Amor pirata: historia del hit que musicalizó las infidelidades de los argentinos



Tres minutos cincuenta y seis segundos de duración para hablar del “de eso no se habla”. Un comienzo letal (“somos el encuentro clandestino”) para hacernos entrar directo al umbral del adulterio. Fugitivos, ceniceros, cigarrillos, culpa y “un amor que sabe a miel y huele a trampa”…

Norberto Gurvich, alias Paz Martínez, tiene registrados unos 300 “hijos” musicales, pero sabe que hay vástagos melódicos que alcanzaron el pico de la curva. Amor pirata es uno de ellos, la banda sonora de las infidelidades de los argentinos, historia nacida hace 33 años, como borrador de su amigo Juanjo Novaira.

Infaltable cortina a la hora de hablar de poliamor, comodín disponible en Spotify, la “cocina” de ese hit nunca se contó. Corría 1987 cuando Novaira, nacido en Santa Fe y hoy fábrica de hits para otros, le llevó un puñado de letras al ex Trío San Javier. Sonaban de fondo en las radios y sin tregua Ciudad de pobres corazones (Fito), El ritual de la banana (Pericos), Is This Love (Whitesnake)… Hasta que esa balada pirata metió la cola.

El disco “Amor pirata” de Paz Martínez.

“Entre tantas letras, me llamó la atención una que estaba muy bien escrita, muy dura, que decía: ‘sin que sepa tu marido ni se entere mi mujer’. Me entró por los ojos la canción, la imagen de esa pareja. Esto es muy fuerte, pensé. Me gustó inmediatamente”, cuenta Paz, que aportó la música y cambios en la letra de esa perla comercial veinticinco años antes de la creación de Tinder.

Una década antes de que Rodrigo y “Tedy” Tessel escribieran “dejo mi esposa y tú dejas tu marido, para matarnos en cuarto de hotel” (Lo mejor del amor), Paz Martínez co-escribía un manuscrito que iba a elevarlo al cielo del mercado discográfico. Eran tiempos alfonsinistas en los que la picaresca estaba a la orden del día, con ejemplares cinematográficos poliamorosos como El manosanta está cargado o Los bañeros más locos del mundo. ​

​Cuatro manos, tachaduras, asteriscos, anotaciones al margen. En medio de ese trabajo de confección conjunta (la letra es de ambos, la música de Paz), a Martínez se le ocurrió el estribillo, atravesado por una imagen, una representación que marcaría la esencia, el espíritu de la canción, “la idea de un amor con un ojo tapado”.

El disco de Paz Martínez de 1987.

“El Paz” venía del disco Qué par de pájaros, que había fracturado cualquier pronóstico de éxito. Independizado del trío San Javier, le sugirieron participar de un concurso en Canal 9. Presentó el tema “pajaril” con toda la fe, pero no gustó y perdió. Con un empujoncito del Pimpinela Joaquín Galán, que no podía creer que semejante tema no tuviera destino de hit, llegó el disco editado por CBS de Martínez. Claro, faltaba el bombazo de media cancha, el nuevo disco, llamado Amor pirata, con el hit de los infieles incluido.

“Amor Pirata se vendió como pan caliente. 3.000 discos por día. Recuerdo que algunos periodistas condenaban la canción desde lo moral. O preguntaban qué valor social tenía una historia de amor. No creí que fuera el tema más ganchero, era uno más, pero la discográfica lo puso en primer plano en aquel disco porque descubrió un blanco potencial, los amores clandestinos”, detalla el autor/compositor, que hasta hoy vive el “efecto pirata”.

Paz Martínez, músico, compositor, autor y directivo de SADAIC. (Foto: Germán García Adrasti).

“Un día sonó el teléfono y era una voz centroamericana. ‘Queremos premiarte en Miami como compositor de baladas'”, evoca Martínez. “Viajé a recibir el Premio Aplauso. Estaba Gloria Estefan recién llegada de Hong Kong, José Luis Perales, Raphael, Roberto Carlos. Mi viaje más largo había sido a Lanús. Julio Iglesias me contaba que se había comprado su avioncito privado… Yo recibí el premio calladito y dije: “¿Saben? Nunca había salido de mi país. Me ovacionaron. Y fui el único que no hice playback. Todos hacían mímica, y tenían el micrófono apagado”.

¿Se inspiró usted, Paz, en alguna infidelidad propia? La pregunta que harta a Martínez desde 1987 es esa. Con paciencia, el cantante explica que es ficción, que su historia de amor es menos adrenalínica que el imaginario popular argentino. Conoció a su actual esposa Marta en el colegio secundario Mariano Saavedra de Monte Grande, hace 54 años. Desde entonces, están juntos. Son padres de Mariano y Melina, y abuelos de tres niños. Marta es la principal “jurado”, la persona que Paz más escucha cuando ella aconseja “esa estrofa sí, esta otra, no”.

Con el tema como bis obligatorio de cada recital, cuenta Paz que a comienzos de los noventa se acercó antes de un show una “mujer desesperada”. La regla del cantante es no tomar contacto con el público en la prueba de sonido o en la previa, para evitar la desconcentración, pero en aquella jornada se apareció un técnico: “Si no hablás con esa señora que pide verte la señora va a descomponerse”.

La fan en cuestión se acercó y le explicó llorando que por años Amor pirata había musicalizado su historia. Su pareja estaba presa y el nexo para explicarle cómo estaba era llamar a una radio y pedir un tema de Martínez. Si sonaba Amor pirata, el hombre tras las rejas entendía entonces que todo andaba muros afuera. “‘Esta es nuestra primera salida ahora que él está en libertad. Venimos a verte’, me dijo la mujer”, cuenta Paz. “Me quedé asombrado del recorrido que puede hacer una canción y cómo puede servirle al otro”.

Infidelidad. (iStock Photos).

Con un Máster en volantazos y reinvenciones, por estos días el señor que estampó su firma en estribillos populares como “voy a comerte el corazón a besos”, o “ámame en cámara lenta” cambió la letra de Amor pirata y lo adaptó a la pandemia para hacer entrar en razón a los infieles que rompen la cuarentena. “Pero justo ahora no podemos, y no es porque no quiero, esto es una eternidad. Ya no sé qué hacer con estas manos, las estiro, las alargo y no te puedo alcanzar… Nosotros somos un amor pirata, pero esta vez, te pido amor, ¡quedate en casa!”.

Mz

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