Coronavirus: ser chino en la Argentina, discriminación y “cuarentena” para evitar agravios



-¿Cambió algo para vos desde que se desató lo del coronavirus?

-Mirá, ser chino es y fue ser discriminado en Occidente. Con diferentes niveles de intensidad, antes o después del coronavirus, siempre fue igual.

-¿Por qué decís eso?

-No sé qué hicimos para merecer este tipo de tratamiento. Argentina, un país de inmigrantes, con un alto nivel de civilización, nos recibe mejor que otros países. Eso lo sé, lo sabemos. Pero boludos siempre hay.

Eva Blanco vive en Buenos Aires desde 2011. Tiene 34 años. Es escritora. Publicó la primera novela en lengua castellana escrita por una joven emigrante china. Obvio que no vive de la literatura. Además es exportadora de vinos: la quinta exportadora más importante de vinos a su país.

-¿Los chinos nunca discriminan?

-Casi nunca vemos que un chino haga eso con un blanco. No pasa. Pero lo que yo me pregunto es por qué ser chino trae aparejado la discriminación.

-¿Y negros tampoco discriminan?

-No, pero siempre existen individuos como en la Argentina. Bah, como en todas partes.

Selfie. “En China teníamos la conciencia de esta medida desde enero, mientras aquí nadie se preocupaba”.

-¿Cambió tu vida cotidiana?

-Antes, todas las noches y las mañanas trabajaba, porque es el horario laborable en China. Mi especialidad es exportar vino mendocino. Ahora no me levanto a la mañana y mi celular no tiene ningún mensaje. No hay pedidos. Los chinos están por volver a la normalidad, pero todavía falta un poco. Yo ahora  tendría que viajar a Mendoza y me da miedo tomar un avión.

¿Por qué?

-Porque es el lugar más peligroso para el contagio. Y porque en mi último viaje una pareja se levantó y cambió de asiento cuando me tuvieron cerca.

-¿Qué hacés todo el día?

-Aprovecho el tiempo para escribir y leer. Estoy haciendo la biografía de una mujer china. Me la paso encerrada como en una cuarentena que yo misma me impuse.

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-¿Te aislaste por decisión propia?

-Sí, podría decirse que sí. Igual soy de la soledad, a mí no me molesta pasar mucho tiempo sola. Pero extraño a los amigos y quiero abrazarlos.

-¿Seguís este tema por la tele?

-Un rato. Me inquieta que los conductores se sienten tan cerca entre ellos y me preocupa que Alberto no se ponga barbijo cuando tiene tantas reuniones todo el día, tantos contactos con cientos de personas sin barbijo…

-¿Vas al Barrio Chino?

-Al principio, a decir verdad, entre nuestra comunidad nos preocupaba la llegada de los que fueron a visitar familia durante el año Nuevo Chino. Pero en realidad pocos volvieron, porque prefirieron quedarse allá después del coronavirus.

-No entiendo.

-Pueden hablar el mismo idioma y se sienten más seguros con el cuidado sanitario del gobierno chino. Por otro lado, algunos que volvieron fueron obligados por las empresas a la cuarentena a partir de enero. No desde ahora, como está pasando en la Argentina. En China teníamos la conciencia de esta medida desde enero, mientras aquí nadie se preocupaba. Un dato interesante: las empresas chinas que tienen empleados en cuarentena se ocupan diariamente de mandarles la comida a sus casas.

“En un bar vi cómo se corrían dos mesas más allá mientras yo me sentaba”, cuenta Eva.

-¿Hay muchos chinos cumpliendo cuarentena en la Argentina?

-Yo me enteré de unos 15 casos en Buenos Aires.

-O sea que vos estás autoacuartelada…

-Sí, sí, evito todas las salidas, cancelo las cenas, sólo voy a la casa de mi hermana y veo películas con ella. Y me visitan dos amigas íntimas. Nada más. (Ahora con la cuarentena obligatoria eso no pasará). Todas las reuniones las suspendí, suspendí viajes. No voy ni a la esquina. La semana pasada empezaba las clases en la universidad y ahora me avisan que se suspenden. Intento cero contacto con la gente.

