Bonnie Tyler – Rod Stewart: el gran clásico de 1978, el año que escuchamos un solo timbre de voz



A los 69, Bonnie Tyler casi conoce lo que es la dulce condena de esa flor de un día llamada one hit wonder. Y lo hizo, quién pudiera, cantando altísimo y con la garganta rota. Su voz se transformó en ícono indiscutido de los años ’80. Desde que estrenó Es una pena, en 1978, nunca paró de cantarla. Ese tema y después, “gracias a dios”, Eclipse total del corazón, fueron dos infaltables en todos sus sucesivos setlists.

Bonnie le entregó sus cuerdas vocales a la música. Hubo un antes y un después. En su primer álbum afinaba áspero, pero no tanto. Ya desde el segundo LP, la garganta se le detonó por completo. La Gata Varela, delante de ella, parecía María Elena Walsh.

Es una pena (It’s a Heartache) se editó el mismo año en que Rod Stewart publicó Crees que soy sexy? La galesa un poco antes que el escocés. El equívoco entre el consagrado y la chica que hacía sus primeras armas con Es una pena llegó a la cuestión de género: en principio, muchos creyeron que esa canción era de Stewart. Y cuando por fin comprendieron que no, costó entender que la voz de fibra de vidrio provenía de una carilinda con ojos de cielo eterno.

The World Starts Tonight significó el debut discográfico de Bonnie Tyler. El hit -muy entre comillas- se llamaba Lost In France. Así como Ivana Nadal y Nati Jota pueden hacerse un retoque en las lolas, Bonnie decidió que era hora de acomodar su caudal de voz en cuello. ¿Qué le pasaba? Algunos nódulos venían dejándola sin fuerza para llegar rugiendo al final de cada uno de sus conciertos, y decidió someterse a una operación.

La modificación vocal se llenó de consonantes: “El doctor me recomendó no cantar por seis semanas y no pude cumplir”. Una travesura propia de la ansiedad la llevó a cantarse encima.

Al parecer, la prescripción médica del silenzio stampa le había alterado los nervios. Bonnie quería romper todo. En esos desesperantes días le hubieran hecho falta hotel y televisores de esos que usaba Charly García en sus ataques de ira. “Me volví loca, loca, no soporté y empecé a cantar igual”.

¿Y qué cantaba? Material del que sería su segundo disco. ¿Alguna canción en particular? Por supuesto: Es una pena, el simple más exitoso de su segundo álbum Natural Force. Y de todos los tiempos.

“Me operé en 1977 por los quistes. Fue aterrador, pensé que no volvería a cantar. Había estado haciéndolo desde los siete años; tenía ya un contrato en la música y estaba realmente asustada porque supuse que esa cirugía podría significar el fin de mi carrera”.

Hubiera sido una pena, ¿verdad? La cosa es que esa chica de 26 años aguantó seis días muda y antes de que se cumpliera la primera semana pegó un grito de mandril herido. “Ese ataque de frustración me dañó la voz permanentemente. La consecuencia es que me quedé más ronca, pero pudiendo seguir con mi carrera y llegando a los tonos más altos”.

Su disfonía inaugural se posicionó Top 3 en los Estados Unidos y Reino Unido. Es una pena vendió seis millones de copias como simple, convirtiéndose en uno de los sencillos más comprados de todos los tiempos. Una canción, una mansión. ¡Aguante la patología de la voz!, se reía Bonnie, quien había recibido el apoyo incondicional de una asociación de afónicos de Wisconsin, y la consideración de una crítica que caía rendida a sus pies.

En nuestro país el tema explotó durante los meses del Mundial ’78. Pero nosotros creíamos que se trataba de Rod Stewart.

Su voz, la de Bonnie, había cambiado entre Lost in France y el demencial hit inmediatamente posterior. “Me quedo con la voz afónica”, llegó a decir menospreciando su álbum debut. El grito que había pegado en pleno posoperatorio fue una señal divina. Dios debe haberle querido decir: “Pataleá que igual será como oír a un cisne.”

El éxito fue instantáneo a ambos lados del océano. A Badía le encantaba y la tarareaba al aire. Antonio Carrizo tampoco pudo ser indiferente al encantamiento de esa melodía. Pappo la tocaba en los ensayos de Riff. Además, segundo puesto en Alemania y primero, durante semanas, en Francia y Australia. De hecho, su álbum Natural Force fue rebautizado como It’s a Heartache en los Estados Unidos.

