Coronavirus: Gerardo Rozín cuenta el detrás de escena de la entrevista al Presidente



Mientras Luciano Pereyra terminaba de dar su show casero, el presidente Alberto Fernández escuchó sus últimas dos canciones sentado en un sillón de la Quinta de Olivos esperando su momento de salir al aire en La peña de Morfi (va las 11.30, por Telefe). Dicen que estaba emocionado, y que esa previa musicalizada le sirvió como un buen marco para entrar en clima.

La entrevista que Gerardo Rozín le hizo junto a su compañera, Jésica Cirio, marcó el pico máximo de rating en lo que va del año. Alrededor de las 14.30 llegó a medir 17,3 puntos, una cifra que ni la mejor de las ficciones ni otras realidades había podido alcanzar en este 2020.

Queda demostrado una vez más que, cuando hay algo importante para contar o mostrar, la TV abierta se levanta sin problema en medio de los detractores del modo tradicional.

Y esa vía eligió Fernández para hablarle a una sociedad tomada, mayoritariamente, por el miedo y la angustia en tiempos de coronavirus. Ya se habló de lo que habló el presidente, ya se habló de su marca histórica (el programa, que dura cinco horas, promedió 7,6 puntos, ya que había empezado con 3,1 y cerró con 6,4). De lo que no se habló hasta ahora es de cómo Alberto Fernández llegó a La peña dominical.

“El programa de este primer domingo de cuarentena obligatoria estaba pensado como un especial, bastante diferente a lo habitual, con varios músicos grossos dando shows desde sus casas. Y con algunos especialistas explicando cómo movernos en medio de esta pandemia. Cuando tuvimos listo el formato, el sábado le hicimos llegar al Presidente cómo pensábamos movernos, modificando la estructura para colaborar en la concientización. Y nos avisaron que, si él llegaba a tener la chance de salir al aire, tal vez lo haría”, explica a Clarín Gerardo Rozín, del otro lado de la línea telefónica.

-¿Pero no presentaron, entonces, un pedido formal de entrevista?

-No, porque no buscábamos una exclusiva o un reportaje político. Sólo imaginamos la posibilidad de contar con su palabra y entonces ofrecimos el espacio. Nos jugamos a ver si había una chance remota, nada más. La intención fue generar una conversación en la que el Presidente pudiera hablarle a la mayor cantidad de gente posible, en un programa plagado de figuras, como Luciano Pereyra, Sandra Mihanovich, La Sole, David Bisbal… Y se ve que funcionó.

La entrevista de Rozín a Alberto Fernández se mantuvo casi siempre arriba de los 16 puntos.

-¿Y cuándo llegó la confirmación?

-Habíamos quedado en que “tal vez sí”. Y nosotros seguimos armando el especial. Y a 5 minutos de empezar el programa nos preguntan si podemos mandar una cámara a Olivos. Así que se organizó todo para que la nota saliera técnicamente del mejor modo. Y tanto él como nosotros entendimos que la charla tenía que servir más para informar que para asustar. Y fue genial.

-¿Qué clima había en el estudio?

-Estábamos todos muy emocionados, y cuando te digo todos es nosotros, el presidente… Fue un programa con solidaridad, responsabilidad, muy potente. Lo que se buscó fue concientizar. Lo que importaba era lo que él decía, de una manera llana.

-¿Y vos cómo estabas?

-Muy concentrado para que su mensaje pudiera llegar a la mayor cantidad de gente. Ésa era la misión del especial del domingo.

-¿Estabas pendiente del rating?

-No, para nada. Sí recibí de la producción el gesto habitual de cuando todo va bien. A nosotros, en general, el minuto a minuto no nos condiciona, porque si acordamos con un artista que haga determinada cantidad de temas no modificamos su espacio en función de los números. Y esta vez yo me daba cuenta de que andábamos bárbaro.

-Como hombre del medio, ¿sentís que la TV abierta volvió a demostrar que no está muerta, como muchos fanáticos del streaming diagnostican?

-Yo creo que la TV sabe acostumbrarse a compartir. Hay algo que tuvo, en relación a la influencia, que ya no va a tener. Y hay algo que tiene que no lo va a perder. La impronta del vivo vale oro.

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