Coronavirus en Argentina: el duro relato de un escenógrafo argentino que hace cuarentena en un hotel porteño



A medida que la crisis por la pandemia del coronavirus se profundiza, tanto el Gobierno Nacional como del de la Ciudad de Buenos Aires y los provinciales intensifican y adecuan sus medidas de control y prevención. Entre ellas, la administración porteña implementó el traslado a hoteles porteños a quienes regresan del exterior, para dar inicio a su cuarentena y hacer una evaluación de su estado clínico.

De esa manera, el Gobierno de la Ciudad busca garantizar que estas personas cumplan con el aislamiento social, preventivo y obligatorio tal como indica la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, en medio del cumplimiento de la norma y entre algunos reclamos absolutamente fuera de lugar de parte de algunos pasajeros, hay realidades que no parecen ir de la mano con lo estipulado. 

Al menos así lo describe el director de arte y escenógrafo Diego Siliano, quien no mucho tiempo atrás, el 4 de marzo pasado, publicaba en su cuenta de Instagram imágenes del armado de su puesta escenográfica de Lady Macbeth de Mstensk. que este fin de semana debía subir a escena en la Ciudad de México. “Toda la escenografía lista para su traslado al Palacio de Bellas Artes”, posteaba desde allí el integrante del equipo de trabajo encabezado por el prestigioso director de escena argentino Marcelo Lombardero.

Diego Siliano, a principios de marzo, en plena preparación e la escenografía de la ópera “Lady Macbeth de Mstensk”, en México. (Fuente: Instagram)

El 8, las fechas programadas de la ópera de Dmitri Shostakovich, por cuya puesta en Chile Siliano fue premiado tiempo atrás, aún aparecían vigentes en algún que otro medio local, en sintonía con la negación del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, empeñado en hacer como si nada pasara. Pero ya nada era igual que cuatro días antes.

Estaba pasando mucho, y al mismo tiempo que las funciones eran canceladas tanto Lombardero como Siliano y el resto de la producción emprendían el regreso a la Argentina. Y en el caso del escenógrafo, que partió de tierra azteca el sábado 21 de marzo, comenzaba un periplo que no sabe cuándo terminará, y que relata en detalle desde una habitación del Hotel Ibis Obelisco.

“Llegamos el lunes con el vuelo 4279 de COPA, con todos los controles que nos hicieron antes y a la salida del vuelo; en Ezeiza nos dividieron entre quienes veníamos a Capital (CABA) y quienes iban a provincia. Nos llevaron unos voluntarios que nos dijeron que nos iban a traer a un hotel, por una cuestión de seguridad, donde nos iba a ver un médico un par de veces por día, y que si en dos o tres días no presentábamos síntomas, nos hacían el test y nos dejarían ir a casa a seguir la cuarentena”, cuenta durante la tarde del viernes 27. 

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Enseguida, recuerda que a él y a sus compañeros de avión los subieron a un micro con pasajeros de otros vuelos. Y marca la diferencia entre quienes, con rumbo a la provincia, hicieron escala en el CENARD, de donde después de dos días, tras los análisis de rigor y habiendo firmado un compromiso de continuar la cuarentena en sus casas, se fueron, y quienes, como él, siguen en el Hotel.

“Hoy es el quinto día que estoy acá, y no vino ni un solo médico, ni una sola autoridad responsable. Yo estoy con las valijas y la ropa de viaje sin poder lavarla. Estoy a ocho cuadras de mi casa, donde cuento con todos los elementos de profilaxis necesarios; en cambio acá me dejaron un protocolo escrito donde me dicen que viene un personal de limpieza cada tres días para la desinfección de la habitación”, explica Siliano.

Lo cierto es que el Gobierno porteño dispuso la medida en pos de achicar los márgenes de riesgo de contagio; pero el escenógrafo resalta que, más allá de la buena predisposición de los voluntarios -“son divinos y tienen muy buena onda”, señala-, que se encargan de llevarles la comida, contra lo que les habían anticipado nunca fueron evaluados. Y que desde que ingresaron al edificio, donde conviven recién arribados de distintas partes del mundo, no hubo seguimiento de la situación, ni atención psicológica o psiquiátrica.

“Nos dijeron que no podemos salir porque podemos ir presos. Es muy loco… Es un protocolo arbitrario. No están protegiendo a la población de nada, y nos están poniendo a quienes llegamos sanos en riesgo de enfermarnos. Y no sólo se trata de la salud física, sino de la mental. Porque no hay nadie que haya pasado a decirnos: ‘Che, se van a quedar tantos días acá…’“, completa Siliano. 

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Y avanza un poco más: “Creen que somos un problema para la sociedad. Yo quiero tener el mismo derecho que pueden tener los ciudadanos del resto del país de firmar un documento para encerrarme en mi casa, y que me crezcan los pelos y las uñas mirando Tele Escuela Técnica. Acá estoy expuesto; en mi casa no”. Para concluir: “Es una falta de respeto. Estoy privado de la libertad de hacer la cuarentena en mi casa. Y es una arbitrariedad del Gobierno de la Ciudad”.

Y concluye: “El único representante de la administración porteña fue el Subsecretario de la Subsecretaría Vinculación Ciudadana con la Seguridad, Juan Pablo Arenaza, que vino a decirnos que tenemos prohibido hacer cacerolazos, porque que nos llevan presos”.

E.S.

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