrico que abruma; el baterista Omar Hakim, que parece ser el resultado del milagro de la multiplicación de los brazos y piernas; un joven Branford Marsalis en saxo y clarinete con más recursos que muchos experimentados en la cuestión; y las superarmónicas voces de Janice Pendarvis y Dolette McDonald.

También hubo una peli que acompañó el disco, pero no viene al caso. Lo importante es pegarse una vuelta por ese material sonoro, que marcó el punto de partida de la trayectoria post Police de uno de los muchos grandes músicos que dieron las islas británicas en la segunda mitad del siglo pasado, y que permitía apenas vislumbrar cuál sería el rumbo que tomaría de ahí en más.

Así es la tapa de “Bring On the Night”, el álbum doble publicado por Sting en 1986.

Cierto es que desde entonces, el camino de Sting hizo escala en muy diferentes estilos, entre ellos la música antigua, el plan sinfónico y el reggae liso y llano; pero el balance que ofrecía en Bring On the Night entre sus entonces nuevas canciones y varias de su cosecha en trío con Stewart Copeland y Andy Summers, con una sonoridad volcada de manera decidida hacia el jazz, ayudaba a entender que lo que la ruptura con su pasado más inmediato no era de esas que reniegan de lo anterior para marcar diferencias.

En Bring On the Night, los temas Low Life, Driven to Tears, Demolition Man y One World (Not Three), combinadas la primera con The Dream of the Blue Turtles y con Love Is the Seventh Way la segunda, y el cierre con Tea in the Sahara, eran una clara demostración que no había nada que ocultar del ayer, y que en todo caso el plan era darle un upgrade a su propia historia con versiones que nada tenían que envidiarle a las originales. Cero competencia y comparación; una nueva forma de hacerlas lucir.

Sting guitarrista, con Daryll Jones en el bajo, en una escena del filme Bring On the Night.

Y junto a ellas, las recién llegadas; entre ellas, la louisarmstroniana Moon Over Bourbon Street, el walking del bajo de Jones de Consider Me Gone y esa pieza llena de barroquismo que es Children’s Crusade, más el groove de Down So Long, con un descollante Marsalis. En total, un banquete musical con los ingredientes más nobles de dos universos que rápidamente confluyeron en uno, que no dejó de expandirse a lo largo de los años.

E.S.

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