Bonnie Tyler cantó “Total Eclipse of the Heart” desde un barco, durante el eclipse total de sol que ocurrió en agosto de 2017.

Pero lo más increíble era que ese mismo año Rod Stewart también editaría el tema que le cambiaría la vida. A meses de Es una pena llegaba a las radios ¿Crees que soy sexy? (Da Ya Think I’m Sexy?), mojón absoluto de la música pop y elemento decisivo de su noveno álbum, Blondes Have More Fun, de 1978.

Al principio, pobre Rod, se lo celebró más por la canción que pudo haber cantado (Es una pena) que por la que realmente modulaba. Esa caspa de música disco que se metía hasta por debajo de la cama de Pavarotti, ese “subgénero” anfibio entre el dance y el rock, hizo que Stewart tuviera que leer que lo llamaran “traidor” como a Mauro Zárate. Y todo por cantar ¿Crees que soy sexy?

Con los años, la bocha cambió y ¿Crees que soy sexy? pasó a ser reivindicada como “fusión ejemplar entre música disco y rock”, ocupando un saludable puesto 308 en una lista sábana de 500 mejores canciones de todos los tiempos realizada por la Rolling Stone.

Esas dos canciones geniales, virales a su modo y a su tiempo, hicieron que 1978 haya sido el año en que vivimos con un solo timbre de voz en nuestro oídos.

Pese a las críticas y las burlas de sus amigos, Rod Stewart estaba en la cima de su borrachera disfrutando las regalías de su tema y, de paso, del confuso episodio (exitoso) con Es una pena. Claro: no fuimos los únicos en desconocer a Bonnie Tyler y en creer que Rod Stewart la había pegado con dos tremendos hits en apenas rato. Tyler era como decir hoy Katy Perry y ayer Christina Aguilera. El indudable centro de la escena era Rod Stewart, quien también empezaba a ser noticia por contraer el vicio poco rockero del ferromodelismo.

La impronta del rubio escocés de actuales 75 años se medía a contrapelo de la moda John Travolta: o te peinabas con gomina o te dejabas el corte sauvage. La expansión de Rod Stewart, por méritos ajenos y propios, se coronaba con un erizado look de exportación. El actor Boris Rubaja, nuestro galancito ochentoso, fue el mejor embajador argento de un tipo de rock en el pelo made in Stewart.

Si hay algo que no da para el debate es el humor del escocés. En esos confusos días, el contestador de su casa atendía diciendo: Usted se ha comunicado con el 4567… Y de fondo, Es una pena. Fuentes cercanas al astro comentaron que a él le gustaba más Es una pena que ¿Crees que soy sexy? En cuanto tuvo la posibilidad, es más, Stewart hizo su propia versión para perder olímpicamente contra la interpretación original.

El fenómeno de Bonnie logró que ella fuera universalmente declarada la nueva “Janis Joplin”. Mientras tanto, los fans de la nueva figura del pop se preguntaban “¡¡¿¿Janis qué??!!”.

Rod Stewart pasó por última vez por la Argentina en 2018, y cantó… “Da Ya Think I’ Sexy?”, por supuesto. (Fotos: Martín Bonetto)

​Comprensiblemente, la mujer corrió el riesgo de odiar su propio trampolín a la fama. En más de una oportunidad habló de una suerte de desconfianza anticipada imaginando que Es una pena podría ser como Aserejé de las Ketchup. Fueron largos cinco años hasta que volvimos a saber de esta galesa nacida en 1951. Y eso ocurrió cuando las radios se llenaron de Total Eclipse Of The Heart.

Tal fue la repercusión que Es una pena pasó convertirse en un tema de culto sólo apto para el fandom. Eclipse total del corazón se sacó chispas ni más ni menos que con Billie Jean, de Michael Jackson. Llegó a vender a razón de 60.000 copias por día.

Bonnie le debe todo a su indisciplina. A un Grito como el de Munch. “¡El daño resultó fenomenal!”, llegó a decir en una entrevista bastante reciente.

La mezzosoprano ahora goza un residencial semi retiro con casi medio siglo en el mercado, jubilación de privilegio y la satisfacción de que en una aldea lejana, las hinchadas de fútbol siguen cantando, ligeramente modificada, su obra maestra: “Jugadores la c…. de su madre”.

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E.S.​

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