Carolina Amoroso, una de las figuras de TN, se reparte entre la TV, la radio, los libros y admira a Oriana Fallaci



En su cuenta de Twitter, y a modo de presentación, Carolina Amoroso publicó esta frase: “Yo tampoco sé cómo vivir, estoy improvisando…”.

Ok, se lo aceptamos: en la vida, como la mayoría, Carolina improvisa. Pero en su trabajo, no. Si hay algo que la distingue es su “profesionalismo”: con un tono equilibrado, y siempre dispuesta a escuchar a los demás, podría decirse que ella sabe de lo que habla. Es, por qué no, la contracara del toco de oído.

A los 35 años, Amoroso -amorosa- tiene, como se dice, una agenda bien cargada: de lunes a viernes, a las 19, conduce TN Central junto con Franco Mercuriali y Nicolás Wiñazki.

Por la misma señal, los viernes a las 21, en este caso en dupla con José Crettaz, está al frente de Argentina Penélope, un ciclo de cuatro programas que debutó el viernes, y, entre otras cuestiones, se pregunta: “¿por qué pasan los años y la Argentina nunca arranca? ¿O, en todo caso, por qué arranca y se vuelve a frenar?”.

También, a Carolina se la puede escuchar los domingos, de 15 a 16, en Día de tregua, en Radio con vos, FM 89.9. “Ahí hago entrevistas más descontracturadas”, explica.

Y hay más: especializada en “política internacional” (tiene un segmento en TN), acaba de publicar un libro titulado Llorarás, historias del éxodo venezolano.

El “bautizo”, tal como se definió al “bautismo” de la obra, “una celebración típica de Venezuela que incluyó flores, bebidas y padrinos”, se hizo este sábado en la iglesia Nuestra Señora de Caacupé, en Caballito.

A la hora de explicar cuál fue la historia que más la conmovió, le cuesta quedarse con una sola. “Son todas increíbles”, resume.

Y profundiza: “En total son 15, una por capítulo. Cuento la historia de los chicos que encabezaron las protestas, la de una abuela que se trajo a la Argentina a tres generaciones de una misma familia, la de un abogado de derechos humanos que tuvo que huir, la de la orquesta del exilio… También incluye un relato de la cobertura que me tocó hacer para TN a principios de 2019, en la frontera de Venezuela y Colombia, con el paso frustrado de la ayuda humanitaria. Es el lugar donde más sangra la herida. Esa experiencia, haber estado allí, me disparó la necesidad de contar estas historias.

-¿Por qué te involucraste tanto con Venezuela?

-Porque la diáspora es enorme: hasta mediados del año pasado, más de 4.500.000 venezolanos habían dejado su país. Porque es una catástrofe humanitaria. Y, claro, porque tengo una relación muy cercana con Venezuela. Nosotros somos de Brandsen. Mi papá es petrolero. Por eso, con mi familia, viví cuatro años, de los 11 a los 15, en la ciudad El Tigre, del estado de Anzoátegui, en la Venezuela profunda. Antes de eso habíamos vivido en Río Gallegos. Mi estadía en Venezuela coincidió con mi paso de la niñez a la adolescencia. Me marcó para siempre. ¡Y me enamoré de los venezolanos! Además, en mi familia también hubo separaciones. Cuando mis dos hermanos mayores terminaron el colegio, se volvieron a la Argentina. Y yo, con mi papá y mi mamá, de ahí nos fuimos a Quito, Ecuador. Cuando terminé el secundario, también volví a la Argentina. Y mis padres se fueron a México. Y después, a Brasil…

A continuación, un extracto de “Mi Venezuela”, el capítulo en el que Carolina describe su vínculo con el país caribeño.

