Brujas: los secretos de la obra récord del teatro argentino




2 de junio de 202122:07

“Chicas, ¿cómo no se acuerdan?”, dice Luisa, el personaje de Moria Casán en la oscuridad de un escenario que solo permite oír su voz. La arenga se traslada al resto de los personajes: Elena (Thelma Biral), Dolores (Susana Campos), Inés (Nora Cárpena) y Ana (Graciela Dufau), quienes, envalentonadas por la nostalgia, comienzan a corear el “Tantum ergo Sacramentum”, aquel canto gregoriano que las amigas, hoy maduras, vocalizaban en el colegio religioso en el que fueron educadas en su adolescencia. “Tantum ergo sacramentum, veneremur cernui, et antiquum documentum, novo cedat ritui”, cantan las cinco, mientras las sombras le dan paso a una iluminación a giorno que permite ver un típico living de clase media holgada y a cinco damas de la escena nacional habitándolo.

Corría el 3 de enero de 1991 y con esa primera situación se estrenaba la comedia dramática Brujas, en el teatro Atlas de Mar del Plata. Así nacía un hito del teatro comercial que se continuaría a lo largo de tres décadas, llegando al presente con una puesta en escena, en el Multitabarís Comafi, adaptada a los tiempos pandémicos que requieren de distanciamiento sanitario. En el medio, hubo cambios de elenco, partidas y regresos, y la muerte de una de las protagonistas. En la vida personal de las actrices acontecieron separaciones, todas se convirtieron en abuelas y algunas enviudaron. Mientras Brujas desandaba su camino estelar, en la historia social y política de la Argentina se sucedieron varias crisis cruentas y once presidentes, algunos de ellos ocupando el despacho de Balcarce 50 durante pocas horas. Aquel 3 de enero de 1991, las localidades se compraban con australes, la moneda de curso legal en el país.

“Fue la comedia más exitosa del teatro nacional con casi 1.400.000 espectadores hasta el arribo de Toc Toc, que llegó a pasarla sobre el final, pero con dos elencos simultáneos: uno en el Multiteatro Comafi y otro en gira. Por eso, según el cristal con que se evalúe, hay un empate técnico entre ambas”, sostiene Carlos Rottemberg, el reconocido productor que mantiene vivo el espectáculo.

Susana Campos, Nora Cárpena, Thelma Biral, Moria Casán y Graciela Dufau en una escena de BrujasArchivo

“Brujas sigue siendo vanguardia, excede el fenómeno teatral. En esta obra, el espectador es un voyeur, espía lo que hablan esas mujeres sobre amor y desamor, culpa, educación católica, lesbianismo, amistad. Se saca mucha mugre debajo de la alfombra y esta limpieza de almas es la que toca las fibras de la gente. De la risa se pasa a un silencio donde parece que se sintieran los latidos del corazón de los espectadores, por eso Brujas es una verdadera comedia dramática”, sostiene Moria Casán, una de las protagonistas fundacionales. Graciela Dufau, quien llegó al espectáculo luego que Betiana Blum rechazara el ofrecimiento, considera que “Brujas inició el fenómeno de las obras protagonizadas sólo por mujeres”. En la historia del teatro universal, autores como Federico García Lorca o Edward Albee bucearon en el recurso, pero lo cierto es que, después de Brujas, no fueron pocos los títulos que buscaron emular el éxito e instalar una tendencia. Ninguno logró la fenomenal trascendencia de este espectáculo.

Dado que las actrices permanecían casi toda la obra en escena, contaban con diversos elementos, escondidos en un mostrador de bar hogareño montado en el escenario, para poder solucionar imprevistos como bajas de presión o accesos de tos. Probar sal era una de las estrategias caseras a la que recurrían para estimularse ante un posible decaimiento. En una oportunidad, Graciela Dufau hizo uso del recurso, llevando a su boca el papelito con la sustancia blanca. Un señor ubicado en el palco avant-scène casi cae a la platea ante el horror de lo que suponía que era el consumo de una sustancia menos naíf.

En 1988, el actor Alberto Closas le acercó a Rottemberg el libro de la pieza Entre mujeres, escrita por el dramaturgo español Santiago Moncada. Ante la primera lectura de Guillermo Bredeston, socio de Rottemberg, el material quedó desechado. Dos años después, en el invierno de 1990, los empresarios ya tenían comprometida la sala del Atlas de Mar del Plata, pero les faltaba la obra. Ambos, al recordar aquella pieza ofrecida por Closas, buscaron la opinión de Nora Cárpena (esposa de Bredeston) y Thelma Biral, amiga en común, quienes tampoco le dieron el visto bueno a la partitura. Finalmente, le mostraron el material al director Luis Agustoni en busca de su opinión.

