Cómo es Patria, la serie que dividió a España



El primer capítulo de Patria, la primera producción de HBO en España, plantea el conflicto central que la miniserie basada en el best seller de Fernando Aramburu desarrollará a lo largo de ocho capítulos: el enfrentamiento entre dos familias atravesadas trágicamente por el terrorismo de ETA.

La historia sucede en el País Vasco y está narrada en tres planos temporales. Empieza en 1990. Son las cuatro de la tarde de un lluvioso día cualquiera. Un matrimonio está despertando de la modorra de la siesta. Ella dormita en un sillón, mientras que él se levanta de la cama dispuesto a reanudar la rutina cotidiana.

Un pasacalles colgado frente al departamento reclama libertad para los presos y amnistía general. Dentro de un automóvil estacionado a unos metros, un grupo de personas espera ansiosamente a alguien. Arriba, el hombre parece inquieto, como si presintiera algo. Apurado, toma un sorbo de café directamente de la cafetera y, desde lejos, se despide de su adormecida esposa.

Una escena del rodaje de “Patria”.

Tres detonaciones harán que la mujer salte del sillón y se asome por el ventanal del departamento. En medio de la calle, en un charco de sangre que se mezcla con el agua de la lluvia, está tirado su marido.

La acción salta al 20 de octubre de 2011, al preciso día en el que la guerrilla nacionalista anuncia el cese definitivo de su actividad armada. Los años pasaron para la mujer, pero la herida no cerró. Sigue dialogando con su marido muerto: un efectivo recurso narrativo para que nos enteremos de sus pensamientos sin tener que recurrir a una molesta voz en off. Repite el ritual de ir a visitarlo a su tumba, donde le anuncia que volverá al pueblo para esclarecer quién y por qué lo mató.

Ella es Bittori (interpretada por Elena Irureta), cuya vida cambió para siempre esa tarde de 1990. O se le terminó, para decirlo en sus propias palabras, con el asesinato de Txato (José Ramón Soroiz). Dicho y hecho, pasa por su casa actual para recoger algunas pertenencias y parte rumbo a la escena del crimen. Se instala en su antiguo departamento, que parece detenido en el tiempo: todo está igual al día del ataque.

Jon Olivares es Joxe Mari en la miniserie “Patria”.

Bittori se apuesta junto a la ventana esperando que pase uno “de esos”. Y pronto su vaticinio se cumple: un hombre mayor repara en las luces del departamento y va a su casa a contarle la novedad a su esposa, que se está ocupando de darle la cena a su hija parapléjica. “Estarán limpiando”, le dice ella. “¿A estas horas?”, le responde él. Más tarde la mujer va a comprobar que efectivamente alguien volvió. Bittori la ve desde la ventana: “Tengo que admitir que se conserva bien”, le dice al espíritu de su marido.

La acción retrocede a los años ‘80 y vemos a Bittori tomando un café con su gran amiga Miren (Ane Gabarain), que no es otra que la anciana de la hija lisiada. A la salida del bar, las mujeres quedan envueltas en los incidentes provocados por un grupo de manifestantes independentistas. Y Miren reconoce en uno de los encapuchados a su hijo mayor, Joxe Mari (Jon Olivares), al que ve tirar una molotov contra el colectivo del que las amigas acaban de ser evacuadas.

El incidente provoca una pelea familiar que termina con Joxe Mari yéndose se la casa. Pero si en ese pasado sus padres (el hombre es Joxian, a cargo de Mikel Laskurain) desaprueban el accionar del hijo, en el presente narrativo del año 2011, con Jose Mari preso, a la que desaprueban es a Bittori y su regreso al pueblo en busca de respuestas.

El afiche de “Patria” trajo polémica en España por equiparar a víctimas y victimarios.

Y no sólo ellos: todos en el pueblo murmuran al ver a la viuda. Como si la víctima fuera culpable de recordarles una época que prefieren olvidar. Al punto de que Miren le pide al cura del pueblo que hable con Bittori para pedirle que se vaya. La respuesta de la mujer es clara: “Ya no tengo nada que perder”.

En uno de los tantos flashbacks empieza a echarse luz sobre el móvil del asesinato de Txato: dueño de una importante empresa de transportes, estaba siendo extorsionado por ETA y cada tanto debía cruzar la frontera con Francia para entregarles sumas de dinero a cambio de conservar su vida y la de su familia.

Con una realización cuidada al detalle (por ejemplo, el maquillaje para envejecer o rejuvenecer a los actores es notable), este primer capítulo establece el nudo dramático de Patria sin dejar afuera al público que no está empapado en la historia del conflicto vasco.

Sin caer en didacticismos que entorpezcan la narración, quedan establecidos los lineamientos generales del contexto histórico que atraviesa esta tragedia particular. Todo invita a seguir viendo para descubrir qué ocurrió en el pasado y cómo lidiarán estas dos familias con esos hechos que oscurecen su presente.

WD

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