“No recuerdo si fue en alguna cena o si nos llamaron directamente al living de la casa de la calle Santiago del Estero. Lo que sé es que iba a comenzar una de esas charlas. A esas alturas, ya conocíamos el tono, ya sabíamos cómo empezaba todo. ‘Nos vamos a Venezuela’, soltó papá asertivo como siempre. En Río Gallegos hacía frío y no teníamos a nadie cerca, pero ya nos habíamos acostumbrado. Yo cursaba sexto grado en el Colegio Salesiano Nuestra Señora de Luján y había logrado hacer amigos. Ese año, además de haber pasado a las Olimpíadas Regionales de Matemáticas, recibiría el premio a la mejor alumna. Mi hermano Juan Miguel empezaba el secundario en el mismo colegio y se lo veía contento. Juan Pablo, mi otro hermano, que siempre fue distinto, hacía lo propio en el Colegio Ladvocat. Nos habíamos ido de nuestro Brandsen natal más de tres años antes, pero todavía no conocíamos esa nueva condición de desapego que estábamos a punto de vivir en carne propia: seríamos expatriados. Aunque digan expats, para prestarle un dejo aspiracional a esa condición de ser otro en otro país, solo la palabra completa le hace justicia a la experiencia. Expatriados. Eso fuimos”.

Enseguida, avanza: “Pocos meses después, la casa ya estaba metida en containers. Tuvimos nuestras despedidas y creo que, en la suya, Juan Pablo se emborrachó por primera vez. Por alguna razón, papá decidió llevarlo, solo a él, algunos meses antes para que conociera nuestro nuevo destino. En diciembre, pocos días después de Navidad, cargamos en enormes valijas la ropa de verano que teníamos y viajamos –como nunca antes– en primera clase al país que nos esperaba. Nos despedimos de los nonnos y de la abuela Zule, y creo que todos lloramos. Excepto papá, claro. En el avión, un par de filas adelante, viajaba la imponente Catherine Fulop con Ova Sabatini y sus entonces pequeñísimas hijas, Oriana y Tiziana. Después de unas siete horas de vuelo, vi a los cuatro abrazarse en un tierno scrum antes de llegar a Caracas. Seguramente irían a encontrarse con los abuelos maternos para pasar Año Nuevo. Durante unos minutos me perdí imaginándome cómo sería el encuentro”.

Carolina escribe libros, tal vez, porque es una periodista que se formó en la gráfica. “Hice la carrera de Comunicación en la Universidad de San Andrés. Después de trabajar como productora de distintos programas de Canal á, y como parte de la maestría de periodismo, entré a la redacción de La Nación. Fue un camino de ida. Me encantó. Pasé por varias secciones: ciudad, sociedad, espectáculos, el suplemento Sábado… Después, en su versión digital, fui jefa de producción de ‘Conversaciones’, un ciclo de entrevistas a diversas figuras que, con el tiempo, se empezó a hacer en La Nación+, el canal de televisión del diario. Ésa fue mi primera experiencia frente a cámara. Luego, llegó la propuesta para trabajar en TN”.

Amoroso dice que, “por suerte”, tuvo muchos maestros en esta profesión. “Cuando estudiaba comunicación, un profesor de tele me dijo: ‘Tenés condiciones para trabajar en los medios’. Y fue quien me recomendó para mi primer trabajo como productora. Si tengo que elegir un referente digo que, cuando me falta inspiración, me fijo en la italiana Oriana Fallaci, una figura fundamental para el periodismo, sobre todo, en el género entrevista. También me gusta mucho el trabajo de Christiane Amanpour, que se dedicó al periodismo internacional, a los grandes temas… Ella siempre tuvo claro que, antes que nada, estaba hablando de personas”.

Cuando era chica, Carolina creía que se iba a dedicar a “algo” vinculado con el arte. “Mi mamá es profesora de literatura, me gustaba el teatro… Pero al final descubrí una forma de arte en el periodismo. Hay que saber encontrar la manera de contar una historia, hay que tener sensibilidad para hacerlo… En fin, es un trabajo que nos termina desnudando el alma”, comenta Amoroso, que vive sola en Núñez.

¿Qué hace en sus ratos libres? “Soy amiga de muchos expatriados. Y me gusta estar con ellos… Pero antes que nada soy la tía de Juana y Helena. Sí, ése sería el título más apropiado para una nota sobre mi vida… Juana tiene cuatro años, y Helena, uno y medio. Son las hijas de mi hermano mayor, Juan Pablo. Son mis soles”.

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