Coti dio el primer show para automóviles en San Isidro



Muchos, o al menos una buena parte de las personas que asistieron este sábado 5 de septiembre al predio de San Isidro, donde se instaló el Autocine al Río, probablemente no recuerden el último recital al que fueron en tiempos pre-pandemia. Pero sí el primero, al que tuvieron la dicha de formar parte desde que en la provincia de Buenos Aires dio luz verde al primer auto-concierto en vivo, de la mano de Coti Sorokin y Los Brillantes, con distancia social y protocolo sanitario.

En la antesala de lo que fue un primer show antes del oficial anunciado para las 21hs, con invitados famosos y cercanos al músico, la experiencia 360 daba inicio a partir de las 17hs. Con un único ingreso por la transitada Sebastián Elcano, que por el buen clima reunía en la angostísima doble mano bicicletas, autos y peatones haciendo deporte.

Un primer vallado de seguridad con invitación en mano (código QR para quienes llegarían horas más tarde al recital completo) era sólo el comienzo de varios pasos. Metros más adelante, personal de sanizitación, protegido con mamelucos blancos y tapabocas tomaba la temperatura de cada integrante de los vehículos particulares (con capacidad de acuerdo al número de cinturones) sin necesidad de que tuviese que bajarse. Al final del trayecto, que sellaba el protocolo con una suerte de spray sanitizante que rociaba los vehículos una vez dentro del predio, parte del personal con mamelucos naranjas flúo auspiciaba de acomodadores. Indicando la fila en donde se ubicaría dicho auto con vista al escenario.

Los autos y el escenario, en el autoconcierto de Coti y Los brillantes, Foto Martín Bonetto

Cada movimiento en el predio, estudiado por la Secretaría de Inspección, Registros Urbanos y Tránsito, estaba pensado para que los conductores y sus acompañantes no tuvieran que moverse del lugar. Algunas instrucciones, ya sea para ir al baño, pedir comida o sintonizar la FM donde sonaría el audio original del show, estaban indicadas en la misma pantalla del escenario. En el caso de la experiencia gastronómica, con un efectivo sistema de WhatSapp con menú online conectado al restaurante del Sport Club, la oferta para consumir únicamente dentro de los autos se reducía a los clásicos de la comida rápida, exceptuando algunas delicias dulces para acompañar con café y hasta una bolsa de pochoclos. “Esto ya lo probamos en el autocine y la verdad que no es por agrandarme, pero salió tan bien que parece que el autocine lo hubiésemos tenido siempre, por suerte. Porque el sistema es fácil y la verdad es que la industria gastronómica venía muy golpeada“, contó a Clarín Cesar Arellano, encargado del funcionamiento del espacio gastronómico del lugar.

El acceso a los sanitarios con sede dentro del mismo gimnasio y un nuevo control de temperatura, también tenía su protocolo. El ingreso era de a una persona a la vez, y antes de que entrase el siguiente, se realizaba una sanitización express del personal en el momento. De hecho, ese era el único motivo por el que el público estaba autorizado a salir de sus vehículos particulares acompañado por personal con la señal de las balizas.

Desde el escenario. Coti canta para el público dentro de sus autos, Foto Martín Bonetto

Frente a un total de 80 autos distribuidos en filas con más de un metro de distancia entre vehículo y vehículo, las celebrities, que entre músicos e influencers se destacaron David Lebón, Gianinna Maradona, Sole Villareal y Mateo Sujatovich, gozaron del privilegio de estacionarse en la primera fila. Y la primera en reservar su lugar con extrema puntualidad fue Agustina Casanova que antes de compartir la experiencia con su pareja Lautaro Mauro, habló con Clarín. “Necesitábamos levantar el ánimo a través de las canciones, es salir de casa y tener un plan. Eso es lo más mágico de todo. Y vivirlo en primera fila ni te cuento, feliz de la vida. El último recital que fui ya no me acuerdo si fue este año o el año pasado. Para mi hoy es un volver a empezar, ver un recital por primera vez, en este contexto y arriba de un auto”, asumía la periodista y modelo.

Pero las medidas no solo regían para los espectadores sino que se extendía al escenario, donde cada integrante de la banda (que llegó a las 15 horas para probar sonido) respetó una distancia de dos metros entre sí. Con excelente calidad de sonido y la comodidad de regular el volumen a gusto del espectador, sintonizar la FM del recital fue toda una experiencia en sí misma. Aunque la mayoría, por no decir todos, optaron por abrir sus ventanas y escuchar cada hit del cantante y compositor desafiando al viento polar reinante. “Yo cuando me dijeron auto-concert pensé que yo iba a estar adentro del coche”, bromeaba Coti, que con un breve set de sus canciones más populares, encendía el fervor de los presentes que sin importar el frío coreaba cual cancha desde el techo de sus naves.

De mamelucos rojos, a diferencia de Coti que eligió emponcharse aunque luego se fue sacando prendas hasta quedar en chaleco y pantalones de cuero, cada canción fue celebrada con bocinazos que reemplazaron los clásicos aplausos. No faltaron Por ahí, el hit de la cuarentena , elegida como cortina musical del postergado Showmatch, y muchos menos Nada fue un error, el clásico “permitido” que motivó a muchos a abandonar sus vehículos para bailar al lado en el lugar.

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Si bien las distancias se respetaron a rajatabla, no fue hasta que el artista abandonó el escenario y bajó a cantar a las primeras filas que los bocinazos ensordecieron el predio. Más que un recital, aquel show con cotillón incluido, repartido por el mismo personal de mamelucos naranjas -y botellas de vino que algunos llevaron desde sus casas- fue un verdadero festejo. “¿Cómo se escucha en la radio, bien? Si no tocan bocina parece que no”, alentaba el autor de Antes que ver el sol como buen showman hasta el momento de salir de escena. “Felices de estar abriendo una puerta que ojala no se cierre nunca, al final todo en la vida tiene su tiempo y a veces hay que tener un poco de paciencia”, cerraba quien recientemente presentó Magnetismo junto a Benjamín Amadeo y entre otros highlights de cuarentena como presentar su documental autobiográfico, grabó para el nuevo disco de Javier Calamaro.

La salida, que no es la misma de la entrada para no generar congestionamiento de autos, fue tan ordenada como el ingreso y es que la fórmula -instalada en Dinamarca, Estados Unidos, México y Alemania- ya estaba probada.

Después del éxito que volvió a poner de moda los clásicos del cine con el asiento de los vehículos como butaca y con protocolos similares, la del sábado a la tarde fue una jornada histórica que además de su carácter y espíritu festivo, como hace mucho no se veía en un recital con público en vivo, sorprendió por su sólida organización.

WD

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