Atreverse: la reposición del ciclo de los ’90 se despidió con un elenco de lujo



Un matrimonio en crisis, tras 20 años de casados. Un taxi boy y una prostituta. Un contexto de hiperinflación. Con esos ingredientes, el capítulo de Atreverse emitido este miércoles 16, por Telefe, resultó un interesante viaje en el tiempo, vertiginoso y nostálgico.

El ciclo dirigido por Alejandro Doria, que se emitió entre 1990 y 1991, volvió a la pantalla de Telefe por tres semanas, en el marco de los festejos por los 30 años del canal. Terminado el tercer episodio, se anunció que este unitario ya no seguirá en cuarentena, a pesar del fervor de muchos fans que mostraron su entusiasmo en las redes sociales con cada emisión.

Escrito por Jacobo Langsner y dirigido por Doria, “Perder la cabeza”, que midió 4,9 puntos, trajo de a la pantalla a un elenco de lujo: Luisina Brando, Darío Grandinetti, Jorge Marrale, Tina Serrano, Betiana Blum, María Socas, Cecilia Roth y Boris Rubaja. 

Farío Grandinetti, hace 29 años. Componía a un taxi boy.

En un momento en el que las ficciones nacionales  brillan por su ausencia (salvo por las escasas repeticiones de algunos ciclos) y que al parecer costará tiempo retomar, pandemia mediante, haber recuperado un unitario de calidad como Atreverse es una brisa de aire fresco.

En poco más de una hora, el capítulo permitió echar una mirada a otro tipo de televisión que parece poco probable volver a realizar y, además, tener un pantallazo de un momento social de la Argentina, los inicios de la década del ’90.

Casi como un recorte documental ficcionado o una vieja foto familiar que revive, de un solo vistazo, el ciclo generó sensaciones evocativas varias.

La escena inicial con los personajes de Luisina Brando (Clara) y Darío Grandinetti (Beto), en la cama de un hotel alojamiento, sólo cubiertos por una sábana, hoy resulta casi naif. Sin embargo, hace 30 años sacudía las estructuras de lo habitual en televisión.

Este episodio se estrenó en 1991 y fue considerado arriesgado para la época.

El lenguaje de los personajes, directo y sin medias tintas, pero con cierta elegancia también para hablar de sexo, que en 2020 se impone con naturalidad, refleja la modernidad del texto y enfoque que pensaron Doria y Langsner entonces. Pioneros.

Sí resultó curioso escuchar a los mismos que habían tenido relaciones sexuales, minutos antes, tratarse de usted mientras arreglaban la tarifa por los servicios del taxi boy, interpretado por Grandinetti.

Y, más aún, escuchar hablar de australes, en vez de pesos. Y ver a los personajes comunicándose por un teléfono de línea y fumando en un espacio cerrado.

Por entonces, los clubes de strippers donde trabajaba Beto eran la gran novedad. Y que un grupo de amigas, interpretadas por Brando, Tina Serrano y Betiana Blum, fueran a divertirse un rato, rozaba la “indecencia”.

Atreverse. Sexualidad y prostitución en el capítulo “Perder la cabeza”, con Luisina Brando y Dario Grandinetti,

Tanta agua corrió desde entonces, que esas mujeres apenas entrando a los 40 años (el personaje de Luisina cumple 42 en la historia), ya eran y se sentían como “señoras grandes”.

Los recientes años de lucha feminista por el empoderamiento femenino modificaron tanto la perspectiva de género que, aún en la mirada moderna y adelantada de Doria, resulta chocante la naturalidad con la que el personaje de Tina Serrano muestra un ojo morado, debido a un golpe de su marido, sobre el cual hasta se hace un comentario relajado y todo pasa como si nada.

Los diálogos entre Clara y su marido, Horacio (interpretado por Jorge Marrale, un hombre muy preocupado por rendir bien sexualmente), sobre su crisis matrimonial, tienen gran vigencia gracias a la crudeza y verosimilitud de las palabras. “Siempre pensé que eras frígida”, le dice él.

En esa hora compacta de ficción hubo tiempo para hablar de infidelidad, insatisfacción y fantasías sexuales; de prostitución, masculina y femenina, y los prejuicios que las rodean, entre otros temas.

La galería de personajes estuvo sostenida por grandes actuaciones y por recursos como el del fondo negro, mientras los personajes hablan a un supuesto psicólogo, pero mirando a cámara, buscando la complicidad del espectador.

Todo al servicio de contar una historia que, cuando está bien hecha, resiste el paso del tiempo.

SL

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