Crítica de “Hello, Dolly!, con Lucía Galán: clásico de clásicos



A excepción de la pintura y la escultura, otras artes como el teatro, el cine y la literatura no siempre suelen resistir la mirada del paso del tiempo, si el espectador o lector no se coloca a distancia, o bien si se ubica en el momento o la época en la que se crearon.

A excepción, claro, de los clásicos. Que por algo son eternos.

Pero lo clásico no tiene que ser sinónimo de antiguo. Sí, tal vez, de tradicional.

Lucía Galán y Antonio Grimau componen a los personajes centrales del musical, estrenado en el Opera y dirigido por Arturo Puig.

Los andadores al costado, en el pasillo, no mienten. El público, especialmente, de Hello, Dolly! está compuesto por adultos mayores, que seguro aman este musical y lo han visto en distintas puestas a lo largo de los años.

Ellos no le pedirán cambios, ni aggiornamento o actualización, aunque por momentos mal no le vendría a su trama. Pero no. El rol de la mujer y del hombre, en la sociedad, no son hoy los mismos que imaginaron Michael Stewart al escribir el libro ni Jerry Herman al componer las canciones, allá por 1964, cuando se estrenó en Broadway, y al adaptar The Merchant of Yonkers, de Thornton Wilder, que tenía su origen en una pieza del siglo XIX.

Galán, Agustín Sullivan y Darío Lopilato, en una escena del musical.

Hoy suena raro, extraño, insólito que se hable de una joven como posible solterona a los 19 años, y que su vida está destinada a los quehaceres de la casa. Convengamos que es la cáscara de Hello, Dolly! y que el contenido pasa por otro tamiz.

O no tanto.

Dolly Gallagher Levi es una casamentera, que si se puede ganar la vida de otra forma, casi sin trabajar, bienvenido lo ve. Viaja a Yonkers, donde el “semi” millonario Vandergelder solicita sus servicios. Tacaño, el hombre maneja un almacén de ramos generales y dos de sus empleados viajarán a Nueva York sin que él lo sepa, porque desean, también, conocer el amor de una mujer.

La obra tiene un gran despliegue en escenografía y vestuario. FOTO: Alejandro Palacios

La trama es bien de vodevil, como la escena en la sombrerería de Irene Molloy (Angeles Díaz Colodrero), en la que está su asistente (Laura Azcurra) y donde Barnaby Tucker (Darío Lopilato, pasayesco) y Cornelio Hackl (Agustín Sullivan, una revelación en el escenario) se esconden debajo de la mesa y/o en un ropero. Sí, ha sido abreviada, pero ya dijimos que los amantes de la obra pueden perdonar que no esté todo como estaba, y la memoria puede fallar.

Los que no fallan son los integrantes del ensamble, uno de los mejores que se hayan visto en un musical argentino. Está bien que Hello, Dolly! plantee momentos y coreografías casi tan deslumbrantes como la escenografía y el vestuario (sus diseños vienen de México, se lee en el programa de mano), que son imponentes y hablan de un costo de producción impresionante, tren incluido y telones pintados.

Bien de vodevil, así es “Hello, Dolly!”. FOTO: Alejandro Palacios

Todo en perfecta comunión hacen Hello, Dolly! Lucía Galán se mueve con gracia, canta y hasta en la famosa escena en la que está sentada a un costado, comiendo en el restaurante Jardines de armonía (donde tiene lugar, también, otro gran número del ensamble) saca sonrisas del público. Antonio Grimau no está tan bien vocalmente, al menos en la función que vio este crítico a veces la declamación no era la mejor. Pero, hay que decirlo, no desentona.

Que los personajes hablen mirando hacia adelante, a la platea, es una decisión al menos curiosa, que habrá sido del director Arturo Puig. Llamativa, porque no es que se sostiene en toda la obra. Pero, hay que decirlo, si desentona, no es lo más importante.

Lo primordial es que la platea despide con aplausos a todos, hasta a los músicos que forman una muy buena orquesta. Una pena que no haya forma de que la escenografía y la vestimenta se enteren de que buena parte de las palmas y aprobaciones son para ellas.

Hello, Dolly!

Buena

Musical. Libro: Michael Stewart. Canciones. Jerry Herman. Dirección: Arturo Puig. Dirección musical: Angel Mahler. Con: Lucía Galán, Antonio Grimau, Angeles Díaz Colodrero, Agustín Sullivan, Darío Lopilato, Laura Azcurra. Duración: 110’, en un solo acto. Teatro: Opera. Funciones: Jueves y viernes (20.30), sábado (20 y 22.30) y domingo (19). Entradas: de $750 a $1.900.

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