Artemis: “Los heterosexuales me generan incomodidad, resentimiento”



-¿Ser un gay famoso qué cuidados requiere?

​-Mucha competencia. Mi mirada está puesta en mí. No me importan los otros. Eso no quiere decir que les falte el respeto, pero a nivel ser humano no me enfoco en la carreras de los demás. Los gays tienden a ser competitivos. El gay suele tener puesta la mirada en el otro.

-¿Vos sos el gay distinto?

​-Nunca un chisme. Me descoloca competir y no me sirve ni me paga. Enfoque about me.

Una presencia asombrerada. García Lorca kosher. Más largo que alto. Santiago Artemis, el diseñador de moda (que está de moda), parece una planta de interiores. Dan ganas de regarlo. Es indiscreto, comunicativo, franco, espléndido, repentista, afeminado.

Esta mañana se encuentra en estado puro y toda su atractiva mariconería se abre como un libro de Manuel Puig. Lleno de observaciones y enredos mentales, hiperkinético, estresado, va, viene, nos saluda de lejos, atiende a una clienta que llegó de España, le muestra lo que escribió para la editorial Random House (El chico del Fin del Mundo). Inflamado, un open mind que anda desplegando sus alas de cotillón. Todo para afuera, Artemis. Más espuma que un millón de litros de cerveza.

-En tu libro hablás especialmente mal del universo gay.

-Sí, porque hay gente realmente mala. Mucho buscapán suelto. Buscapán es un término que uso mucho. Se refiere a los trepa, los oportunistas, los mediocres. Gente que te quiere porque pretende de vos. No hay nada peor que la pretensión.

“Soy un bruto que se pone ropa de mujer”, la autodefinición de Santiago Artemis. Foto: Fernando de la Orden

-¿Hubiera sido todo más fácil naciendo mujer?

​-No. No me considero mujer para nada. No me identifico para nada con una mujer. Tampoco tengo su sensibilidad. Yo soy un bruto que se pone ropa de mujer, una especie de demostración externa, pero mi psiquis es completamente masculina.

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-Ampliá.

​-Puedo usar pollera y tacos como elementos culturales, pero eso está muy lejos de definirme como persona… Yo de golpe veo chicos con jean y remera que son más afeminados que yo en pollera y tacos. Soy re Cacho en el fondo. Si fuera travesti o trans sería otra cosa, otro lenguaje.

-¿No vas camino hacía ahí?

​-Ni ahí. Ese no es mi camino. Mi camino es ser hombre con elementos de mujer. Imaginate un cumbiero en tacos. Esa es la idea. No dejo de ser varón, no dejo de ser un pibe que eructa y tiene modos bien de pibe.

-¿Cómo te llevás con los heterosexuales?

​-Depende. Con los hombres hétero no tengo mucha relación. Desconfío, me generan incomodidad, resentimiento. Pero ahora estoy mucho mas relajado que cuando escribí el libro, donde digo esto que te estoy respondiendo. Ahora estoy muy meditación. Igual no me acerco mucho, porque no existe relación entre moda y heterosexualidad. Y si existe sólo es en el plano contable, económico…

-¿Tu papá quería que fueras gendarme?

-Total, no sé si gendarme, pero sí una persona futbolera, bien hétero. El era el alfa macho tipo maradona: recibíamos el diario Olé en casa… ¡imaginate! ¡El Gráfico llegaba a casa!… ¡ayyy, por favor esa esa revista! Me torturó la cabeza toda mi vida. Mi papá era de Boca y yo, obvio, de River.

-Simón, una de tus parejas más importantes, detestaba que anduvieras vestido de mujer.

-Simón, diez años juntos. Es verdad. Cuando tenés miedo hacés cosas horribles. El miedo no te deja avanzar. Yo soy mas atrevido, más Madonna, más correte. El era mental, correcto, sistemático, precavido.

-Charlotte Caniggia te abre las puertas. ¿Ella es una buena carta de presentación?

-No, nunca lo fue, pero yo necesitaba entrar por alguna puerta y ella fue el camino. I Love Myself.

-¿En el ambiente en el que te movés sos tildado de grasa?

-A veces genera molestia mi presencia, porque yo represento algo que ellos no entienden. Tenés que tener el corazón muy bien dispuesto para entenderme. Si ya de entrada me das de baja, es por miedo. De vuelta el miedo…

-¿Hablás de tu vida o de tu obra?

-Mi ropa esta muy ligada a mi persona. Como diseñador, estoy orgulloso de que así sea. No hay otro diseñador en este país que sea persona, personaje. Es mi doble cara.

Su doble cara. “En este país, no hay otro diseñador que sea persona y personaje”, se ufana Santiago Artemis. Foto: Fernando de la Orden

-En la facultad te bocharon en una materia porque decían que le habías plagiado un modelo a Jorge Ibáñez.

-Jamás. Jamás me copié de nadie. Me bocharon porque vivía faltando. Les molestaba que yo viajara por el mundo y por trabajo. A favor de ellos debo decir que me tenían mucha paciencia, porque es cierto que mis trabajos, por los viajes y las responsabilidades, estaban decayendo. Un día un docente me dijo: “Te tenés que ir de la carrera de Diseño”.

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-¿Terminaste?

-No, me faltan tres materias anuales, pero es lo mismo, no cambia nada. Trabajo igual o más que antes. Imaginate que sin terminar la carrera yo tengo más éxito que los que cursaron todo. ¿Los que se recibieron y sacaron diez donde están? 

-¿Cuánto cobrás por un vestido?

-Ayyy, no me gusta hablar de eso.

-¿A Katy Perry cuánto le cobraste?

-Emmmm, en dólares. No me gusta dar números en los medios de comunicación.

Santiago Artemis trabajó para estrellas internacionales como Katy Perry o Xuxa. Foto: Fernando de la Orden

-¿Le hiciste un vestido a Xuxa?

-Fue lo más, sí. Amo a Xuxa. Hablamos seguido por WhatsApp.

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-Julieta Venegas se viste bastante mal…

-Hace mucho que no la veo, pero sí.

-¿Qué harías con Cristina Kirchner?

-La vestiría como a Margaret Thatcher, versión moderna. Blazer con falda, tailleur, blazer con pantalón. Todo el mundo la odia, pero yo no tengo drama con ella.

-La votaste.

-Yo estaba en Japón ese día y emití mi voto desde allá. Voté a Macri, pero quería votar a Fernández… Estoy en vías de desarrollo en ese aspecto de mi vida.

-¿Qué tipo de hombre te gusta más: un Novaresio o un Tortonese?

-Me gustan los dominables. El que maneja la relación soy yo. Si tengo que elegir, Novaresio. Hashtag Daddy. Me da papá, padre idílico.

-Qué fue más jodido para vos, ¿ser gay o ser mormón?

-Las dos.

-Y encima flogger nacido en Ushuaia…

-Pero de eso estuve orgulloso. Lo más complicado es ser un incomprendido, un freak: mi forma de hablar era diferente, mis gustos, mi manera de comunicarme era diferente. De chico, actuaba, era performático, poético, romántico, camp, kitsch. ¡Una novela era! Siempre viví interceptado entre la realidad y la fantasía. Conocí el amor propio hace relativamente poco.

-¿Ser desinhibido es parte del trabajo?

-Para mí eso remite a la palabra estrés, una palabra que no me gusta. Cuando me noto estresado me hablo, veo la raíz del problema,. Soy muy sincero conmigo mismo. Conozco el remordimiento, la culpa. Me pregunto qué me pasa. Si es que no me siento lindo, si es esto o lo otro. Me hago preguntas. Me analizo constantemente y eso me va relajando.

-¿Qué importancia tiene cómo se viste la gente? ¿Llegaste a alguna conclusión?

-Sí. Hay personas que quieren vestirse de determinada manera y no se animan por temor a destacarse o a llamar la atención. Por eso la gente se vuelve indumentariamente homogénea. Nadie quiere destacarse. Nadie provoca. 

-¿No es la moda lo que nos vuelve horriblemente superficiales?

-La moda es una forma de comunicación. Habla absolutamente de uno. Cada persona que camina por la calle no para de hablarme de cómo se siente a través de lo que lleva puesto. Yo sé conversar con la ropa.

WD

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