cómo poner de pie al público desde una silla de ruedas

¿Cómo tiene que ser una mujer sobre un escenario para que el público se entusiasme con ella? ¿Cómo tiene que vestir? Bueno, este sábado, uno de los grandes momentos de la Fiesta Nacional del Chamamé, lo creó una mujer de 71 años, pelo corto, vestido sencillo y en silla de ruedas. Claro que Ofelia Leiva es una institución en Corrientes y cantó con la sutileza y la emoción que muchos artistas más jovenes harían bien en envidiar.

Al final, muchas de las más de 5000 personas que acudieron al anfiteatro donde se hace la Fiesta van a ponerse de pie, van a aplaudir, van a corear O-fe–liaa, O-fe-liaaa y ella va sonreir, la cara amplificada en las pantallas gigantes. “Si ustedes supieran la fuerza que hago para no llorar”, dirá en un rato, cuando ese público ya sea todo de ella. Y quiera más.

Hay que decir que en un punto no sorprende: la estrella de esta Fiesta -donde este domingo toca Raúl Barbosa y donde estarán Lito Vitale y Antonio Tarragó Ros- suele ser también un hombre grande, Mario Bofill. Él -que cantará un tema el 22 como invitado de su hijo Chingoli- hace levantar a la gente de los asientos, como ahora lo hará Ofelia Leiva.

En el escenario. Ofelia Leiva en el Festival de Chamamé 2022. Foto Zulma Ruiz Cuevas/Instituto de Cultura de Corrientes

En el escenario. Ofelia Leiva en el Festival de Chamamé 2022. Foto Zulma Ruiz Cuevas/Instituto de Cultura de Corrientes

Durante casi toda su carrera, Leiva cantó junto a Rosendo Arias, que fue marido y al que ella ahora nombrará una, dos, muchas veces, como “Mi Rosendo”, y “Mi negro Rosendo”. Parece, por el dolor, por la ternura, que Arias acaba de morir pero no, el músico se fue en 2007. Desde entonces, Ofelia anunció algunas veces su retiro y vuelve ocasionalmente, como ahora.

La de Rosendo y Ofelia fue una de esas historias de amor y arte: se conocieron en el Festival de Cosquín de 1968: él había ganado el Primer Premio Revelación entre los varones y ella, el Segundo como “solista femenina”. En 1973 grabaron su primer disco juntos. Vivían en Corrientes e integraron la “Nueva canción correntina”. Unos años después, para seguir sus carreras, se instalaron en Buenos Aires.

Quizás por eso, porque para seguir muchas carreras hay que ir a Buenos Aires, porque es tanta la gente del interior que sabe de exilios, Rosendo y Ofelia tuvieron su gran éxito con una versión del chamamé Cielo de mantilla, de Teresa Parodi (que debió estar acá, pero no pudo llegar por problema cardíaco).

Fiesta del Chamamé 2022. El público baila durante la presentación de Ofelia Leiva.

Fiesta del Chamamé 2022. El público baila durante la presentación de Ofelia Leiva.

Quizás por eso la chaqueña que aplaude y saca fotos a mi lado, acá en la Fiesta, se va a levantar como con un resorte cuando oiga los primeros acordes de Cielo de mantilla y va a correr a filmar a saltar. “Ahora sí que dejé el corazón”; dirá Ofelia cuando termine ese tema que es un himno.

La revancha del chamamé

Pero todo eso será en un rato. Antes hay que verla entrar a Ofelia: un hombre empuja su silla de ruedas, la va acomodando en el centro del escenario mientras ella -todavía con barbijo- levanta las manos, aplaude, agita y grita: “Vamos Corrientes, vamos mi gente querida”. Y canta Paraná, una polca de Salvador Miqueli: “Milenario y bravo río Paraná…”

Y ahí vendrá el primer O-fe-liaaa y ella: “Extrañaba eso, eh”. Y se ríe, baila sentada y arranca A mi corrientes porá, que ya hasta los menos especializados pueden seguir. “Estamos de fiesta, no se olviden, eh, y que el país nos está mirando también”, intercala.

Porque la emoción de Ofelia Leiva es la de estar presente, la de encontrarse otra vez con ese público que la adora, pero además la de que el chamamé haya ganado legitimidad. Habla de la designación de este ritmo como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que la Unesco hizo en 2020 y que se celebra ahora.

“Se hizo mundial, verdaderamente, esta música que costaba que estuviese en los escenarios mayores de la Argentina hoy es patrimonio cultural del mundo”, dirá como reivindicación, como triunfo, como revancha.

Pantallas gigantes. Ofelia Leiva en el Festival Nacional de Chamamé 2022. Foto Zulma Ruiz Cuevas/Instituto de Cultura de Corrientes

Pantallas gigantes. Ofelia Leiva en el Festival Nacional de Chamamé 2022. Foto Zulma Ruiz Cuevas/Instituto de Cultura de Corrientes

“Eso merece un sapucai de todo el anfiteatro… ” propone, toda sonrisa ganadora y acá estamos todo largando el grito y se agita alguna bandera, una alegría en época de un golpe atrás de otro.

Y entonces, dice, va a hacer un poema que pertenecía a su Negro y a Carlos Ricardo Ricardo Rodriguez: “¡Chamamé! Todo un pueblo se ilumina con tu sentido mensaje…”

Ofelia hace como que se no se da cuenta de que está en silla de ruedas casi todo el tiempo. Pero cuando termina una canción y la gente corea su nombre hay un momento en que es mucho y la cantante confiesa: “No saben lo que daría por acercarme ahí adelante para verles las caras“. Y el dolor de lo que no se puede cambiar -y que habíamos olvidado un ratito- cae sobre el anfiteatro.

Pero música y la fiesta sigue, la piel de gallina, esos versos de “¡Ay! qué lejos que queda Buenos Aires de este cielo infinito de Mantilla!”, eso de cantar todos juntos, de cantar a los gritos y hacerla quedar un poco más un poco más hasta que sí, a sea la última y chau. Chau Ofelia, gracias. Qué bueno haber estado aquí.

PK

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