Cinco puntos clave de la vida de Luciano Pavarotti, a 85 años de su nacimiento



Hugo es un Golden retriever de 11 meses con una sensibilidad especial para la música del difunto tenor Luciano Pavarotti. Victoria Fox, su dueña, decidió grabar en video la reacción de Hugo al escuchar una interpretación del icónico cantante de ópera. En cuanto Victoria puso el famoso Nessun Dorma, Hugo, que estaba distraído mirando por la puerta que da al patio trasero de su casa en Inglaterra, comenzó a calentar sus cuerdas vocales con leves aullidos.

Acto seguido, el perro se fue acercando hasta el televisor y se sentó frente a la pantalla para cantar junto al titán de la ópera siguiendo con aullidos el ritmo y la melodía de la canción.

Este lunes, feriado en la Argentina, se cumplen 85 años del nacimiento del tenor nacido el 12 de octubre de 1935 en Módena, Italia. Su voz se apagó para siempre el 6 de septiembre de 2007, a los 71 años, a raíz de un cáncer de páncreas. Lo recordamos en cinco grandes hitos de su vida y obra.

Hugo y Luciano, en un intento de armar algo a dúo,

Las pastas

Un gorro de cocinero junto su colección de sombreros. Eso es lo que se expuso, al año siguiente de su muerte, como parte de una muestra en Roma que incluía fotos, trajes y objetos preferidos que revelaban aspectos de su vida cotidiana. La buena mesa lo era todo para quien, pese a vivir sometido a dietas de toda índole, durante las giras se preparaba él mismo las pastas, su plato favorito, acompañadas de ternera, pescado o pollo.

Domenico Dolce y Stefano Gabbana (Dolce & Gabbana): “Luciano Pavarotti cocinaba para nosotros en casa”, contaba el dúo (a dúo), narrando un encuentro coronado por un inmenso plato de espaguetis al champiñón.

En 1987, Pavarotti se alojó en el Plaza Hotel de Buenos Aires. Le reservaron la “suite diplomática”, que tenía cocina incluida, uno de los requisitos del tenor a la hora de alojarse en lugares extraños alrededor del mundo. ¿Cocinó su pasta? No hizo falta: tan amigo se hizo de los chefs de entonces que directamente se reunía con ellos en la cuisine del hotel. De esas tertulias nació la salsa Pavarotti, en base a champiñones, champán y cebolla de verdeo.

Los tres tenores

Ése fue el nombre de un grupo vocal integrado por Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo. Ofrecieron una serie de conciertos entre 1990 y comienzos del siglo XXI. Su repertorio trascendía la ópera con obras de Broadway hasta canciones napolitanas y ciertos éxitos de la música pop.

Plácido Domingo, Luciano Pavarotti y José Carreras, más que un trío, un lujo.

Mundialmente, esa reunión se consideró como “un sismo” y se los calificó como “los impulsores de la lírica popular”. Carreras-Domingo-Pavarotti: Los tres tenores en concierto. El encuentro del 7 de julio de 1990 cambió la historia de la música clásica. Ese álbum no sólo ganó un Premio Grammy por mejor interpretación vocal, sino que tiene un récord mundial que fue directamente al Guinness: el disco de música clásica más vendido de la historia.

Sin embargo, más de un purista quisquilloso condenó la iniciativa diciendo que la música clásica “no podía ser entendida por las grandes masas”. Carreras se plantó en nombre de los tres: “Fuimos los principales responsables de que la ópera llegara a un público más vasto. Esto es innegable y fundamental”.

La pintura es imperecedera, con Los Tres Tenores cantando O Sole Mío ya es parte del imaginario colectivo de todos los tiempos. Con una transmisión en directo a 54 países, se cree que el concierto fue visto por 800 millones de personas.

El disco vendió cinco millones de copias entre los Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña y fue número 1 en ventas en España, Australia y el Reino Unido. En 1994, un día antes de la final de la Copa del Mundo entre Italia y Brasil (Mundial de los Estados Unidos), se presentaron en un estadio de baseball en Los Angeles, con invitados de la talla de Frank Sinatra en la platea.

