Big Little Lies: de Donna Summer a Sade, las voces femeninas que aportan emoción a la serie



Las dos temporadas de Big Little Lies están marcadas a fuego por voces femeninas fuertes, emotivas e imprescindibles

Basada en el libro del mismo nombre de Liane Moriarty, Big Little Lies nació para ser miniserie pero terminó en un drama de dos temporadas anclado en el magnetismo de su dream team: Reese Whiterspoon, Nicole Kidman, Laura Dern y Meryl Streep en los roles protagónicos. Historias de mujeres fuertes atravesadas por cuestiones de poder y violencia que echan mano al archivo pop de una manera sutil, omnisciente.

Elvis Presley y Audrey Hepburn conducen el misterio de la trama desde la iconografía mientras lo que suena más que una musicalización parece salido de los decorados propios de la ficción (sonido diegético). Niños de seis o siete años de 2017 a los que se les pide que bajen el volumen de sus smartphones donde escuchan hits o imitan coreografías de leyendas de Motown como The Temptations, o rescates retro del soul como Leon Bridges (“Rivers”) o Michael Kiwanuka cuyo “Cold Little Heart” abre cada uno de los capítulos. El pop está imbricado en la serie como insumo: Uno de los niños se llama Ziggy (un guiño a la Bowiegrafía) y Zöe Kravitz, hija de Lenny, está en la segunda línea de las protagonistas.

De toda la música que se deja oír en las dos temporadas, esta playlist se concentra en diez voces de mujeres (tan carismáticas como las protagonistas) en estricto orden cronológico.

“Ball and Chain” (Big Brother & The Holding Company, 1968).Big Little Lies transcurre en la panorámica ensoñación de Monterey, California, donde en junio de 1967 se llevó a cabo uno de los más memorables festivales de rock. Fue, entre otras cosas, el que puso en el oído público a Big Brother & The Holding Company y lanzó la leyenda de su cantante, Janis Joplin. El blues “Ball and Chain” había sido escrito por la pionera negra Big Mama Thornton pero Big Brother & The Holding Company lo hicieron suyo en Cheap Thrills, su segundo disco. Con una guitarra líder ácida y el estremecimiento único de Joplin para reflejar la contracultura de San Francisco tanto como la tapa encargada a Robert Crumb.

“Dreams” (Fleetwood Mac, 1977). La voz de Stevie Nicks se entremezcla con la de las actrices y sus hijos ficcionales durante un viaje en el que la cantan como lo que es: una de las mejores canciones de uno de los discos más vendidos de los últimos cuarenta años. Rumours vendió más de cuarenta millones de copias desde su edición y es la representación más acabada del sonido de la costa oeste de los 70. Tan lejos del rock progresivo como del punk, puso la vara muy alta para el mainstream y convirtió a las iniciales del grupo (FM) en sinónimo de un sonido. Como en Big Little Lies detrás de las (confortables) paredes había demasiado ego y dos parejas en crisis. La liviandad aparente de “Dreams” es pura complejidad y obsesión y la voz de Nicks parece hecha a medida de Celeste, el personaje de Kidman.

“Lucky” (Donna Summer, 1979). Envuelta en los sintetizadores de Giorgio Moroder, la Reina de la Música Disco anticipó el sonido dance de los años 90 y se convirtió en un ícono del erotismo pop. “Lucky”, parte de Bad Girls, un álbum con hitazos para la pista como “Hot Stuff” y el mismo “Bad Girls” es lo más europeo y electrónico de Donna Summer desde “I Feel Love”, su esencial colaboración con Moroder. Editado en abril de 1979, un año recurrente en el soundtrack de la serie.

“It’s my House” (Diana Ross, 1979). Apenas un mes después de Bad Girls, salía el álbum The Boss con el que Diana Ross, estrella casi teen de The Supremes, competía por el trono de diva soul en ese contexto donde la música disco se había impuesto como lingua franca pop. Ross no pudo con el apogeo de Donna Summer que arañó las diez millones de copias, pero estableció una señal de empoderamiento feminista. Así, su “It’s My House” suena en una sesión de fotos donde Renata Klein (Laura Dern) se pregunta por qué una CEO no puede verse sexy. Busquen en la tapa de The Boss la inspiración para esta línea del guion de Big Little Lies.

