Ana Rosenfeld: “Me dicen ‘el terror de los maridos’ desde el divorcio de Pettinato”


“Siempre soy noticia. Estando o no estando. Por un caso mío o por terceros”. Con esas palaras, la abogada Ana Rosenfeld comenzó a explicar cómo se sintió tras el revuelo generado cuando recibió la vacuna de Moderna contra el coronavirus en Miami. “Fue tapa de los diarios y hubo mucha opinión pública mal informada y mal intencionada porque en definitiva yo no cometí un acto irregular, inmoral, ni ilegal”.

Tal como narró, “lo único que pedían en ese momento era la edad”, por lo que su yerno le sacó el turno online. “Cuando decidí que era importante la vacuna porque había tenido el precedente de mi hija, de 29 años, a punto de dar a luz, con un Covid muy fuerte. Nadie sabía nada, y menos de una mujer embarazada. Al saber lo que implicaba la enfermedad y el desconocimiento de la enfermedad, dije: ‘En la parte del mundo en el que esté, si dan vacunas, yo me vacuno. Y se dio. Fui la primera argentina (en vacunarme en Estados Unidos), 1° de enero de 2021”, explicó.

Según contó la abogada, desde la época en que representó a la expareja de Roberto Pettinato en el divorcio con el conductor la apodan “el terror de los maridos”, sello que le quedó después de una tapa de revista Veintitrés en la que la catalogaron como “el terror de los maridos infieles”. “Con el paso del tiempo, la infidelidad dejó de ser causal de divorcio y no importaba si la infidelidad era de las sábanas o financieras”, explicó.

Rosenfeld subrayó que su trayectoria en casos mediáticos, le dio “la oportunidad de tener un micrófono”, el cual lo puede usar para defender a cualquiera de los famosos que pasan por su estudio. Con humor, contó que también utiliza ese beneficio para dar un mensaje: “Yo siempre miro a cámara, y digo: ‘Señora, usted también tiene derechos’”. Más tarde, puntualizó: “En los divorcios, el 99,9% de los casos la víctima es la mujer”.

En relación a esto, en su estudio se luce un cartel que dice: “El matrimonio es una relación en donde uno siempre tiene la razón y el otro es el marido”. Según ella, “la mujer tiene que laburar el doble para demostrar su mitad”. Y entonces sentenció: “Aunque las juezas sean mujeres, la Justicia es machista y a las mujeres les cuesta mucho marcar sus derechos”.

Ana Rosenfeld, la abogada de Pampita, Wanda Nara, Karina Jelinek y Luciana Salazar

Además, dijo que tratar casos de divorcio hizo que hoy la quiera la mitad de la población por defender ciertos derechos y, la otra mitad, la odie. “Son los que están del lado de enfrente. Los que no quieren pagar, no quieren cumplir, no quieren que les aumenten la cuota alimentaria y no le quieren dar a la mujer lo que le corresponde”. Luego, disparó: “Los hombres que tienen más plata son los que más esconden”.

Para ella, “a la Justicia no le cambia que el caso sea de un famoso”, aunque sí eso despierte el interés de los medios. Además, Rosenfeld advirtió cómo inciden las causas que involucran a celebridades en la sociedad, y explicó que les permiten a los ciudadanos “comunes” reconocer algunos de sus derechos: “El famoso es como un semáforo, que hace que la gente abra los ojos y diga: ‘Si ellos lo plantean, eventualmente yo también lo puedo plantear’”.

Según consideró la abogada de Pampita, Wanda Nara, Karina Jelinek y Luciana Salazar, antes, la mediatización de los casos podía incidir en algunos casos porque “los jueces y fiscales no estaban acostumbrados a que su nombre o juzgado estuvieran en tela de juicio porque se hablaba de la Justicia, no se hablaba de los jueces”. Luego, al volver a analizar la escena actual, señaló: “Los jueces no viven en un tupper”. Y subrayó: “Tratan de mirar para adelante y no cometer torpezas jurídicas. Por eso, no porque les caiga o no bien el personaje van a hacer cosas que tengan antijuricidad”.