“Luego de leer el libro, me reuní con Carlos (Rottemberg) y Guillermo (Bredeston) y les planteé que quería trabajar con ellos y con las actrices, pero que tenía objeciones con la obra en torno al contexto ideológico y a la perspectiva, ya que los personajes no parecían mujeres, sino hombres. A los dos días me llamaron y me dijeron que estaba autorizado a hacer una adaptación, que terminó siendo una coautoría. Todo se hizo legal y amistosamente con el autor, quien vino a verla y le gustó mucho”, recuerda Luis Agustoni, el prestigioso director a cargo de Brujas. Su adaptación conformó a Nora Cárpena y a Thelma Biral. El proyecto comenzaba a marchar y había que buscar a las otras protagonistas.

Varias actrices rechazaron la propuesta y, posiblemente, se hayan arrepentido. Lo cierto es que el fenómeno estuvo impulsado por el atractivo de esas cinco figuras, de perfiles artísticos bien distintos, que conformaron el elenco fundacional, acaso más importante que el propio texto. Rottemberg, muy amigo de Susana Campos y padrino de su hija, la convocó para sumarse al equipo. Graciela Dufau, que estaba trabajando en el Tabarís, a cargo de los productores, fue la cuarta convocada. Sólo restaba una quinta integrante. “Una tarde, me llama Moria Casán desde Chile para saber si me podía interesar una revista para el verano del Tabarís. Quedé en responderle. Esa noche cenamos con Linda (Peretz), mi ex mujer, y los Bredeston. Ahí le conté a Guillermo la llamada de Moria con su propuesta. Al escucharlo, Nora (Cárpena) fue quién dijo: ‘¿Y si le ofrecen la comedia para Mar del Plata?’ Nos gustó la rareza”, recuerda Rottemberg.

En esa misma cena, el debate se centró en el título, dado que el Entre mujeres original podía espantar a los caballeros. Fue Linda Peretz quien sugirió el nombre con el que la pieza cobraría trascendencia. “Ustedes nos dicen ‘brujas’ a las esposas”, reflexionó la actriz. El nuevo nombre modernizaba la temática y era un gancho para el público masculino.

Finalmente, cuando Casán escuchó la propuesta, aceptó inmediatamente. “Guillermo (Bredeston) la llamó justo cuando estaba por irse a Ezeiza para tomar un vuelo a Miami, así que le mandó el libro al aeropuerto para que Moria lo leyese en ese viaje. Ni bien aterrizó en los Estados Unidos, nos llamó para decirnos que aceptaba la propuesta”, rememora Nora Cárpena.

Pocos recuerdan que, ante ciertas bajas en el elenco, algunas actrices trocaron sus personajes, pero había algo orgánico, imperceptible para el público, que no se producía en ellas. Por eso, durante casi las tres décadas, cada una conservó el papel con el que debutó en 1991.

La trama de la pieza encuentra a cinco amigas recordando aquellos tiempos estudiantiles añejos y desgastados. Entre copa y copa, la mirada sobre el pasado se va tornando confesional, desmesurada y tirante. No tarda en aflorar la atracción sexual reprimida, los secretos dolorosos, las frustraciones con las que se convive en la madurez, lo yermo de la infertilidad, la prostitución y el vínculo con los hombres. Temas que emergen a partir del convite de la dueña de casa cuya verdadera intención es descular si alguna de sus amigas se acostó con su marido. Risas y reproches para sazonar una cena con atmósfera caldeada. “Cuando mi personaje se besaba con el de Susana Campos, había gente que se levantaba y se iba. Brujas fue una obra de avanzada que se atrevió a tocar temas algo infrecuentes en el teatro”, reconoce Thelma Biral.

Durante siete años consecutivos, el espectáculo realizaba las temporadas de verano en el Atlas marplatense y los inviernos en el Ateneo de Buenos Aires, ambos a cargo de Carlos Rottemberg, con dos funciones diarias de martes a domingos. Tal era el fenómeno que el público montaba guardia en las puertas de los teatros durante la madrugada para poder obtener buenas ubicaciones. Algo similar sucedía en las sucesivas giras que llevaron la obra por todo el país. En treinta años, Brujas se convirtió en una marca.

