Al Pacino y sus confesiones sobre El Padrino

Es difícil imaginar El Padrino sin Al Pacino. Su discreta interpretación de Michael Corleone, que se convierte en un respetable héroe de guerra a pesar de su familia corrupta, pasa casi desapercibida durante la primera hora de la película, hasta que por fin se impone, tomando gradualmente el control de la operación criminal de los Corleone y de la película.

Pero tampoco habría Al Pacino sin El Padrino. El actor era una estrella emergente del teatro neoyorquino con un solo papel en el cine, en el drama sobre la droga de 1971, Pánico en Needle Park, cuando Francis Ford Coppola se jugó por él, en contra de los deseos de Paramount Pictures, para que interpretara al rumiante príncipe de su epopeya mafiosa. Le siguieron medio siglo de roles cinematográficos fundamentales, incluidos dos turnos más como Michael Corleone en El Padrino Parte II y Parte III.

El Padrino se estrenó en Nueva York el 15 de marzo de 1972 y, 50 años después, se pueden imaginar todas las razones por las que Pacino no querría volver a hablar de ella. Tal vez se sienta avergonzado o molesto por el hecho de que esta actuación, desde el principio de su carrera cinematográfica, siga dominando su currículum, o tal vez ya haya dicho todo lo que había que decir al respecto.

Al Pacino cuenta lo difícil que fue que lo aceptaran para protagonizar el filme. Y por qué no fue a la ceremonia del Oscar. Fotos Archivo Clarín

Al Pacino cuenta lo difícil que fue que lo aceptaran para protagonizar el filme. Y por qué no fue a la ceremonia del Oscar. Fotos Archivo Clarín

Pero en una entrevista telefónica el mes pasado, Pacino, que ahora tiene 81 años, se mostró bastante filosófico, incluso caprichoso, al hablar de la película. Sigue siendo un ferviente admirador de la misma y de todo lo que Coppola y sus coprotagonistas hicieron para apoyarla.

“Estoy aquí porque hice El Padrino“, dijo Pacino desde su casa de Los Ángeles. “Para un actor, eso es como ganar la lotería. A la hora de la verdad, no tuve nada que ver con la película más que interpretar el papel”.

Era Pacino o Pacino

Según recuerda Coppola, Pacino fue a quien vio en el papel todo el tiempo y un candidato por el que valía la pena jugarse, a pesar de su falta de trayectoria.

"Es difícil explicar en el mundo actual quién era yo en ese momento y el relámpago que supuso", dijo Pacino.

“Es difícil explicar en el mundo actual quién era yo en ese momento y el relámpago que supuso”, dijo Pacino.

“Cuando realmente leí el libro de El Padrino, no dejaba de imaginarlo”, dijo Coppola en otra entrevista. “Y no tenía una segunda opción. Para mí, siempre fue Al Pacino. Esa es la razón por la que fui tan tenaz en conseguir que interpretara a Michael. Ese era mi problema”.

Pero para el actor, realizar la interpretación de su vida conllevaba sus propias cargas, como aprendería en los años siguientes.

“Es difícil explicar en el mundo actual quién era yo en ese momento y el relámpago que supuso”, dijo Pacino. “Sentí como si, de repente, se hubiera levantado algún velo y todos los ojos estuvieran puestos en mí. Por supuesto, estaban en otros en la película. Pero El Padrino me dio una nueva identidad que me resultó difícil de asumir”.

Marlon Brando en una escena del filme que estrenó el 15 de marzo de 1972.

Marlon Brando en una escena del filme que estrenó el 15 de marzo de 1972.

Pacino habló además sobre la contratación y el rodaje de El Padrino, el peso de su legado y por qué no volvió a interpretar a otro personaje cinematográfico como Michael Corleone después. Estos son extractos editados de nuestra conversación.

