Cómo es “Borat 2”, la película más bestial de la temporada



Políticamente incorrecto, misógino, antisemita -Sacha Baron Cohen profesa la religión judía-y racista, el humor de Borat viene generalmente de la sorpresa. Y de la audacia. Lo que quiere Cohen con Borat es causar impacto, entonces no mide, no se autoimpone límites.

Puede ser un humor ingenuo (cuando Borat compra un celular; cuando le muestran un vestido para su hija, ella va al probador y aparece con la funda puesta en vez del vestido; cuando le corta el cabello a un hombre con tijeras como de podar; dice que leyó un libro y es Facebook), o brutal u ofensiva (la escena del baile, de pésimo gusto, por ejemplo, se la pudo ahorrar).

Sacha Baron Cohen desnuda a la sociedad estadounidense con todos sus prejuicios. FOTO: AMAZON

Apañándose en el falso documental (nunca se sabrá si los ciudadanos estadounidenses que aparecen han sido o no engañados, o si luego de filmarlos fueron advertidos de que es para una película, como si fuese CQC; da igual), Sacha Baron Cohen descarga un gag atrás de otro, con la mira puesta en revelar el racismo, los prejuicios y desnudar mucho de la América profunda que podrá poner colorado de vergüenza hasta a los más conservadores partidarios de Trump.

O no.

Disfrazado de “McDonald” Trump, como lo llama, irrumpe antes de un discurso del vicepresidente Mike Pence (“Pene”, le dice). FOTO: AMAZON

La pandemia de Covid-19 le llegó luego de que comenzara a rodar la película, y por supuesto que la sumó (pasó encerrado en confinamiento con un par de republicanos a los que les pregunta qué es peor, si el virus o los demócratas: imaginen la respuesta) y hasta le permite dar un giro al guion, escrito a 16 manos: son ocho los libretistas, incluido Baron Cohen.

Las consecuencias de la primera incursión en los Estados Unidos de Borat, en el filme de 2006, no pasan desapercibidas para el gobierno dictatorial de Kazajistán -que admira a Putin, a Bolsonaro y a “McDonald” Trump-, y el periodista sufre todo tipo de ultrajes en su país, hasta que prometen perdonarle la pena de muerte con una nueva misión.

Sacha Baron Cohen y Maria Bakalova, como Sandra Jessica Parker Sagdiyev, su hija, escapan tras “atrapar” a Rudy Giuliani. FOTO: AMAZON

Borat debe llevar al vice de Trump, Michael Pence (Pene, como lo nombra el periodista) una ofrenda: es Johnny el mono, que es Ministro de cultura y estrella porno de Kazajistán. Pero tras un extraño y largo viaje por barco, a Texas no llega el mono sino la hija de Borat (su “no hijo”: la misoginia está a la misma altura que en la primera película, o peor). Entonces, decide entregar a su hija, que sueña con vivir en una jaula de oro como el dibujito animado de Melania y Trump. Borat le compra una jaula y la hace dormir allí.

Si no se enteraron de cómo Borat -que se disfraza todo el tiempo, porque teme que lo reconozcan- llega hasta Rudy Giuliani, ex alcalde de Nueva York, y abogado de Trump, y queda muy pero muy mal parado (o acostado) junto a la hija de Borat, no spoilearemos más. Pero tal vez sí hayan visto imágenes de cómo Borat irrumpe en una convención Republicana disfrazado de Trump, llevando a su hija cargada en los hombros como si fuera una bolsa de cemento.

Irreverente, la comicidad de esta sátira no es para todos. Es muy divertida e incómoda, pero para los tiempos urgentes que corren -con la misma urgencia que debe haberla rodado y editado, para llegar a estrenar justo antes de las elecciones presidenciales estadounidenses- hasta se diría que es necesaria.

“Borat Subsequent Moviefilm”

Buena

Comedia. EE.UU., 2020. 95’, SAM 16. De: Jason Woliner. Con: Sacha Baron Cohen, Maria Bakalova. Disponible en; Amazon Prime Video.

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