Al borde es una pintura sobre mujeres que rondan los 50, sólo con colores primarios

No es una más de mujeres. Al borde va más allá del ensayo ficticio sobre determinado grupo de gente, con determinado punto en común, con determinado patrón de conducta. Y, jugando con el sonido -y el sentido- de las palabras, de terminado no tiene nada: el relato, con foco en cuatro amigas que rondan los 40 y 50 años, habla de cómo se sigue o de cómo se vuelve a empezar.

Y la diferencia con otras que merodean este tipo de propuestas radica en que quien mueve los hilos de la trama de un lado y otro de la pantalla es la multifacética Julie Delpy, de 51 años, y una mirada que va más allá de su propio ombligo. No es una biopic de la llamada “mediana edad”, pero cuenta con humor y verdad cómo se llevan esos años a los que Ricardo Arjona, entre otros, les ha cantado.

Disponible en Netflix desde el mes pasado, Al borde es una serie entretenida, con un escalonamiento de capas que va de lo cotidiano a lo profundo, con cosas que ya no se pueden hacer. Y con cómo lidiar con el prejuicio ajeno. Y las inseguridades propias.

Elisabeth Shue, Srah Jones, Alexia Landeau y Julie Delpy, amigas con realidades diferentes.

Elisabeth Shue, Srah Jones, Alexia Landeau y Julie Delpy, amigas con realidades diferentes.

En el reparto que hizo de personajes, Delpy se quedó con el de Justine, chef reconocida de un restaurante con platos que saben a manjar y una vida conyugal más agri que dulce. Tiene un hijo que la interpela seguido. Y un marido que se le vuelve problema.

Su grupo de amigas -los encuentros de a dos, de a tres o de a cuatro ofician de escenario principal- se completa con Yasmin (Sarah Jones), que abandonó su carrera para ocuparse de su familia y ahora quiere volver y no lo está consiguiendo, con Anne (Elisabeth Shue), una exitosa diseñadora de ropa, y Ell (Alexia Landeau), la que no encuentra el norte en nada.

En el ping-pong temático que plantean las escenas, ellas se contienen más de lo que confrontan, aunque el planteo se erige como disparador para el espectador, con distintos puntos de vista para elegir. O descartar.

Esta serie de 12 capítulos (cada uno ronda la media hora, se digiere fácil) no es prima de Confesiones de mujeres de 30 ni de otros proyectos que puntan a sobrevolar las etapas del universo femenino. De hecho sí lo hace, pero no desde la baldosa de Nos pasa esto porque tenemos esta edad y punto. El desarrollo las muestra con su pasado acuestas, amén de los documentos de identidad

Si bien no es una biografía, Delpy ha volcado su experiencia en esta serie que habla de mujeres de 50, como ella.

Si bien no es una biografía, Delpy ha volcado su experiencia en esta serie que habla de mujeres de 50, como ella.

En un punto, el guión se termina mordiendo la cola, porque no se arriesga a abrir más al juego: de vez en cuando entran a tallar otros personajes a los que no se les saca jugo. En la intención por contar qué cosas se viven a esa edad, las cuatro quedan encerradas en el propio relato. Eso que podría ser una virtud en cualquier otro análisis de una ficción, acá se vuelve una amenaza de estancamiento.

Esto no la convierte en desechable ni mucho menos. Es una de las buenas opciones de los catálogos pandémicos, por sus diálogos inteligentes, su mirada crítica, su mirada esperanzadora, su tejido amistoso que se estira pero no se rompe, su decisión por cambiar el prototipo de heroínas de cuentos de mujeres.

Es un interesante canto a la madurez, sólo que a veces repite demasiado el estribillo. Y siempre con las mismas voces.

Ficha

Calificación: Buena

Comedia Protagonistas: Julie Delpy, Elisabeth Shue, Alexia Landeau y Sarah Jones Dirección: Delpy, Mathiew Demy y David Petrarca Emisión: Doce episodios de media hora, en Netflix.

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