Casi una duquesa, la comedia británica sobre una madre soltera que milita en la acidez



“Con respeto, tu opinión es una mierda. La libertad de expresión es genial hasta que se entiende que se aplica a otros. ¡Cielos! Crié a una conservadora”, le dice Katherine a su hija Olive camino a la escuela. La niña acaba de hacer un comentario poco feliz sobre la llegada de los inmigrantes a Inglaterra.

Esa escena hilarante marca el inicio y, en buena parte, el espíritu de Casi una duquesa, creada, escrita y protagonizada por la comediante canadiense Katherine Ryan. La miniserie inglesa -seis episodios de 25 minutos- fue grabada en varias locaciones de Londres. Y marca el debut de Ryan como guionista.

La protagonista es una artista y madre de una niña de nueve años. Vive con ella y con tres perros pequeños y, según ella, veganos. El padre de la nena siempre fue un fantasma; alguien que se olvida del cumpleaños de su hija y capaz de hacerla jugar con explosivos. El cuadro familiar se completa con Evan, el novio dentista de Katherine.

Katherine Ryan utilizó algunos elementos de su experiencia, pero no es una serie autobiográfica. (Lauren Fleishman for The New York Times )

Él quiere todo con ella, pero sólo encuentra resistencia por parte de la ceramista. “Era perfecto. Cogemos una vez por semana, vivo mi vida y tengo dentista gratis”, le cuenta a una amiga, muy segura de sí misma, cuando se da cuenta de que él quiere más.

El conflicto comienza cuando ella expresa el deseo de tener otro hijo. Luego de algunas consultas en centros de fertilidad y adopción, piensa que la mejor opción es el padre de su hija. “A pesar de que eres el peor ser humano que he conocido y te deseo una vida de dolor y misera, logramos tener a la mejor niña. Y necesita un hermano”, le propone. Él comenzará poniendo condiciones y pidiendo dinero.

Cada uno de los episodios retrata ese deseo de Katherine. Los guiones están construidos principalmente en base a los diálogos. Detrás de un tono relajado, la comedia aborda cuestiones de fondo de la lucha feminista, como la mirada de la sociedad -siempre levantando el dedito acusatorio- a las madres solteras y el rol de los hombres. También matiza con algunas historias de personajes secundarios, como una amiga de la protagonista que casi muere por una liposucción.

Katherine (su personaje se llama como la actriz) y su novio Evan Patterson (Steen Raskopoulos).

La comedia se sostiene en el guión divertido y lúcido de Ryan, escrito en capas, plagado de frases ingeniosas y de la acidez corrosiva propia de algunas series inglesas (aunque ella es canadiense, vive hace varios años en Londres).

La mayor fortaleza está en el cambio de roles para resaltar las desigualdades y, de paso, darle una bofetada a los cuentos propuestos por las clásicas comedias románticas. Por ejemplo, la historia de su pegajoso novio Evan, víctima de una mujer con fobia al compromiso. Y una versión opuesta al “sugar daddy”.

Quizás la comedia pierde algo de fuerza por la falta de matices de algunos personajes. “Siempre es más divertido ser un poco villano”, dijo Ryan en una entrevista reciente. Por momentos, esos roles van en una sola dirección, tanto en la madre que ella encarna como en el novio y el patán del ex.

De todas formas, Casi una duquesa se disfruta y enmarca en la tradición del humor británico, que tiene tantos fanáticos como detractores.

Ficha

Calificación: Buena.

Género: Comedia dramática.

Protagonistas: Katherine Ryan, Rory Keenan, Steen Raskopoulos, Katy Byrne y Sophie Fletcher Creadora: Katherine Ryan.

Emisión: Netflix.

Duración: seis episodios de 25 minutos.

SL

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