-Cuando recibís una llamada pidiéndote que hables de “El Padrino”, ¿hay alguna parte tuya que piensa: ¡no, Dios, otra vez no! ¿Alguna vez se volvió tedioso?

-Bueno, no. Te lo esperás. Esperás que se hable de las cosas que funcionaron y de las que no. Tenés la sensación de que alguien te va a atacar. Sólo tenés que ir: he estado aquí, he hecho esto. Pero está bien. Es mejor que hablar conmigo mismo sobre el tema.

Michael y Don Corleone. Paramount no quería ni a Pacino ni a Brando. Coppola logró imponerse.

Michael y Don Corleone. Paramount no quería ni a Pacino ni a Brando. Coppola logró imponerse.

-¿Cómo surgió el papel de Michael Corleone?

-En ese momento de mi vida, no tenía elección. Francis me quería. Había hecho una única película. Y no estaba tan interesado en el cine hasta el punto en que me interesó. Mi cabeza estaba en otro espacio. Me sentía fuera de lugar en las primeras películas que hice.

Recuerdo que le dije a mi amigo Charlie (su mentor, profesor de interpretación, Charlie Laughton): Vaya, hablan de que es real, pero mientras tanto no lo es. Porque hay cables por todas partes. Y además, ¡tenés que volver a hacerlo! (Risas.) Lo hacés y te dicen, bueno, volvé a hacerlo, de nuevo. Es real e irreal al mismo tiempo. Lo que requiere acostumbrarse.

Francis Ford Coppola llamó a Pacino a San Francisco para ofrecerle un guion. Estuvieron cinco días juntos.

Francis Ford Coppola llamó a Pacino a San Francisco para ofrecerle un guion. Estuvieron cinco días juntos.

-¿Cuándo se conocieron con Coppola?

-Para hacer un poco de historia, Francis era un cineasta que tenía Zoetrope (su productora, American Zoetrope), y gente como Steven Spielberg y George Lucas y (Martin) Scorsese y (Brian) De Palma formaban parte del grupo. Y recuerdo haber visto a algunos de ellos cuando Francis me pidió que fuera a San Francisco después de haberme visto en una obra en Broadway. ¿Conocés esa historia? Ahora estoy contando viejas historias. (Risas.)

-Está bien. Por eso estamos aquí.

-Me vio en el escenario (en la función de Broadway de 1969 de Does a Tiger Wear a Necktie?), pero nunca lo conocí personalmente. Para entonces ya había escrito Patton y me envió un guion para una maravillosa historia de amor que nunca se produjo. Quería verme. Eso significaba que tenía que tomar un avión e ir a San Francisco, algo a lo que no estaba acostumbrado.

Pensé, ¿hay alguna otra manera de ir? No puedo decirle a este tipo que venga hasta acá, ¿verdad? Así que me dije, voy a ir. Pasé cinco días con él. Fue realmente especial, esta película. Pero fuimos rechazados, por supuesto. Yo era un actor desconocido y él había hecho un par de películas. Así que regresé a casa y no volví a saber de él.

Cuando terminaron de rodar el funeral de Don Corleone, Pacino encontró a Coppola llorando.

Cuando terminaron de rodar el funeral de Don Corleone, Pacino encontró a Coppola llorando.

-Pero lo hiciste, finalmente. ¿Cuándo fue eso?

Pánico en Needle Park aún no se había estrenado. Y recibí una llamada de Francis Coppola, un nombre del pasado. Primero dijo que iba a dirigir El Padrino. Pensé, bueno, podría estar pasando por una minicrisis o algo así. ¿Cómo le dieron El Padrino?

-¿No creías que era posible que lo hiciera?

-Tengo que decirte que ya era un gran negocio. Era un gran libro. Cuando sos actor, ni siquiera ponés los ojos en esas cosas. No existen para uno. Estás en un determinado lugar de tu vida en el que no vas a ser aceptado en esas grandes películas, al menos no todavía. Y me dijo que no sólo la iba a dirigir (comenzó a reír) sino que quería que yo lo hiciera. Lo siento, no quiero reírme.

