Crecen las quejas por la presión impositiva que soportan las empresas agropecuarias



En el campo no es oro todo lo que reluce, a pesar de los buenos precios de los granos y de la hacienda. Una cosa es lo que arroja una planilla de Excel con las cuentas agrícolas teóricas, y otra, la realidad cotidiana. Hay un conjunto de factores que generan enojo con el Gobierno y un ambiente pesado en los operadores: rumores de aumento de impuestos, pese a la presión fiscal demoledora; significativa reducción de las opciones de financiación; aumento de precios de los insumos y lluvias menores a las necesarias para recargar los perfiles y sembrar trigo con buenas posibilidades de rendimiento en varias zonas, son motivo de quejas entre los empresarios.

La última manifestación de la presión fiscal insoportable fue el impuesto a la riqueza que debieron pagar muchos productores medianos y grandes. “Apareció como un iceberg que abrió un rumbo que hizo naufragar los presupuestos del ejercicio; directamente, se llevó la renta del año”, disparó un agricultor cordobés.

Muchos empresarios incluidos en el tributo optaron por pagarlo por temor a ser declarados rebeldes y no poder hacer ventas por una potencial exclusión de registros oficiales. Tampoco quisieron entrar en gestiones legales de dudoso resultado final.

El segundo elemento negativo es la reducción de alternativas de financiación. “Históricamente compraba la semilla y los agroquímicos para el maíz y la soja con pago a mayo del año siguiente a la siembra, con tasas razonables”, recuerda el productor. “En 2021 eso cambió o se encareció sustancialmente por la incertidumbre que reina en la economía y por las medidas discriminatorias hacia el sector”, critica.

El enojo con el Gobierno también se advierte en los equipos de trabajo. “Me cansé del sacrificio que exige ordeñar vacas con precios de la leche que no permiten crecer”, se queja un tambero mediero de la cuenca cordobesa, que también sufre los riesgos de contagio de coronavirus, que ya ingresó a muchos campos.

La diseminación de la enfermedad está paralizando el funcionamiento de muchas empresas cuando ataca a personajes clave. “Si se enferma el fumigador, la aplicación puede demorarse unos días; pero si se enferma el mixero que reparte la comida, se cae una viga maestra de la alimentación de las lecheras”, diferencia el tambero. Por otro lado, la aparición del virus está obligando a espaciar las visitas de asesores externos y a evitar que pernocten en el campo, con comidas en grupos muy reducidos

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