Cuarentena por coronavirus: Going Back, el álbum más negro de Phil Collins



Por qué te lo recomendamos Suele ocurrir que cuando un artista del peso de Phil Collins decide darse un gusto y proponer, aunque sea hasta ahí, algo diferente a lo que se espera de él, los oídos se empeñen en cerrar su puerta de entrada a la espera de algo que que esté a tono con la expectativa; o, en todo caso, de que el tiempo la abra. Algo de eso ocurrió con Going Back. Y tal vez ya sea hora de dejarlo entrar.

No era nuevo el vínculo de Collins con la música de Motown y con el soul, en general, cuando el músico decidió que dedicarle un álbum era la mejor manera de ponerle punto final a una trayectoria que lo vio brillar en lo más alto del rock progresivo y sinfónico con Genesis, banda a la cual le impondría luego su impronta cancionística para llevarla a la cima de los charts; del mismo modo que lo había visto meter hit tras hit durante su década y media de fecunda carrera solista.

Ahí están, como testimonio de ello, la presencia de los vientos de Earth Wind and Fire en su primogénito Face Value; la versión de You Can’t Hurry Love, de The Supremes, en el álbum I Must Be Going!; los caños de Sussudio en No Jacket Required; y la presencia, nuevamente, de The Phoenix Horns (la sección de EWF) en But Seriously…

​ Definitivamente, desde algún lugar de su alma, ese señor nacido el 30 de enero de 1951 en el condado inglés de Middlesex sintoniza sin intermediaciones con la esencia afro de la música del sello creado por Berry Gordy. Entonces, su decisión de tributar a ese amor que siente por la música afroamericana y la influencia que ejerció en su arte adquiere absoluto sentido. “Quería ver si era capaz de recapturar esos sonidos y las sensaciones que me provocó escuchar aquellas canciones por primera vez”, escribió Collins en el libro que acompaña la edición de CD + DVD editada en 2010.

Por eso, repasar Going Back desde esa perspectiva permite disfrutar su lista de 25 temas, muchos de los cuales seguro que resuenan en la memoria conectados con otras voces, resulta una experiencia sumamente sabrosa. Por supuesto, en esa lista de las más conocidas se destacan Papa Was a Rolling Stone, You Really Got A Hold On Me, Going to a Go-Go, Dancing in the Street o You Keep Me Hangin’ On.

Así es la tapa de “Going Back”, el álbum en el que Phil Collins tributó a la música que lo acompañó mientras crecía.

Pero más allá de la familiaridad que hace que una canción resulte más accesible que las nunca antes escuchadas, escuchar a Phil haciendo piezas como Uptight (Everything’s Alright), Ain’t Too Proud to Beg, Standing in the Shadow of Love, Love Is Here and Now You’re Gone o Talkin’ About My Baby invita a disolver cualquier barrera preventiva de inmediato, y a meterse de lleno en ese universo paralelo que Collins fue abonando a la par que su ruta de hits.

Por supuesto, el baterista y cantante no lo hizo solo. Ahí están, como pilares del sonido de Going Back, Bob Babbitt, Eddie Willis y Ray Monette, tres integrantes del staff de Motown, juntos The Funk Brothers, y los PC Horns, que cumplen a la perfección con su tarea de meterle vientos a la cosa.

Lo demás corre por exclusiva cuenta de Collins, cuya impronta lo impregna todo, apenas comienza a cantar. “Siempre había querido hacer este disco, toda la vida había querido cantar estas canciones, y ahora lo he hecho”, dijo el artista en alguna entrevista a poco de haber terminado el álbum. Y se nota en cada uno de sus tracks.

Ahora es tiempo de que quien no le haya prestado la atención, haga el intento; y de que quien sí lo hizo en su momento, aproveche el encierro para volver a disfrutar de esa hora y 20 minutos del Phil Collins más negro posible.

E.S.

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