Cuarentena por coronavirus: el atrapante ‘lado B’ de Gustavo Cerati



Por qué te lo recomendamos Hay un Gustavo Cerati que conocemos todo; el de Soda Stereo, el de Bocanada, Ahí vamos y Fuerza natural; el de los estadios llenos y las giras interminables; el de la voz cautivante y las palabras que exudan sensualidad, imágenes y potencia poética. Pero hay otro menos expuesto, el que a la sombra del éxito exploraba otros territorios. Siempre creativos, pero distintos.

El cambio de siglo lo encontró Cerati embarcado en la aventura de salirse por un rato del rol de músico y cantante, de frontman de una de las bandas más importantes de la historia del rock latinoamericano, para meterse en el papel de “un médico con cierta inclinación artística”. Eduardo Capilla, amigo de Gustavo y responsable de algunas puestas en escena de shows de Soda y también de la presentación de Bocanada, le había propuesto ser parte de su primer proyecto cinematográfico: + bien.

“Una película loca, un poco ridícula”, contó alguna vez el cantante, para quien el convite de Parrilla era una invitación a ingresar a un universo para él desconocido. O casi… “La verdad, no hubiera actuado si no hacía la música de la película”, confesó el propio Cerati, para quien el resultado de su decisión fue fantástico.

“Es un disco que me encanta, uno de los que más me gusta de toda mi carrera. No sé por qué, tal vez porque quería hacer un álbum instrumental y la excusa de tener imágenes como disparadores me estimuló de una manera muy especial”, cita al artista Maitena Aboitiz en su libro Cerati en primera persona.

Escuchando la secuencia La costura de Dios/Kuro/Es sólo una ilusión, que navega entre el lounge y el chill out, no llama la atención que lo que siguiera en la carrera del otro Cerati, el famoso, fuera Siempre es hoy. Sin duda hay puntos de contacto entre las músicas de uno y otro universo, como los hay entre los tracks de + bien y los álbumes del made in Chile Plan V. Y la continuidad de + bien, más allá de cualquier referencia cinematográfica, justifica lo que su autor sentía por la obra como un todo.

Así es la pata de “+ bien”, el álbum publicado por Gustavo Cerati en 2001.

Pero hay tres temas, Paracaídas, Todos duermen y Llegaste, que son para enmarcar en el cuadro de honor de este Cerati menos ovacionado. Y en del otro también. Es tan simple Llegaste, que dan ganas de quedarse a vivir en ese rasgueo placentero que evoca sensaciones nobles, que parecen perderse entre las ilusiones sonoras de Paisaje porcelana.

Y está bien, porque la mejor manera de entrar en el capítulo final es despojado de toda carga, para levantarse y ensayar algo parecido a bailar envuelto en la música de este otro Gustavo. O dejarse llevar, más bien…

E.S.

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