Coronavirus en México: el argentino Diego Olivera y la sensación de “sentirse en una ruleta rusa”



Un avión, una valija provisoria, un contrato con Televisa, otro más, uno más jugoso, el siguiente más exorbitante. Cuando Diego Olivera quiso acordarse, ya era rey del culebrón y estaba incrustado en esa geografía de mariachis, rancheras, guacamole, enchiladas, calaveritas y tequila. Desde aquella entrada a México en 2006, atravesó la Gripe A, varios huracanes como el Patricia y el terremoto de 2017. Ahora, la pandemia de coronavirus lo tiene resguardado en su casa desde hace más de 15 días.

Cada país toma una actitud de protección distinta y un modo de informar sobre sus infectados y muertos. El presidente López Obrador decretó el estado de emergencia sanitaria mexicana, pero no la cuarentena obligatoria. Tilda el asunto de “crisis pasajera”, en medio de las cifras oficiales parciales que indican más de 1.500 contagios y 50 fallecidos.

Olivera y su esposa Mónica Ayos se refugian en su casona, paraíso que comparten con su hija Victoria. Pero no están exentos de la angustia ante la minimización del brote en esas latitudes. “Mi papá es trasplantado de riñón, inmunodeprimido. Está en la Argentina y hablamos todo el tiempo”, cuenta Olivera, 52 años, unas cuatro décadas desde que tomaba el 102 desde San Cristóbal rumbo al teatro San Martín, donde dio sus primeros pasos actorales.

“Hubo falta de reflejos del gobierno mexicano”, dice Diego Olivera.

-¿Este tipo de situación límite colabora con la idea de volver cuando la pandemia pase, de sentirte cerca de tus raíces?

-Es probable, pero no lo sé. Nos tocó vivirlo acá ahora. El trabajo lo tenemos en la Argentina como en México, más allá de que ahora esté todo congelado en todos lados. Con esta situación nos estamos replanteando muchas cosas como familia. Cómo se manejó el Presidente mexicano nos hizo empezar a cuestionar ciertas cosas. A mí me parece bien que el Estado no esté sobredimensionado, pero me parece tremendo que haya una ausencia de Estado. Hubo una falta de reflejos del gobierno mexicano. Y tengo una contradicción.

-¿Cuál?

-Tengo que reconocer que no es mi país natal y que me ha dado mucho. Pero por otro lado, por ejemplo, en el colegio de mi hija, Vicky, al principio había una resistencia a quedarse en casa. Algunas de esas necedades no nos generaron confianza.

-Nunca en la historia de humanidad se viajó tanto. ¿Creés que cuando esto pase habrá terror al desplazamiento, vamos a perder a largo plazo esa cultura del viaje?

-La tranquilidad la vamos a obtener solamente con la vacuna. Va a existir mucho miedo. Y un reseteo de ciertas cosas. Hay como un autobloqueo hasta que no exista la garantía de una vacuna que la OMS avale. No merecemos vivir con esa sensación de ruleta rusa.

Diego Olivera y Mónica Ayos en familia.

-Argentina está mejor plantada que México. ¿Qué opinión tenés a la distancia de las medidas tomadas en nuestro país?

-Es justo aplaudir, reconocer que hay medidas que te colocan en un nivel diferente a escala mundial. Tengo amigos en España, escucho la radio española Cadena Ser, escucho también la RAI. Recién escuchaba a una periodista del periódico Milenio de México decirle al presidente “en Argentina se tomaron medidas oportunas”. No es una pavada haber tomado una medida que es un perno. Yo no quisiera estar en esos zapatos del Presidente argentino, porque lo que viene es muy difícil…

-¿Se escucha por allá el aplauso en los balcones, el mensaje hacia el personal de salud?

-No, yo no lo he sentido. Hasta ahora no sucedió. Es probable que empiece a surgir en una semana. Pero más alla del agradecimiento, lo que importa es el nivel de compromiso. Si no hay una política de Estado, eso es un chiste.

“Se viene un terreno de mucha inestabilidad”, dice Olivera desde México.

-¿Sentís que acá también hay una falsa épica de los balcones, ese espíritu tribunero de unión, del ser argentino, que no se evidencia en otros aspectos reales?

-Coincido en que puede haber una actitud, no digo demagógica, pero sí de no hacer algo concreto. Más que un desahogo, también hay un problema a resolver, y muchos eufóricos no harían un voluntariado. Por ejemplo: cuando te agarra un terremoto acá, la idea es reconstruir todo rapidito para seguir pronto. Esta situación de enemigo invisible genera un debate. Tal vez es mas útil que lleves los calditos a los enfermeros que salir a tuitear. 

-¿Cómo planeabas tu futuro laboral cercano y cómo se maneja la ansiedad en un panorama de pura incertidumbre?

-En octubre del año pasado había terminado mi contrato con Televisa. Abrí las alas y surgió un proyecto importante para Netflix, que en este contexto se cortó. No me genera angustia eso, al contrario, tengo esa sensación de “qué bueno que puedo estar con los míos y cuidarlos y ellos pueden cuidarme”. Se viene un terreno de mucha inestabilidad. La noticia será el descubrimiento de un paliativo si es que no viene pronto la vacuna salvadora.

-Algunos expertos hablan de un golpe más duro para las generaciones más jóvenes que para quienes atravesaron la posguerra. ¿No fuimos criados para la incertidumbre?

-No me puedo poner en la cabeza de alguien que vivió la posguerra, pero ahora lo que existe es un virus y creo que lo incierto es difícil por igual para el adulto mayor como para el joven. Una cosa es el día después a que te digan esto está controlado científicamente. Y otra muy distinta que te digan que habrá que salir igual a las calles porque el sistema no resiste.

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