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-¿Tuviste otros episodios incómodos?

-En un bar vi cómo se corrían dos mesas más allá mientras yo me sentaba. Creen que no sé hablar castellano y escuché perfecto cuando decían “uhhh, vino una china”. A un amigo de mi país directamente lo echaron de un ascensor. Un taxista bajó su ventanilla y le gritó a Ania, mi hermana, “che, coronavirus, ¿vas a trabajar?

-¿Se sienten un poco responsables de esta locura?

-Yo me sentí culpable, sí. Decía, “mirá qué quilombo que generó China por un pelotudo que se comió un murciélago”. O, cuánta pérdida se generó y cuánto sufrimiento psicológico se está teniendo en el mundo. Me decía eso, pero ahora, en marzo, ya no sé el origen. No sé si fue China o, como dijo Japón, esto se originó en los Estados Unidos…

-¿Sentís que te miran feo por portación de rostro?

-No me importa tanto el tema discriminación. Lo importante es salir de este problema… Pero sí, claro, pasan esas cosas. Una vieja me vio venir y dijo en voz baja: “Guarda con la china…”. Igual yo soy fuerte. Esas pavadas no me afectan tanto. 

-¿Comprás en supermercados chinos?

-Sí, por supuesto. Es lo mismo que comprar en el Carrefour. Incluso bajó mucho la clientela y hay menos riesgo de contaminación (ironiza). Si camino una cuadra por izquierda hay un chino, y por la derecha, media cuadra, tengo otro chino…

-¿Qué novedades tenés del coronavirus en tu país?

-China está mejorando la situación y sé que va a ayudar. Tomará su responsabilidad como país grande que es. China tiene recursos, tiene capital, tiene tecnología. Por ejemplo, ya mandó a la Argentina tests para detección de virus… Psicológicamente yo trato de estar fuerte, pero reconozco cambios mentales. La semana pasada iba a la Universidad Di Tella por un curso de Ciencia Política, y cuando estaba en camino pensaba si me iban a permitir ingresar o no por la cara de china que tengo. Al final, no pasó nada. Es más, yo llevé mi pasaporte para que vieran que últimamente no tenía salidas del país.

-¿Le tenés miedo al coronavirus?

-Cuando pienso como china que soy, no tengo miedo. Cuando pienso como argentina… Argentina tiene una actitud más amigable, con más humor por los temas relacionados a la vida y la muerte. Puede ser que por su religión católica sienta más tranquilidad y paz. O quizá no haya tanta conciencia como hay en China. O tal vez no entiendan el riesgo y lo subestimen. Los argentinos no le daban importancia a esto cuando ocurría en China. Recién empezaron a sentir cierta preocupación una vez que la cosa se puso fea en Europa.

“Yo me sentí culpable, sí. Decía: mirá qué quilombo que generó China por un pelotudo que se comió un murciélago”.

-Como que China es otro planeta…

-¡Claro! Así funciona la cabeza del argentino. Cree que China queda demasiado lejos, que nada de lo que ocurre allá puede afectarlos.

-En China tenés parientes. ¿Cuáles fueron las medidas más drásticas que se implementaron?

-Nadie salió de sus casas durante casi dos meses. Desde el 23 de enero hasta el 10 de marzo. Ahora ya pueden salir. Sólo te permitían ir a comprar una vez cada 72 horas. 

-¿Acá nos estamos encerrando y allá están volviendo a la normalidad?

-Exacto. No hay nuevos infectados en muchas provincias. El último reporte dice que en toda China sólo aparecieron 38 casos nuevos, mientras que en Italia hay miles. Lo ideal es estar encerrado dos meses, pero Argentina no tiene esa capacidad de estar parada tanto tiempo. Se fundiría. China perdió unos 200 mil millones de dólares. No cualquier país del mundo puede hacer ese tipo de sacrificio.

-¿Si la situación empeora volverías a China?

-No porque estoy enamorada de un argentino. Y de la Argentina.

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WD

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