Valiéndose de su propia experiencia, Rosenfeld criticó la lentitud de algunos jueces, y opinó: “La Justicia lenta es injusticia. Hay jueces que terminan dándote la razón, pero con el paso del tiempo; y darte la razón, pero tarde, verdaderamente es una injusticia”. Y siguiendo con esta reflexión cuestionó que tuvo que lidiar con “jueces que se han esmerado mucho pensando que sus sentencias iban a ser publicadas”. Así, según dijo, si bien no se apartaron de los Códigos, “se cuidaron mucho de qué escribir y cómo”.

Cuando Thelma Fardin denunció a Juan Darthés por abuso sexual, Rosenfeld decidió no defender más al actor en la Justicia, por lo que le suspendieron la matrícula por “falta a la ética y violación del secreto profesional”. “No sé en qué parte porque yo jamás conté lo que me dijo Darthés”, subrayó y contó que su estudio siguió trabajando para él en el caso contra Calu Rivero hasta que se puso otro abogado.

Por esta sanción -que todavía no está vigente- inició una demanda contra el Colegio de Abogados. Además, señaló que en la audiencia que tuvo, “el tribunal ya tenía pensada la sentencia”. “Después me enteré que el presidente del tribunal odia a los abogados mediáticos, o sea que la sentencia estaba puesta independientemente de mi situación personal o de las explicaciones que pudiera dar”.

Para ella, uno de los casos más emblemáticos de su carrera fue el juicio de Beatriz Salomón. “Es ahí donde yo digo que los jueces no vienen acorde a los juicios que se plantean”, cuestionó Rosenfeld. Según dijo, en este caso hubo mucho “chusmerío” y cuestionó entonces cómo se trató la polémica con su expareja Alberto Ferriols, cirujano plástico. En aquel entonces, ella se enteró al aire que él le era infiel, cuando se mostró una cámara oculta en la que se veía a Ferriols en diferentes situaciones, en un consultorio presuntamente no habilitado y proponiéndole a una chica trans atenderla a cambio de una retribución sexual. “Antes de fallecer, había perdonado a su marido”.

Además de estos casos la abogada se refirió a la batalla legal entre Martín Redrado y Luciana Salazar, contó que los representa a los dos ante la Justicia, negó tener un video único de la expareja y contó que ambos le pidieron que revise todos los contratos de subrogación de vientre.

En otro tramo de la entrevista, y al referirse al caso de Julieta Prandi, Rosenfeld cuestionó que “hay muchas mujeres que confían ciegamente en sus maridos, y están en una cajita de cristal mientras los maridos hacen lo que quieren con la plata”.

Luego, sobre el caso de Rocío Oliva, criticó: “Todas las mujeres que tienen un micrófono critican que una mujer que haya sido conviviente pida el reclamo de compensación económica. Yo no lo inventé. Lo inventó el nuevo Código Civil”. “Fue un sostén emocional muy importante en la vida de Diego Maradona”, consideró.

Rosenfeld explicó que también trabajó con celebridades como Moria, Nacha Guevara y Palito Ortega en lo que respecta a la protección de su “imagen, prestigio y nombre”. Para ella, si las sanciones fueran acordes al daño ocasionado, la gente se cuidaría más de lo que dice. “Uno no puede usar libremente terminología agresiva”, dijo al remarcar la importancia de hacerse cargo de esas palabras. Y añadió: “Hay una prensa muy poco informada y con mucho libertinaje para usar palabras que verdaderamente dañan el honor”. Según destacó, estos juicios son largos (tal como sucedió con el de Salomón): “Las sentencias salen, pero no en el valor con el que realmente componés el daño que te produjeron”.

En este sentido, contó que tiene un juicio que ya lleva cuatro años, de Victoria Vanucci contra Twitter, después de que se la “escrachara” a ella y a Matías Garfunkel con unas fotos que la pareja se había sacado tiempo atrás junto a animales muertos, durante un safari de caza que realizaron en la sabana africana, y otras imágenes en las que se los puede ver portando armas de guerra con una inusual alegría. Por esto, el municipio de Ituzaingó intentó declararla “persona no grata”, algo que finalmente no se concretó. Ante este escándalo, la pareja se fue del país por un tiempo porque “fueron amenazados”.

La abogada explicó que esta causa derivó en que la red social generara normas para defender “supuestamente” al usuario, aunque “no termina de protegerlos porque sigue habiendo trolls, hackers y gente nefasta”. “De red social pasó a red cloacal”, lanzó. “Twitter fue el receptor de toda esa maldad y daño, y todo el mundo se creía con derecho a lastimarlos”.

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