Es que me pareció tan escandaloso. Aquí estoy, hablando con alguien que creo que está enloquecido. Dije, ¿en qué tren estoy? DE ACUERDO. Complacer al tipo. Y él quería que hiciera lo de Michael. Pensé, OK, voy a seguir con esto. Dije, sí, Francis, bien. ¿Sabés cómo te hablan cuando te resbala? Dicen: “¡Sí! ¡Por supuesto! Sí!” Pero no lo era. Era la verdad. Y entonces me dieron el papel.

Pacino junto a Diane Keaton, su esposa en la ficción y que fuera su pareja en la vida real.

Pacino junto a Diane Keaton, su esposa en la ficción y que fuera su pareja en la vida real.

-Es famoso que Paramount se opuso a la idea de que interpretaras a Michael.

-¡Bueno, rechazaron a todo su reparto! (Risas) Rechazaron a Brando. Rechazaron a Jimmy Caan y a Bob Duvall. Hubo conflicto.

-Hace poco vi algunas de tus pruebas de pantalla de “El Padrino”, y parecías tener esa mirada de perrito mientras te pedían que las repitieras una y otra vez.

-Sí, siempre tenía esa mirada. (Risas.) Era una fachada que me hacía pasar por esas audiciones. Porque grandes actores hacían audiciones para esto. Pero éste es el secreto: por alguna razón, él me quería y yo lo sabía. Podía sentirlo. Y no hay nada como eso, cuando un director te quiere. Es lo mejor que puede tener un actor, de verdad.

Foto de época. James Caan, Marlon Brando, Al Pacino y John Cazale: Papá y sus hijos varones.

Foto de época. James Caan, Marlon Brando, Al Pacino y John Cazale: Papá y sus hijos varones.

-Pero no eras exactamente un don nadie. Ya habías ganado un premio Tony.

– En la isla de Manhattan me estaban pasando cosas. Había hecho El indio quiere el Bronx. Era joven. Conseguí el premio Obie y luego gané un Tony. Después me despidieron de una obra. (Risas.)

-¿Qué obra?

-Me despidieron de una obra. Me dejaron ir. Digámoslo así. Resulta que sos el protagonista, pero te dejamos ir. Así de mal estás en esta actuación. Así que era conocido en ciertos sectores. No buscaba trabajo en ese sentido, sino que me comprometía con las cosas.

-Cuando entraste en el rodaje de “El Padrino”, trabajando al lado de gente como Caan y Duvall, que tenían bastante más experiencia en el cine, y de Brando, al que admirabas mucho, ¿cómo te mantuviste?

-Pensé en el papel. Pero no podía articularlo en ese momento. Hoy podría articularlo. Pensaba que era un personaje que podía ser muy eficaz si salía de la nada. Esa era mi visión para él. No podía, naturalmente, mencionarlo a nadie porque no sabía cómo decirlo. Pero podía pensarlo. Y sentí que estaba trazado para mí cuando leí el guión.

Cuando "El Padrino" cumplió 25 años, se reunieron en San Francisco Alex Rocco, James Caan, Coppola, Pacino, Gianni Russo, Talia Shire y Robert Duvall.

Cuando “El Padrino” cumplió 25 años, se reunieron en San Francisco Alex Rocco, James Caan, Coppola, Pacino, Gianni Russo, Talia Shire y Robert Duvall.

-¿Cómo es eso?

-No está apareciendo mucho. Está ahí, pero no aparece del todo. Supongo que gran parte de la historia se basa en ese discurso en el que dice que voy a ir por esos tipos (el capo de la droga Sollozzo y el policía corrupto, el capitán McCluskey), y todos empiezan a reírse de él.

-¿Es decir, que se subestimaba a Michael y eso era algo con lo que podías conectar y utilizar en tu beneficio?