Su segunda esposa 

Es sorprendido con su secretaria, Nicoletta Mantovani. En 1996 anuncia oficialmente su divorcio de Adua Veroni y deja de ocultar su romance con Mantovani. Treinta y cuatro años de diferencia los separaban montando rumores tales como que ella sólo quería su dinero. Fruto de la relación nace Alice, cuarta hija del tenor. Anteriormente, Pavarotti había sido padre por tres con Veroni.

Nicoletta Mantovani en la muestra en homenaje a Pavarotti. Foto: AP.

“Fue mi gran compañero de vida, un gran maestro. Siempre me aportó una visión que me ayudó mucho”, dijo Nicoletta. “No tenerlo aquí al lado es muy difícil, pero intento tener una actitud positiva hacia la vida, creer en las personas y en las cosas buenas. Luciano fue una persona viva, que mantuvo su entusiasmo y sus ganas por conocer cosas nuevas hasta el final. Siempre me decía: ‘Nunca te acuestes sin aprender algo nuevo'”.

Otro recuerdo de la viuda para el diario ABC de España: “Cuando él era niño, veía a todo el mundo cantar ópera en la calle. ¡Era como la música pop de hoy en día! Para él, todo el mundo tenía que conocer y amar la ópera, sin importar la cultura ni la clase social. Su objetivo era llevarla a todo el mundo y por eso cantó en tantos estadios y recintos importantes”.

En la entrevista con ese diario, agregó que más allá de la edad, “el más pequeño de los dos era él: tenía una mirada de niño que no perdía nunca. Era una persona muy honrada y bondadosa, y muchas veces yo tenía que adoptar una actitud más cortante. A pesar de que tenía 71 años cuando murió, seguía siendo muy joven”.

Con la Negra Sosa en la cancha de Boca

Abril de 1999. Mercedes Sosa venía de cantar con Pablo Milanés en Colombia y había atravesado un cuadro depresivo que afectaba su aparato digestivo. Había perdido 32 kilos. El venía de un recital con los otros dos tenores famosos, pero también había cantado con Bono, de U2, Elton John, las Spice Girls, Bon Jovi y Sheryl Crow.

Mecerdes Sosa y Luciano Pavarotti, duelo de titanes.

Las plateas costaban 250 pesos. Se habían vendido más de 30 mil entradas. Desde este diario, el crítico musical Mariano del Mazo hablaba de “crossover de dos paradigmas antagónicos”. En el otro rincón, algún periodista despotricaba: “Es discutible sostener que Pava y Sosa cantaron juntos. Porque como agua y aceite, cada uno hizo su parte, y en los temas conjuntos se alternaron cantando una parte cada uno”.

La juntada, en realidad se hizo sobre el final. Primero, la Negra hizo fragmentos de la Misa criolla de Ariel Ramírez, dándole la bienvenida a Jaime Torres.

Luego llegó el set de Pavarotti, en escena con frac negro y moño blanco, junto a la Filarmónica de Buenos Aires. Matinatta, La Cirometta, Una lágrima furtiva… La ocurrencia fue sin dudas seductora: al calor de las masas, el tenor más popular y la Cantora. Tosca, Puccini y Violeta Parra, todo revuelto.

Rey del do agudo

De niño ya llamaba la atención por su voz de contralto en el coro de la iglesia. Supo cantar también con su padre en el coro de la Sociedad Gioacchino Rossini. Pero a los 20 años, Luciano inició sus estudios serios con el tenor Arrigo Pola, que fue su gran maestro.

Luciano Pvarotti murió en 2007, víctima de cáncer. Tenía 71 años.

Debutó en 1961 en el Teatro Reggia Emilia, con el Rodolfo de ‘La bohème’, de Puccini, y, fuera de Italia, en Dublín, con el duque de Mantua de Rigoletto. El éxito estaba a la vuelta de la esquina y de ahí viajó para actuar en Viena, Amsterdam, Zurich y Londres, hasta arribar en La Scala de Milán a cuento del centenario de Arturo Toscanini.

Por esos años orientó su carrera hacia el belcantismo y formó un dúo con la soprano Joan Sutherland, australiana ella, para interpretar distintas obras en los Estados Unidos.

La gloria definitiva le llega en 1966 cuando se presenta en el Covent Garden de Londres, donde le fue concedido el título de ‘Rey de la octava do’ y ‘Rey del do agudo’. Poco después, en el Metropolitan Opera House de Nueva York, se lo bendice luego de La fille du régiment, de Donizetti.

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