Siendo una niña, Sofía Gala Castiglione, hija de Moria Casán, solía acompañar a su madre a las funciones. Una noche, justo en el momento de la escena del beso entre dos personajes, la pequeña caminó desde el fondo de la sala hasta el proscenio del escenario, ante el silencio del público absorbido por la trama. Moria Casán solo atinó a susurrarle a Nora Cárpena: “Me muero” y al mirar de manera inquisidora a su hija, esta no dudó en volver al fondo de la sala, donde solía ubicarse. Luego de la función, la actriz le ordenó que debía pedirle perdón a cada una de sus compañeras de elenco. Cuando la niña cumplió con la misión, regresó al camarín de su madre y le dijo: “Me falta pedirle perdón a una sola bruja, a vos mamá”.

Sostener que el vínculo entre mujeres es más complejo que entre los hombres, no solo desenmascara un prejuicio, sino un arcaico concepto de hegemonía patriarcal. De todos modos, y como en toda relación humana de convivencia extendida, los roces aparecieron, aunque fueron preservados bajo siete llaves. “Las mujeres no nos peleamos porque pensamos en la canasta familiar”, suele bromear Cárpena. Más seria, Biral reconoce que “no era fácil la convivencia. Éramos diferentes, teníamos ideas distintas, pero había un gran respeto al éxito”.

Que los escándalos venden entradas es un axioma relativo. Brujas transitó sus 30 años sin un solo entuerto público. “Nos poníamos una sola camiseta. Todas sabíamos que teníamos nuestro momento de lucimiento y se respetaba. Eso no quiere decir que, en diez años, no hubiera habido un problema, los tienen las mejores familias. Cuando pasaba algo entre algunas de nosotras, siempre había otra que mediaba, pero el escenario era sagrado. Con Thelma (Biral) hoy tenemos una gran relación, pero, en su momento, estuvimos sin hablarnos durante un año por un malentendido. Ella, luego, terminó yéndose del espectáculo por otros motivos y yo, él último día, me fui a despedir porque me parecía que correspondía”, recuerda Dufau.

Moria Casán, fiel a su temperamento, no duda en reconocer que “hacíamos catarsis escénica, si le tenía que decir algo a mi compañera, se lo decía en el escenario. Así que, de pronto, se me iba una puteada. Una noche, como una de ellas no me daba el pie, me fui del escenario. Cuando noté que ya no sabían que hacer, que no tenían más paño y se habían quedado en silencio, volví. Al entrar dije: ‘chicas fui al baño, ¿algún problemita?’. Les hice sentir que era necesaria. No necesitábamos psicólogo, lo resolvíamos, por eso aguantamos juntas una cantidad impresionante de funciones”. Nora Cárpena, en cambio, le baja los decibeles a la cosa: “Nunca transité ningún problema, si los hubo a mí no me llegó”.

El último domingo de la primera temporada en Mar del Plata y pocas horas antes de levantar el telón, Graciela Dufau sufrió una indisposición que hizo peligrar las dos funciones de despedida. No había otra opción que devolver las localidades, al día siguiente todas las actrices ya estarían en Buenos Aires. Sin embargo, surgió la idea de convocar a Ana María Picchio, quien el día anterior había terminado la temporada de Extraña pareja, con Soledad Silveyra. “Al toro”, como se dice en la jerga teatral, Picchio salió a escena con el texto en la mano cumpliendo con profesionalismo y emoción el desafío. Faltando quince minutos para terminar la segunda función, Picchio hizo un “mutis” y salió del escenario, dejando lugar a Dufau, quien, con 39 grados de fiebre, participó de la escena final.

Leonor Benedetto ingresó al elenco en reemplazo de Susana Campos, luego de su muerteDiego Izquierdo – Archivo

El 16 de octubre de 2004, Susana Campos murió víctima de un tumor cerebral. Con entereza y pasión por su profesión, la actriz transitó sus últimos tiempos en Brujas con serias dificultades físicas. “En las giras, Nora, su gran amiga, se ocupaba del cuarto de hotel y yo del escenario, porque no todos eran iguales. Es más, Susana se cayó de uno muy incómodo y tuvieron que operarla de un brazo”, recuerda Dufau. “Hacía mucho tiempo que Susana (Campos) no veía, pero el público no se daba cuenta, estaba muy protegida por todas nosotras. Las últimas temporadas se hicieron con varios reemplazos porque casi todas las actrices se habían bajado, pero con Guillermo (Bredeston) decidimos seguir porque creíamos que era muy bueno para ella, no solo económicamente, sino anímicamente”, explica Cárpena.

