Corazón con agujeritos: Daniella Mastricchio, la vida después de Chiquititas



Era la Argentina menemista. Las noticias apuntaban a la inflación 0, a la llegada al país del telepeaje, al ingeniero Álvaro Alsogaray con su proyecto Aeroisla. Diego Maradona estaba a punto de regresar a Boca Juniors, los visionarios contrataban las primeras conexiones a Internet, y en la televisión había quedado “un vacío” infanto-juvenil con la muerte de Jugate conmigo. Cris Morena pergeñaba algo más grande. Agosto de 1995: apareció Daniella Mastricchio enterneciendo a la patria privatizada. Corazón con agujeritos…

Daniella era Sol en Chiquititas, ojos color océano, ventanitas en la dentadura. Cantaba sobre morirse de a poquito, lloraba con lágrima espesa, y al país entero se le hacía un nudo.

Un día la niña mimada que almorzaba con Mirtha Legrand creció y desapareció de la mirada popular. Usó el receso para procesar aquel sismo mediático por el que todavía la identifican. En esa etapa aprendió a aceptar que Chiquititas era (y será) un tatuaje sin tinta. Hoy tiene tres hijos. A la nena la bautizó Sol Morena.

Daniella Mastricchio, la chica de “Corazón con agujeritos”

Chufa, chufa, chufa con las manos. Chufa, chufa, chufa con los pies. La infancia de Daniella está registrada en publicidades del Banco Río y de calditos, en bailes televisados y en merchandising vendido a Plutón. Chiquititas se exportó a más de 40 países, se vio en Grecia, se adaptó hasta en Rumania y Portugal. Tanta globalización a Mastricchio no le afectó. Todavía recibe mensajes desde Israel y los responde desde su casita de Villa Pueyrredón.

¿Huida? ¿Mecanismo de protección? ¿Fuga a tiempo? Daniella, la l “larga” (doble “l” en el DNI) desmitifica cualquier teoría sobre la fama infantil. No hay arrepentimiento, ni penas, ni factura para sus padres. “Fue magia”, dice ahora, que tiene 32 años y que debutará como solista, con un pop escrito por ella.

-¿Quién dejó a quién? ¿Dejaste la televisión o la tele te descartó?

-Fue un mutuo acuerdo. Hice Chiquititas hasta 1998 inclusive y no se renovó contrato porque se había cumplido una etapa. Después hice las telenovelas Kachorra y Máximo corazón y más tarde me encontré que tenía todo el tiempo del mundo, se cortó lo de la tele, hice teatro. Era adolescente y podía tener mucho tiempo libre. Fue un proceso adaptarme a eso.

Daniella Mastricchio, la ex Chiquititas de “Corazón con agujeritos”. (Foto: Gentileza Mastricchio)

-¿Hubo desencanto con la televisión? ¿Cambió tu vocación?

-Cero. Tampoco intenté volver, no tuve la constancia para hacerlo. No hice nada para mostrar mi trabajo. Me dediqué a vivir mi adolescencia y fui mamá muy joven a los 18. Valentín ya tiene 14 años, Sol 8 y Bauti, 3.

-¿Te harta la referencia a “Corazón con agujeritos”?

-No puedo renegar de algo tan lindo. Recibo mensajes todavía por eso. Todo eso está guardado en mi corazón.

Daniella Mastricchio en los noventa y hoy.

-Desde la experiencia, ¿permitirías que tus hijos trabajaran desde tan chicos en la tele?

-Mi hija es muy histriónica. La apoyo 100%, pero la realidad es que no es lo mismo el medio hace 25 años que hoy. En mi época no había redes sociales, el consumo y la exposición eran otra cosa. Esperaría un poco a que creciera para que se dedicara a eso.

-¿Una definición de tu infancia como para desmitificar la infelicidad de los niños actores?

-Soñada.

-Estás preparando un regreso desde la música. ¿Te sentís lista para la mirada masiva otra vez?

-No me puse a pensar eso. No a todo el mundo le va a gustar lo que uno hace. No busco la aceptación masiva.

Daniella Mastricchio en “Chiquititas”.

Clase 1987, nacida un 18 de noviembre, “Dani” formaba parte de la agencia Elenquitos cuando la rozó la varita de Cris. En un casting de siete etapas resultó una de las ganadoras para jugar a ser “la hija adoptiva” de Belén (Romina Yan). Tenía siete años, pero encarnaba a una niña de preescolar. Fue Paco Fernández de Rosa el que estaba a cargo del casting. No hacía falta demasiado para deliberar: ella simuló hablar por teléfono y todos terminaron hipnotizados ante esos ojazos a los que Daniella revoleaba en cada escena con maestría.

Ahora se siente “la mujer más normal del mundo”, pero en sus primeros años tenía una vida distinta a cualquier niño promedio. La rutina era agotadora, pero jura que no lo sentía. Cada día, a las 12, su madre iba a buscarla al colegio Ejército Argentino N°24 de la Avenida Nazca, la subía al auto y la llevaba a trabajar a los estudios Sonotex de Martínez. Los huecos eran para estudiar libretos y para las tareas escolares. El cuento que le tocaba contar muchas veces era desgarrador: “Sol lloraba mucho, pero me salía natural. La amé”, admite.

Daniella Mastricchio y sus hijos.

Un sueldo abultado que servía como ingreso a una casa con dos hermanos, rodajes hasta en Walt Disney World, con el tiempo nació la amistad con pares como Celeste Cid, Diego Mesaglio, Jimena Piccolo. A Romina Yan, de entonces 21 años, la veía como “la madre” de las grabaciones. “Era mirarnos y entendernos. Ella decía que lloraba fácil porque le dolía verme llorar. Era un ser contenedor. Recuerdo un cuadro cuando hacíamos teatro: yo tenía un vestido con velcro y sentía que se me abría y se me veía todo. Cambió la coreografía y el abrazo que me dio para volver a abrocharme el vestido no me lo olvido más. La quise mucho, fue mi angelito. Quedé muy shockeada con lo de su muerte. Estuve días sin reaccionar”.

Durante cuatro temporadas fue parte de un elenco cuyas biografías atravesaron los destinos más diversos. Camila Bordonaba abandonó la vida pública, Luisana Lopilato la intensificó con una mudanza a Los Ángeles y a Vancouver. Daniella siguió su camino hacia la adultez como “cualquier” hijo de vecino. Trabajó como administrativa en una empresa de cueros, hizo algún reemplazo en algún supermercado. Hoy siente que es momento de pegar la vuelta pública.

Knock Out se llama la canción de su autoría con videoclip incluido filmado en las cercanías de la Facultad de Derecho. Ese es su comodín para entrar al mercado musical/televisivo otra vez. Escribía borradores en un cuaderno cuando conoció al productor Nicolás Melo y se abrió una nueva puerta laboral, con el aval promocional implícito de lo que fue hace un cuarto de siglo.

Sin pretender un hit de igual peso, Daniella se presta a parodias de Corazón con agujeritos, “himno infantil” con versión hasta en cumbia villera y tango… Su próxima misión no es chiquitita: tendrá que construir sobre un gigante recuerdo.

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Mz

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