Cuarentena por coronavirus: la noche que Glastonbury se rindió a los pies del mejor David Bowie



Por qué te lo recomendamos No hace falta dar razones, cuando se trata de un artista como David Bowie. ¿O acaso sí? En todo caso, habrá que contar que el lanzamiento del disco pudo haber pasado algo desapercibido, ocho años después de grabado, y que la inyección de energía que significa es fenomenal. Pero aunque no sea dicho, es el Duque, y con eso basta.

“Con frecuencia me pregunta cuál fue el mejor set que vi aquí, en Glastonbury, y la presentación de Bowie en el 2000 es siempre una de las primeras en las que pienso. Fue fascinante”, declaró alguna vez Emily Eavis, hija y estrechísima colaboradora del legendario Michael, creador del no menos legendario Festival del Glastonbury, cuya celebración cincuentenaria fue frustrada por la pandemia de coronavirus.

No era la primera vez que Bowie llevaba sus canciones a la granja de los Eavis. “Justo había escrito esta canción la primera vez que toqué en Glastonbury, en 1971, dice el artista antes de ofrecer una versión fantástica de Changes, el tema que formó parte del álbum Hunky Dory, publicado el mismo año. Ah, el aplauso del recibimiento, durante la intro de Wild Is the Wind es sencillamente estremecedor.

Changes es el cuarto tema del álbum Glastonbury 2000, que en una larga lista de 21, incluye muchos otros clásicos. Life on Mars? (Si alguien en la sala aún no se conmovió con la versión de Lorde en el homenaje a Bowie durante los Britt Awards de 2016, puede saldar su deuda clickeando en https://www.youtube.com/watch?v=C7l3y7LOzLc​), China Girl, Let’s Dance, Ashes to Ashes, Little Wonder, The Man That Sold the World, Ziggy Stardust, Fame, Rebel Rebel, Absolute Beginners, Heroes… ¿Cuántos van? Y faltan un par más… Sí, están todos; o casi.

A la par, uno de los más recientes para la época: Hello Spaceboy, de Outside (1995), como para mostrar que todo eso de la música industrial y la cosa más electrónica también eran parte de su patrimonio. Sobre todo si se juntaba aunque más no fuera por un rato con Brian Eno.

“Glastonbury 2000”, uno de los mejores recitales en la historia del festival; y de los mejores editados de Bowie también.

Pero en el primer Glastonbury del siglo, claramente la cuestión era celebrar una trayectoria que entraba a la nueva centuria con una admirable vigencia, y de la mano de uno de los mejores Bowie. Ese que a los 53 años no dejaba de exploraba nuevos territorios sonoros a la vez que mejoraba cada vez mejor los productos de su cosecha más temprana, sostenido por una banda sin fisuras, de una coherencia sonora que impresiona.

Es verdad que uno podría argumentar que la gira del ’97 era más audaz, que el “greatest hits” en vivo en artistas como él -o como Spinetta- parece ir en contra de los precepto de “mañana es mejor” o “ya no mires atrás”.

Pero también lo es que las casi dos horas de Glastonbury 2000 son tan perfectas y energizan de tal manera que lo que a veces es esgrimido como un principio no pasa del capricho. Y que a veces, sólo algunas veces, está buenísimo que la pasión le gane por goleada a la razón. Ésta es una de ellas.

E.S.

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