“Dance this Mess Around” (B-52’s, 1979). Para cerrar el segmento 79 de esta playlist, el sonido new wave psicodélico de B-52’s con las estridentes voces de Cindy Wilson y Kate Pierson en uno de los mejores discos debut editados entre 1970 y 1980. “Dance this Mess Around” sale de los auriculares de Jane (Shailene Woodley) y la voz a grito pelado de Cindy Wilson parece la mejor expresión para su alma torturada. Antes que hundida en una secuencia introspectiva hace lo que pedía Federico Moura: salir del agujero interior. Hay un interesante pasaje entre una serie animada de los 60 como Los Picapiedras, que inspiraron el look de las chicas B-52’s, a este drama del siglo XXI a través de una rabiosa canción pop.

“Bad Reputation” (Joan Jett & The Blackhearts, 1981). Los Ramones en el cuerpo de una chica de cuero negro. Eso parecía encarnar la figura pendenciera de Joan Jett liderando un grupo de hombres para hacer equilibrio entre el punk y el heavy metal sin perder brillo glam ni sensibilidad pop para la radio y la discoteca. Otra vez es Jane la que ordena su casa con esta música (cantada también por su hijo Ziggy) lo que hace que los personajes centrales de Big Little Lies también puedan definirse por un sonido.

“Cherish the day” (Sade, 1992). Esta gema de soul sofisticado y jazzy suena como preludio a un almuerzo caótico y forzado entre dos ex y sus nuevas parejas. “Qué buena música ¿Es Adele?”, quiere saber Madeline (Reese Whiterspoon), que no tiene un pelo de melómana (casi todo lo que escucha en la serie pasa por el oído precoz de su hija Chloe). “No, es Sade”, le replica Bonnie (Zöe Kravitz). Un malentendido sonoro que profundiza la tensión y al mismo tiempo recupera una voz acaso olvidada. Las series hacen también su parte tomando revancha del enorme catálogo pop.

“All Apologies” (Sinnéad O’Connor, 1994). Sinnéad O’Connor grabó esta versión de la canción original de Nirvana para el álbum Universal Mother que se editó en ese mismo 1994 en el que Kurt Cobain se pegó un tiro. Es casi una oración pagana a capella donde su prodigiosa voz, con la que había captado la atención del mundo en 1989, revela toda la potencia de Cobain como melodista. Aún más ascética y minimalista que la versión acústica que los mismos Nirvana habían grabado para el concierto unplugged de MTV. La presencia de Sinnéad en el soundtrack excede lo musical. Está puesta como hito antes que como hit. Incómoda e inconformista para la industria musical, la voz de la irlandesa expresa algunos de los traumas que la serie problematiza.

“The Wind” (PJ Harvey, 1998). Otra figura femenina y díscola del pop que se espeja en las historias cruzadas de Big Little Lies. La aparición de esta inquietante canción del álbum Is this desire? en el cierre del primer capítulo de la serie es puro símbolo: indica la irrupción próxima de lo siniestro en un espejismo de clase alta de la costa oeste estadounidense. También anticipa la complejidad del drama en su cadencia sigilosa donde un susurro replica la melodía con la cualidad etérea de los fantasmas (los que cargan las protagonistas de la serie, también).

“This Feeling” (Alabama Shakes, 2015). La seductora voz de Brittany Howard es una de las más contemporáneas que se pueden escuchar en el soundtrack de Big Little Lies. Otra vez, se trata de una de las canciones que Chloe (una Andrea del Boca 3.0) hace sonar en el auto de Madeline desde su smartphone. La niña parece encarnar la preferencia de los productores de la serie por un soul retro representado en otras voces como la del afro-británico Michael Kiwanuka o Leon Bridges. “This Feeling” fue grabada en 2015 para el álbum Sound & Color y su irrupción en una panorámica con vista a los riscos es perfecta. Indisociable a ese paisaje ficcional desde que la serie de HBO fue puesta al aire en 2017.

Conforme a los criterios de

Más información

ADEMÁS





Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *