Belén Badía, la sobrina locutora de Juan Alberto Badía

Nació un año antes del debut de Badía y compañía y una década después de esa microempresa familiar revolucionaria: su padre y su tío paseaban en una camionetita Peugeot T4B llevando a los Beatles de cartón por los clubes del Conurbano. George Harrison, John Lennon, Paul McCartney y Ringo Starr llegaban importados como gigantografías, acompañados por películas 16 mm a las que el locutor Juan Alberto Badía presentaba.

Nieta, hija, sobrina de comunicadores, Belén Badía es la mujer gracias a la que la prestigiosa marca se asegura no bajar las persianas después de más de medio siglo.

Todo empezó con el abuelo Don Juan Ramón, locutor, docente del ISER, voz grave pionera del 13 que marcó el camino de Juan Alberto. El legado sigue en la voz de Belén, la única con carnet de locutora entre los cuatro sobrinos de “Beto”. El metier de la comunicación, sin embargo, abrazó a todo el clan: desde Marisa Badía, histórica productora hermana de Juan Alberto, hasta esa dinastía continuada con Natalia, Bárbara y Agustín (productores, hijos de Juan) y Jazmín, también productora, hermana de Belén.

Directora de la carrera de Locución en la escuela ETER, voz institucional de CNN Radio Argentina, la suya es la historia del trueque de “un aire por otro”. Trabajaba en Air France como agente de tráfico, intentaba con el CBC de Imagen y sonido y con un profesorado de francés, cuando la vocación empezó a punzar. “Yo era la chica que hacía el check-in, registraba el equipaje, hacía los mensajes de abordo en castellano, francés e inglés. Tenía pasajes gratis por el mundo, un privilegio soñado, y creía que era impertinente estudiar locución con un apellido así. Mi modelo era una de las voces más importantes del país”.

Belén Badía de niña, cuando la locución ya parecía asomar gracias a la influencia de su tío

Belén Badía de niña, cuando la locución ya parecía asomar gracias a la influencia de su tío

En su primer intento secreto de ingreso a la carrera, en el ISER, fue “bochada”. El tío Juan Alberto, enterado luego, la felicitó: “No me pediste nada para entrar”, reconoció él. La nueva oportunidad de estudio apareció cuando lloraba después de buscarse en la lista post examen del Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica. En la sede de Paseo Colón vio su nombre como no ingresante, pero alguien le acercó un folleto de la escuela ETER.

“Apenas puse un pie en ETER me sentí muy abrazada. ‘¿Vos qué sos de Juan Alberto?‘, me preguntaron. Empecé la carrera en 2001, me recibí en 2004, y mi tío me invitó dos meses a trabajar en Estudio Playa, su radio en Pinamar, para que me fogueara”, evoca la dueña del mismo tono que en el Aeropuerto Ministro Pistarini disparaba elegante frases del estilo “pasajeros del vuelo 417 con destino a París, listos para su embarque”.

Los comienzos no fueron sencillos. “Yo había dejado por eso un gran trabajo en Air France, y cuando terminó la temporada de radio empecé a tocar puertas sin suerte. Hasta que me hicieron un casting en Del Plata. Arranqué en Navidad, un 25 de diciembre, después hice suplencias con Nelson Castro, Jorge Lanata, Reynaldo Sietecase, Fernando Bravo. En 2009 recién quedé fija junto a Mónica y César”.

En la escuela Éter, donde es directora de la carrera de Locución. (Foto: Martín Bonetto)

En la escuela Éter, donde es directora de la carrera de Locución. (Foto: Martín Bonetto)

Las primeras imágenes borrosas de un estudio de televisión la llevan de viaje a épocas de Imagen de radio. Se recuerda sentada en la falda de Silvina Chediek, haciendo dibujos mientras escuchaba de fondo la musicalidad de Adolfo Castelo. También guarda registro de esos sábados a la noche en otro programa de su tío, Una buena idea, por Telefe. “Mi debut en cámara fue a mis 10 u 11 años, cuando llevaron a Xuxa y me tocó sostener fotos suyas en el estudio”, se ríe.

A sus cinco años se cayó de una bicicleta, se lesionó, fue mal enyesada, y en el proceso dolorosísimo de extirpación de ese yeso, Juan se disfrazó de payaso para que Belén, que lloraba desconsolada, sonriera. A lo largo de su vida ese vínculo continuó cercano, cálido. No resultaba raro que los domingos, asado mediante, se cruzara con Marcelo Tinelli en casa de Juan, en zona Norte, que pasara horas admirando esa discoteca sagrada o visitara su oficina de la Avenida Corrientes.

Alumna del colegio vasco-francés Euskal Echea, de Lavallol, criada en Caballito, durante la adolescencia era la voz de Daisy May Queen (FM HIT) la que monopolizaba sus oídos y así fue construyendo un imaginario al micrófono.

La radio, el ámbito cercano en el que se crió. (Foto: Martín Bonetto)

La radio, el ámbito cercano en el que se crió. (Foto: Martín Bonetto)

“Con mi tío llegué a trabajar en una suplencia en 2007 y no fue el mejor recuerdo”, admite. “Él era la excelencia. Hacía radio de pie, no sentado, acostumbraba a recortar una página del diario y a pedirme determinada noticia para explayarme al aire. Para una niña recién recibida era estresante. De chica me temblaban las piernas cuando me hablaba, yo lo veía con demasiado respeto. Era muy exigente, si tenía que convocar locutores no me convocaba a mí, su mensaje era ‘ganátelo’ y me hubiera gustado que me conociera con más años de aire. Murió el año en que yo estaba embarazada. Los extremos de la vida”. 

A los 39 años, Belén Ramón Badía (el apellido completo de esa casta de los medios, luego de que Juan Alberto decidiera agregarlo en homenaje a su abuela y el resto siguiera los mismos pasos) muestra una clara “militancia” por el podcast. Conduce Voz y coso, sobre el mundo de la comunicación, disponible en YouTube y Spotify. Entre sus grandes aventuras laborales cuenta sus viajes de punta a punta del país con el ciclo televisivo Rico al instante, junto a Mariano Peluffo, y su estadía en Cracovia, Polonia, para cubrir una gira del Papa Francisco, como conductora del canal religioso Orbe 21.

“Exiliada a Montegrande tras la pandemia”, como se define luego de tomar la decisión de mudarse junto a su marido y dos hijas a más de 30 kilómetros del Obelisco, Belén también intenta un camino como actriz de doblaje. Y no para de recibir pedidos propios de esa condición de pionero de su tío. “Llama cantidad de gente para pedir, por ejemplo, el betacam donde Juan Alberto presenta a Sui Generis por primera vez. Parte de la colección la tiene hoy el archivo Prisma”.

A los 39 y con un Martin Fierro ganado, Belén va por más. (Foto: Martín Bonetto)

A los 39 y con un Martin Fierro ganado, Belén va por más. (Foto: Martín Bonetto)

“Si te ponés a pensar, lo suyo fue revolucionario. Que el suyo sea un programa de culto en el que Sosa Stereo anunciaba giras o cosas así, da cuenta de lo que significó. Imagen de radio, por ejemplo, fue un híbrido entre la tele y la radio”, deduce la que fue ganadora de un Martín Fierro 2017 como mejor locutora. “Por suerte las emisoras le van dando otro lugar a la locutora más allá de las formalidades de leer mensajes de los oyentes, dar las vías de contacto o el bendito clima. Se está abriendo el campo. Lo mío es entretener y cargo con el hermoso peso del apellido, pero quiero despegarme un poco también de eso”.

“Gracias por comunicarse con el centro de atención del cliente de… Le informamos que esta conversación está siendo grabada o monitoreada“, se la escucha a Belén en decenas de contestadores de grandes empresas. Distinguida con un premio Santa Clara de Asís y especialista en neutro, en ese viejo dilema entre honrar el recuerdo eterno, pero a la vez emanciparse de él, Belén hoy tiene claras sus intenciones: “La mejor herencia es poder decir mi apellido y piensen que vengo de buena madera. Pero tengo esa sensación de decir ‘a mí no me regalaron nada’. No soy una improvisada”.

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