Luego de la muerte de Susana Campos, se decidió una reposición con el elenco original y la incorporación de Leonor Benedetto interpretando el personaje de Campos: “Siempre sentí que estaba ocupando ese lugar casi de prestado, un sitio al que traté de honrar al igual que a Susana (Campos), a quien siempre respeté mucho. No podría decir que me siento parte de la historia del Brujas, aunque seguramente lo soy. Tuve una bienvenida muy calurosa, sé que se pusieron contentas cuando dije que sí. creo que habrá sido más complejo para ellas que venían de muchos años de trabajar con Susana (Campos). Reemplacé a alguien que querían mucho y yo no podía entrar en esa disputa afectiva. Por otra parte, era un éxito muy impresionante, así que no iba a tener el estrés de ver qué podía”, sostiene Leonor Benedetto, quien estuvo en el proyecto a lo largo de tres temporadas.

Elenco original de Brujas. Moria Casán, Graciela Dufau, Thelma Biral, Susana Campos y Nora Cárpena en el 2000Carlos Lares – Archivo

La actriz Irma Ferrazzi, quien había protagonizado la pieza en Perú bajó las órdenes de Osvaldo Cattone, fue convocada a finales de 1992 como reemplazo de alguna de las actrices en caso que fuese necesario por razones de fuerza mayor. Ferrazzi debió aprenderse todos los personajes y tenerlos presentes para poder interpretarlos: “Veía la obra todos los días y, luego, memorizaba en mi casa, pasando la letra de toda la obra en soledad, una y otra vez, desde principio hasta el final, intercalando cada personaje”.

Fue grande el desafío de Ferrazzi, quien llegó a realizar cerca de 400 reemplazos a lo largo de la primera década del espectáculo. Como los imprevistos podía suceder a último momento, la actriz concurría al teatro todas las noches y era parte de las giras nacionales. “Siempre se buscaba que saliera el elenco de figuras, era lo que el público esperaba. Pero, cuando me tocaba salir a escena, la gente siempre me recibió muy bien”.

Nora Cárpena no solo es la actriz que jamás abandonó el proyecto, sino que, hasta 1997, nunca había faltado a una función. Sin embargo, aquel año, en una gira por Santiago del Estero, sucedió algo imprevisto que llevó a Ferrazzi a ocupar el rol de Cárpena: “Pocos minutos antes de empezar la función, el asistente Juan Carlos Moglia me dijo la frase habitual cuando me anunciaba que debía hacer un reemplazo: ‘Irma, tenés que vestirte’. Ante eso, mi respuesta siempre era: ‘¿De qué, Juan Carlos?’ Por primera vez, me tocaba hacer el personaje de Inés. No lo podía creer, porque Nora (Cárpena) no había faltado jamás, es un soldado del teatro, nunca se fue del elenco, es el emblema de Brujas. Me vestí temblando e intenté leer el libreto, pero faltaban solo diez minutos para levantar el telón. Quería desaparecer del planeta tierra. Cuando me llamó Nora, pensé que la iba a encontrar descompuesta, pero estaba espléndida. Solo me dijo: ‘Irma, hay murciélagos y les tengo mucho miedo’. Cuando salí al escenario, se veían los murciélagos volando sobre el público”.

Irma Ferrazzi, la actriz reemplazante, en una escena del espectáculo junto al elenco titularGentileza Irma Ferrazzi

Con los años, a medida que las actrices del elenco fundante decidían apartarse de la obra, Marta González, Norma Pons, Selva Alemán y Dorys del Valle fueron ocupando los lugares vacantes. En aquellas giras, la pieza convocaba tanto como en Buenos Aires o Mar del Plata: “En Mendoza metimos 12.000 personas en un solo fin de semana, éramos las Guns n’ Roses”, recuerda Casán. En Mar del Plata, se llegó a quitar las sillas de los camarines y de la boletería para ubicarlas en la platea como butacas. El letrero de “localidades agotadas” se colocaba en cada una de las funciones. “Cuando hacía programas como Atreverse, lo que ganaba en Brujas me lo ahorraba. Así, les pude comprar los departamentos a mis hijos y aquellos ahorros hoy son mi jubilación, porque, como actriz, cobro la mínima”, reflexiona Graciela Dufau, deschabando esa otra faceta del artista más terrenal y cotidiana.

Más acá en el tiempo, y previo a la pandemia del coronavirus, hubo una versión encabezada por Andrea del Boca y sin producción de Carlos Rottemberg, que se ofreció en el Astros porteño y en el Candilejas de Villa Carlos Paz.

Durante un tiempo, Graciela Dufau sufrió ataques de pánico que se declaraban en escena. Moria Casán era quien se daba cuenta de esta situación y sostenía a su compañera. En esas circunstancias, Dufau solía preguntarle cuánto faltaba para terminar la función y la ex vedette, por lo bajo, le susurraba el tiempo restante. Más de una vez, ante la sala llena, Casán le decía por lo bajo: “Mamita, pensá en el departamentito que te vas a comprar, pensá en el bordereaux”. Ante la ocurrencia, Dufau se distendía y podía continuar con la función.

Sin dudas, una de las curiosidades fue la incorporación de Moria Casán, quien, hasta 1991, sólo había transitado el desafiante universo del teatro de revista, comedias en cine y programas de televisión de tinte humorístico. Brujas significó la posibilidad de mostrar otras posibilidades actorales y jugar en escena de igual a igual con actrices de teatro de texto. “El primer elenco fue descomunal”, reflexiona Moria Casán. “Tengo 79 años y lo voy a decir sin falsa modestia: luego del primer ensayo, le dije a Agustoni: ‘poneme siempre al lado de Moria’, porque a ella la van a mirar y, entonces, me van a ver a mí. Todo lo contrario a una postura de discriminación porque Moria venía de la revista”, se ufana Dufau.

Luis Agustoni sostiene que “es absurdo el enfrentamiento entre teatro popular y teatro serio, esas son cuestiones que se diluyen arriba del escenario, al menos para mí. Yo seguía a Moria Casán con sumo placer en sus programas de televisión, porque me parecía una actriz fantástica. Estoy convencido que un actor muy bueno, lo es en todos lados”.

A lo largo de los años, es todo un desafío sostener la limpieza del espectáculo, la organización de la puesta, los movimientos correctos y un texto que no se vea invadido por improvisaciones o cambios innecesarios, aunque sin caer en rutinas mecanizadas. “Siempre fuimos cinco actrices que mantuvimos un escenario muy vivo, allí estaba el atractivo. Nunca se notó un desgaste y, por otra parte, como las personas hacen a los personajes, cada actriz trajo siempre una energía diferente a lo largo de las funciones”, explica Biral con indisimulable oficio. En igual sintonía, Nora Cárpena sostiene que “el escenario es como jugar un partido y, si bien se hace el mismo texto, cada función se aborda distinta y cada compañera hace una devolución diferente. Las reacciones del público tampoco son iguales, entonces una se acomoda a todo eso, como un traje que se amolda al cuerpo. Es un hermoso desafío”.

A Graciela Dufau no le convencía su personaje y pidió cambios: “Agustoni la hizo abogada y jueza. Esa es una característica que le permite observar los conflictos de todas, desde una mirada de justicia”, analiza la actriz, protagonista de uno de los parlamentos que reciben aplauso a telón abierto: “El personaje de Moria decía: ‘Diez minutos de mi culo valen mil dólares’ y yo hacía una pausa y respondía: ‘Mejor no comparo tu tarifa con mi sueldo de juez de la Nación’. Ese era un texto mío que funcionó muy bien”.

La escenografía del espectáculo era de Guillermo de la Torre y la asesoría de vestuario de Héctor Vidal Rivas. A lo largo de las diversas temporadas, cada actriz lució un vestido de alta costura de un color diferente al de sus compañeras. “Cuando, antes del estreno, me probé el diseño de Roberto Piazza, le dije: ‘Con esto voy a recibir el premio Estrella de Mar’. Y así fue”, se entusiasma Moria.

Una noche, el espectáculo no podía comenzar debido a la descomposición de un espectador, a quien debieron retirar de la sala. Minutos después, el hombre murió en el hall del teatro Ateneo. En ese mismo recinto, dos mujeres se indignaron ante el beso en la boca de dos de los personajes. “Esto no es la vida”, gritaron las espectadoras. Segundos después, con la función detenida, Nora Cárpena les dijo: “Esto no es la vida, pero también es la vida, señoras”. Y Moria Casán remató: “Dejalas a estas ridículas, que se vayan, fuera de aquí”. El teatro estalló en una ovación para las actrices.