-Exactamente. Pero te diré que no pudieron ser más reconfortantes. Yo era joven, era desconocido y fueron muy reconfortantes. Había amor allí. Lo entendieron, Brando especialmente. Pero los otros también. Se convertían en esos hermanos mayores y consejeros que interpretan en la película. Ese tipo de emociones y colores en ellos salieron, tanto en la actuación como en la vida. Se compenetran.

-¿Hubo algún momento durante el rodaje de “El Padrino” en el que te diste cuenta de que iba a ser tan grande como lo fue?

-¿Recordás la escena del funeral de Marlon? Se acabó la noche, el sol se ponía. Así que, naturalmente, estoy contento porque me voy a casa y me tomo unas copas. Iba de camino a mi trailer, diciendo, bueno, hoy estuve bastante bien. No tuve líneas, ni obligaciones, estuvo bien. Cada día sin líneas es un buen día. Así que vuelvo a mi trailer.

Y ahí, sentado en una lápida, está Francis Ford Coppola, llorando como un bebé. Llorando profusamente. Me acerqué a él y le dije: “Francis, ¿qué pasa? ¿Qué pasó?” Me dijo: “No me dan otra oportunidad”. Es decir, no le permitieron filmar otro montaje. Y pensé: OK. Supongo que estoy en una buena película aquí. Porque tenía este tipo de pasión y ahí está.

-¿Volviste a ver la película recientemente?

-No. Puede que la viera hace dos o tres años. Es el tipo de película que, cuando empezás a verla, seguís viéndola.

En pleno ensayo. Solos, Al Pacino y Marlon Brando.

En pleno ensayo. Solos, Al Pacino y Marlon Brando.

-¿Te cohibís al ver tus propias películas?

-No. Me gusta ver las películas en las que participé. A veces las muestro. Les digo: “¡Vengan por aquí! ¡Aquí está! ¡Soy yo, sí! Miren esto”. Bueno, no voy tan lejos. Pero lo haría si pudiera. Creo que El Padrino se reproduce sin importar qué. Pero te sorprendés cuando te das cuenta de la cantidad de gente que nunca la vio.

-¿Te encontrás con gente que conoce “El Padrino” como fenómeno cultural, pero que no la vio?

-Han oído hablar de la película. Eso es lo que ocurre. “Algo escuché… ¿estuviste en la película? Era una película, ¿no?”.”Sí. También lo fue El Ciudadano, por cierto; también estuve ahí “. ¿Por qué no? No lo saben.

-¿Hay algo de tu actuación que desearías cambiar ahora?

-Quizá me haya liberado. Es como cuando una vez perdí la billetera a los 20 años. No tenía dinero, pero lo que tenía, lo tenía en la billetera y lo perdí. Me dije: “Al, simplemente tenés que olvidar esto. Sacarlo de tu mente, ¿de acuerdo? Sabés lo que te pasará si seguís pensando en eso”. Así que, lo que hago es, no pensar en eso.

– ¿A quién de la película no se le reconoce suficientemente su contribución?

-John Cazale, en general, fue uno de los grandes actores de nuestro tiempo, de esa época, de cualquier época. Aprendí mucho de él. Hice mucho teatro y tres películas con él. Era inspirador. Y no recibió crédito por nada de eso. Participó en cinco películas, todas ellas nominadas al Oscar, y estuvo genial en todas. Estuvo especialmente bien en El Padrino II, y no creo que recibiera ese tipo de reconocimiento.

-Hay una intensa tranquilidad en tu interpretación de Michael en “El Padrino” que no creo haber vuelto a ver en tus otras interpretaciones cinematográficas, incluso en las últimas veces que lo interpretaste. ¿Fue una parte tuya que desapareció o fue simplemente la naturaleza del personaje la que lo requería?

