Cuarentena por coronavirus: Archie Shepp abre las puertas al infinito mundo de las baladas



¿Por qué te lo recomendamos? Un repertorio de baladas en la voz de este saxofonista magistral que nos remite a un músico que toca la verdad, como la que debe prevalecer en tiempos tan difíciles.

Black Ballads (1992) es uno de los trabajos menos conocido de la vasta obra del saxofonista tenor Archie Shepp (82 años); son once composiciones enlazadas por un sonido personal y de una amenazadora expresividad sumada a su infaltable swing.

Por eso, el actual se presenta como un momento ideal para meterse en el universo de uno de los artistas esenciales del jazz contemporáneo, cuyo recorrido comenzó en los tiernos años ’60, para prolongarse hasta bien entrada la segunda década de este siglo. Son más de 50 años en los que su arte trazó un arco importante que comenzó en el núcleo duro de la vanguardia de Nueva York, con el pianista Cecil Taylor, para evolucionar hacia un lado más amable, al revisitar materiales más clásicos.

Así es la tapa de Black Ballads, uno de los discos injustamente menos conocidos de Archie Shepp.

De alguna manera el músico, poeta y dramaturgo más perturbador de la generación del free jazz se fue convirtiendo en un veterano contemplativo.

Música de Jerome Kern, Irving Berlin, Billy Strayhorn, Hoagy Carmichael, George Gershwin, Fats Waller… ¿Qué puede salir mal? Shepp encontró en estas composiciones el vehículo para una recorrida satisfactoria por el mundo de los standards sin dejar de ser él mismo y exponer de manera casi exhaustiva ese enfoque narrativo de su reflexiva madurez.

Por detrás de ese sonido potente, con sus tradicionales exclamaciones ásperas, roncas encontramos un abanico de influencias que van de Johnny Hodges (genial saxo alto de la orquesta de Duke Ellington) hasta John Coltrane y algo de Charlie Parker.

Con Shepp está su inseparable pianista Horace Parlan, que suma su talento a esta exquisita travesía por el mundo más confortable del jazz; Wayne Dockery en contrabajo y Steve McRaven en batería son ubicuos compañeros de viaje.

La elección del repertorio es un directo al corazón; el aullido a poco de comenzar Georgia On My Mind habla de la personalidad del saxofonista y de su forma nada lineal de contar esta nostálgica historia; la belleza de How Deep Is The Ocean surge en todo su esplendor con las reveladoras imágenes que logra la voz del saxo mientras que el piano hace una brillante improvisación cargada de exquisita sensibilidad.

Mirá también

En Lush Life, el saxofonista logra darle su propia lectura emocional a esta clásico; le quita claridad a su voz que parece refugiarse en la atmósfera tejida por el piano de la que sale con un arreglo latino sencillo pero efectivo para cambiar su aproximación y hacer el tema –con citas a Monk, incluido- más ágil y con un áspero tono hardbop.

La expresividad de Shepp en Ain’t Misbehavin lo muestra como un músico creativo pero también inteligente para desarrollar una arquitectura melódica en apariencia sencilla cargada de un lirismo sereno, todo rematado por la calidad de Parlan, un pianista talentoso que contrasta adecuadamente con la exuberancia del saxofonista.

Un disco fuertemente apoyado en la calidad de la interpretación Shepp que aprovecha, además, para rescatar el espíritu melódico de estas formidables composiciones.

E.S.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *