Andrés Calamaro en el Movistar Arena: un recital ‘lindísimo con un repertorio imbatible



El recital de Calamaro estuvo lindísimo. No hay nada tan perfecto como un repertorio de Andrés Calamaro, que podría, tranquilamente, hacer tres shows distintos con tres listas diferentes, saliendo no solo ileso, sino victorioso. Hace un rato terminó uno de esos conciertos impecables en el sentido de legibles, de plagados de éxitos, pero también reforzado con atención en el bello presente de las nuevas canciones.

Por un lado, Calamaro hizo más de mil temas, sin embargo Paloma se posa como el síndrome del Let It Be que acompaña a tantos artistas. Es raro el fenómeno porque Andrés no es uno más. De hecho quizás estemos hablando de un autor que superó en éxitos a Charly García, y que si por ventura no tiene un lugar en el podio, será culpa del paternalismo rockero.

Se lo ve saludable en general, con aires de pomposo anfitrión, haciendo reverencias y verónicas, conversando un poco con la amable afición, brindando detalles de tauromaquia o simulando, con florida metáfora de torero, que todo esto del Movistar Arena no es más que la coreo de una corrida.

En muy buena forma, Andrés Calamaro coronó un concierto impecable, en la noche del jueves 5 de diciembre. (Foto: Martín Bonetto)

El primer bloque incluye muchas canciones del decimoquinto álbum solista de Calamaro, Cargar la Suerte. Lo dicho, un ejemplo de vigencia para quien muestra credenciales diciendo que debutó en un escenario en 1978, pero que canta, sin pedir permiso ni perdón, los temas del disco que le dan nombre a la gira.

Un depredador capaz de hacer una lista de 25 temas que son prácticamente 25 hits. Difícil mantener el orgasmo durante tanto tiempo. De golpe te sentís injusto porque Loco, por ejemplo, te suena algo pinchado. Cuerdo. Y claro, en realidad venís de una maratón infernal con A los Ojos, Alta Suciedad, Tránsito Lento, Me Arde, Algún lugar encontraré, Rehenes, Tuyo siempre, Crímenes perfectos, etc. (etcétera: nunca mejor aplicado).

Decidor, hablador pero por sobre todo, Calamaro es un cantautor sin dobles, a pesar de los intentos. (Foto: Martín Bonetto)

El último disco tiene dos canciones con destino de antología. Una, sin dudas, es Cuarteles de invierno.

Algo así como 16 mil personas llenaron la última función de la gira que Calamaro arrancó en Albacete, España, y terminó, hace unas horas, con el Salmón sin problemas de nariz y garganta, improvisando sobre geniales melodías, arriesgando falsetes, más tecladista que en los últimos tiempos, menos guitarrista que nunca, y acompañado por una banda que repiqueteaba fenómeno en un estadio donde el sonido era tan impecable que no se escucharía ni La 12.

Aunque los miserables piensen que su economía ejemplar -como diría Piero-, es fácil como una mañana de sol, Calamaro hay uno solo. Sólo él se puede repetir porque es irrepetible. Es el único que supo llegar a los cinco trazos de la paloma -la de Picasso-, sin necesidad de atravesar etapas cubistas.

Unas 16 mil personas llenaron el Movistar Arena, en la última fecha de la gira de presentación de “Cargar la suerte”. (Foto: Martín Bonetto)

El recital estuvo lindísimo. No desconfiemos de los superlativos. ¿De qué otra manera se podría definir ¿Cuando no estás?, la mejor canción de amor de los últimos diez años. ¿De qué otra forma referirse a maravillas como el El Salmón o Clonzepan y Circo? Lo escuchás cantando Los Aviones y si te descuidás es la mejor canción que escuchaste en tu vida.

Su postura escénica es la del hombre de una sola pieza que trabajó incansablemente para asfaltar la ruta -como él dice- de un montón de los que hoy existen (incluso de los que existen sin necesidad aparente). Calamaro nos dice un montón de cosas: dice que en política vale todo, pero que la música que uno escucha nos define como personas.

Y entonces, señoras y señores, entonces lo que hizo anoche fue un recital de rock en una sala ideal donde el aire acondicionado fue el quinto beatle.

Andrés Calamaro contó con el respaldo de una puesta sobria y sin fisuras. (Foto: Martín Bonetto)

¡Momento! Por fin parece que hará uso de su palabra para mostrar algo de la filosa verba tuitera. ¿Composición tema La Vaca? No, los toros otra vez, algo que no admite (tanta) polémica ni que hizo que la gente saliera diciendo “¡pero qué perniciosas las corridas de toros!” Igual, valiente Andrés: no olvidar que integra el grupo selecto de seres humanos que pueden ser noticia por un resfrío.

La versión Bryan Ferry de All U Need Is Pop, el saludo a Hebe de Bonafini en su cumpleaños, a Pity Alvarez preso. El mate, tres mates camperos, las bromas sobre el ADN uruguayo y severo como derecho humano… Hasta le tendrán que pedir que vuelva a cantar, y Calamaro se ríe y sólo se tomará un segundo más para despacharse en plan standapero con inusual y desconocida soltura. “Muchas gracias por escucharme con tanto respeto. No hacía falta”. 

Rendido ante “el soberano”, Andrés Calamaro exhibió una inusual soltura en el ida y vuelta. (Foto: Martín Bonetto)

Caminando por el escenario de un lado al otro. Poniéndose el público en un puño. En las antípodas del tímido Andrés de El Regreso que se refugiaba en las teclas.

Calamaro ha ido cambiando. Nunca fue como Iggy Pop, que todavía hoy revuelca su artrosis por el piso. Una muestra fotográfica y circular diría que este señor-autor de tantas canciones arrancó de saco y corbata en la foto del primer disco de Los Abuelos de la Nada, y que llegó al presente recital con merecido aplomo de peso pesado. Y vincha.

Por lo demás, un ser de luz: diurno, matinal, sutil, profético en su tierra. Parado sobre un escenario espartano, con cuatro músicos presuntamente impecables y rodeado de tres pantallas cargadas de unas imágenes retro que ni Morrissey.

Un pomposo anfitrión, con ribetes de un Diego Armando de la canción, que ensaya reverencias como si su recital no fuera otra cosa que la coreo de una corrida taurina. (Foto: Martín Bonetto)

Sobre el final, cuando los corazones se aceleraban con la inspirada versión de Los Chicos (piel de gallina ver todos nuestros muertos), se pega De música ligera, previa escala en Nirvana, y pasamos por Milonga del marinero y el capitán y Estadio Azteca, con Calamaro siendo un extra en el video de Diego Maradona.

Y sí, llega el plato fuerte y volador de Paloma. Después el final. Puede que Flaca ya no sea un tema que pongamos tanto en casa, pero en vivo, y sobre el epílogo del concierto, vamos a cantarla con todo el amor del mundo.

A esta altura, Calamaro es el constructor de un espacio para escuchar, cantar y también soñar, con piezas que forman parte del inconsciente colectivo. (Foto: Martín Bonetto)

Párrafo aparte para la gente. Calamaro admite cruces generacionales que en nada se parecen al tedio jurásico de-chico-acompañando-al-padre. Con nuestros propios ojos hemos visto lo siguiente: abuela, madre, hija y nieta (dormida en brazos).

E.S.

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