El verano pasado, como sucedió en 2000 y 2010, Carlos Rottemberg decidió montar nuevamente la obra con el elenco original. Graciela Dufau no fue de la partida, prefirió preservarse en medio de la pandemia por padecer síndrome de Crohn, una dolencia no grave que la acompaña desde hace cuarenta años. Su papel es interpretado por Sandra Mihanovich y el que recreara Susana Campos, hoy es abordado por María Leal. Ahora interrumpidas por el confinamiento, las funciones se llevaban a cabo en el Multitabarís Comafi.

“Nunca se me hubiera ocurrido que podría ser una bruja. Estuve asustadísima durante los ensayos, dado que es mi primera obra de texto en un teatro, pero se trata de una ceremonia maravillosa”, reconoce Sandra Mihanovich, quien no duda en remarcar los valores de las ideas que se manifiestan en el texto: “Hace treinta años, escandalizaba, hablaba de cosas que no se hablaban. Hoy sí se hablan, pero el prejuicio continúa, porque los cambios culturales llevan tiempo. Aún tienen que haber muchas obras, películas y canciones, mucha manifestación humana, por eso Brujas mantiene su actualidad, el conflicto sigue vigente y es válido seguirlo pensando para que la vida sea cada vez más auténtica, real, menos hipócrita”.

El saludo final de una de las funciones de la última temporada de Brujas con Thelma Biral, Sandra Mihanovich, María Leal, Nora Cárpena y Moria CasánMaxi Cardaci

María Leal, reticente a hacer teatro en medio de la pandemia, fue seducida por Carlos Rottemberg para encarar la nueva aventura: “Cuando leí la obra, empecé a marcar con resaltador los parlamentos de mi personaje, así que mi respuesta aceptando el proyecto fue enviarle a Carlitos (Rottemberg) una foto con el libreto marcado. La obra me pareció realmente interesante, a esta altura ya es un clásico. Tiene el atractivo de ser una comedia muy graciosa, hasta que llega el quiebre y pasa algo muy profundo. Eso conmueve y atrapa al público. Nosotras somos todas tan distintas, con diferente escuela y formación, y físicamente no nos parecemos en nada, pero Agustoni, que es un gran director, supo cómo dirigirnos”, reconoce Leal.

La nueva puesta de Brujas está sostenida en la distancia social de los personajes y aquel beso que alborotaba hoy se resuelve con un poderoso parlamento de Thelma Biral, acaso más provocador que aquello que llamaba la atención. En camarines, solo tres personas pueden ingresar a la zona sanitizada exclusiva para las protagonistas. “Hace treinta años no imaginábamos que íbamos a hacer Brujas durante tantos años y, mucho menos, que la haríamos en medio de una pandemia”, dice Cárpena.

Moria Casán no duda en afirmar que “somos mujeres de riesgo, pero hacemos teatro de la resistencia en esta época a la que llamo Covida. La gente necesita sanidad del alma y nosotras le damos la que considero es la mejor versión de la obra”.

Placa que recuerda el vínculo entre Guillermo Bredeston y Carlos RottembergGentileza Carlos Rottemberg

Luis Agustoni intenta definir el suceso, pero concluye en que “Brujas es todo, menos normal”. Para Carlos Rottemberg, la reposición actual tiene un sabor especial, dado que es la primera luego del fallecimiento de su socio Guillermo Bredeston: “Esta temporada se la dedico a mi amigo, maestro, confidente, mi gran guía inicial en esta profesión. La placa que coloqué en la entrada del Multitabarís Comafi, es símbolo de mi sentimiento. Agradezco a su familia haberme permitido salir con él enfermo a recorrer Buenos Aires en coche, hasta acercarle sus cenizas a Nora (Cárpena) hasta su casa, en el último viaje que solos hicimos ´juntos´”, finaliza conmovido Rottemberg, el gran hombre camuflado detrás de esas cinco criaturas que, desde hace treinta años, seducen a los espectadores.

Aristóteles decía que la comedia expone a los hombres como peores y que la tragedia los visualiza algo mejores, con respecto a la vida real. Acaso esa sea la clave que explique la empatía del público con los claroscuros que desnudan las mujeres de Brujas. Aunque, se sabe, ni el éxito ni el fracaso pueden explicarse demasiado.

Hoy se puede ver al elenco original de Brujas en una versión muy bien filmada que ofrece la plataforma de teatro en casa Teatrix.

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