-Me gustaría pensar que fue la naturaleza de esa persona en particular y de esa interpretación. No puedo pensar en ningún otro personaje que haya hecho que pueda utilizar ese tipo de marco. Yo era un actor joven; en Parte III, ya no era joven, pero eso no es culpa mía. (Risas.)

-Pero en comparación con otros personajes con los que también estás muy relacionado, como Tony Montana en “Scarface”…

Coppola hizo de todo por tenerlos en "El Padrino", pero luego Al como Marlon le pidieron fortunas para trabajar en sus próximos proyectos.

Coppola hizo de todo por tenerlos en “El Padrino”, pero luego Al como Marlon le pidieron fortunas para trabajar en sus próximos proyectos.

-Bueno, ese personaje, Tony Montana, fue escrito por Oliver Stone y dirigido por Brian De Palma, que quería la realidad aumentada. Brian quería hacer una ópera. Todo lo que quería era imitar a Paul Muni. (Risas.) Pero si pongo Tarde de perros con El Padrino, o Sérpico, no veo ningún parecido. ¿Diría que Michael es más introspectivo? Eso es lo que yo diría. Y no conozco ningún otro personaje introspectivo que haya interpretado. Pero si nos sentamos, encontraremos algo.

-Recibiste tu primera nominación al Oscar por “El Padrino”, pero no asististe a la ceremonia de ese año. ¿Protestaste porque fuiste nominado como actor de reparto y no como protagonista?

-No, en absoluto. Estaba en esa etapa de mi vida en la que era algo, más o menos, rebelde. Sí que volví por otros premios. Pero no fui a esos al principio. Era la tradición. Creo que Bob (De Niro) no fue a ninguna. George C. Scott ni siquiera fue. Tuvieron que despertarlo. (Risas.) Marlon no fue. Mirá, Marlon devolvió el Oscar. ¿Qué te parece? Se estaban rebelando de la cosa de Hollywood. Ese tipo de cosas estaban en el aire.

-¿Todo esto contribuye a tus sentimientos de entonces sobre tu fama creciente?

-Me sentía algo incómodo por estar en esa situación, por estar en ese mundo. También estaba trabajando en escena en Boston en ese momento (en Ricardo III). Pero era una excusa. Simplemente tenía miedo de ir. Era joven, más joven incluso que mis años. Era joven en cuanto a la novedad de todo esto. Era el viejo síndrome del disparo de un cañón. Y está relacionado con las drogas y ese tipo de cosas, en las que yo estaba metido, y creo que eso tuvo mucho que ver. Simplemente no era consciente de las cosas por aquel entonces.

-Cuando ganaste el Oscar por “Perfume de mujer”, ¿hubo una parte tuya que todavía deseaba haberlo ganado por interpretar a Michael Corleone?

-En absoluto. Si lo pienso ahora, diría: “¡Claro que debería haber ganado! ¡Tendría tres Oscars! Sería como los grandes”. (Risas.) No, no pienso eso. Es una cosa seria. Te premian por algo.

-Entonces, ¿te sentís cómodo ahora con los elogios que recibiste -y seguís recibiendo- por tu actuación en “El Padrino”?

-Sí. Me siento profundamente honrado por eso. Realmente lo estoy. Es una obra en la que tuve mucha suerte de participar. Pero me costó una vida aceptarlo y seguir adelante. No es que haya interpretado a Superman.

-¿Tenés algún tipo de métrica que te permita clasificar tus propias películas?

-Supongo que las películas que hago yo mismo, que dirijo y escribo, ninguna de las cuales creo que nadie ha visto, como Looking for Richard o Salomé, con Jessica Chastain, pero estoy hablando de mí mismo. Debería estar hablando de El Padrino. No sé por qué me pongo a hablar de mí mismo. No conozco a nadie más. (Risas.) Alguien me llamó y me dijo: “Debés estar solo”. Le dije: “No, estoy aquí con mi ego”.

Traducción: Patricia Sar

POS

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