Adiós a Enrique Pinti

Actor, autor y excelso monologuista, Enrique Pinti, fue uno de los grandes referentes del teatro nacional. Llevaba sobre sus hombros la ardua tarea de ser el conductor del mal humor que caracteriza, desde hace años, a los argentinos. Un sentimiento más que justificado, a la luz de las décadas de desaciertos acumulados por impericia de sucesivos funcionarios y representantes de la política, a los que tanto combatió y fustigó en encendidos monólogos.

Dignísimo heredero de una tradición histriónica que se remonta a los orígenes de la humanidad, era maestro de la sátira y el comentario de actualidad, con antecedentes en el antiguo teatro griego. Aquí, el arte que dominaba con fruición, descendía directamente del proverbial Pepino el 88, del entrañable Pepe Arias y del recordado Enrique Santos Discépolo, auténticos formadores del canon que sentó las bases del género.

Pero el estilo de Pinti era muy personal: con un hablar terriblemente veloz, pletórico de palabrotas expulsadas como ráfagas de metralleta. Con extrema agudeza e ingenio supo captar el sentir popular frente a los desmanes del poder y dio voz a una clase media que halló en él una válvula de escape y una forma de exteriorizar fantasmas cotidianos. Aunque tenía una arrolladora tendencia a ser didáctico e imponía al espectador sus propias conclusiones. En numerosas oportunidades se transformó en un auténtico ángel exterminador y, desde los escenarios, asumió la rabia, esencialmente porteña, para beneplácito del público.

Pinti, en su clásico "Salsa criolla". Foto Archivo Clarín

Pinti, en su clásico “Salsa criolla”. Foto Archivo Clarín

Su nombre completo era Enrique Alejandro Pinti, había nacido en Buenos Aires, un 7 de octubre de 1939. Su padre trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas, y con su madre, su hermano, siete años mayor, y una tía vivieron juntos incluso cuando ya era adulto y muy reconocido.

“Fui conversador desde chiquito. Me gustaba hablar mucho. Tampoco digo que sea algo natural, pero me ayudó a desarrollarme”, confesó alguna vez.

"Fui conversador desde chiquito", solía decir Pinti. Foto Juano Tesone

“Fui conversador desde chiquito”, solía decir Pinti. Foto Juano Tesone

Estudió profesorado de castellano, literatura y latín, pero tenía claro que quería ser actor a temprana edad. Pese a que no había sido convocado nunca en la escuela, ni siquiera para declamar un poema, él sabía que la actuación era lo suyo. “A los 16 años me anoté en un curso de teatro y el 13 de noviembre de 1957 tuve mi debut. Tenía un par de líneas, nada más, pero yo me sentía como en el Colón”, contó con orgullo.

Su formación se completó en el legendario Nuevo Teatro, la compañía de teatro independiente creada en 1949 por la gran actriz, directora, maestra de actores y fundadora de teatros Alejandra Boero y su pareja, Pedro Asquini. Allí tuvo ocasión de nutrirse en el repertorio del teatro universal y, además, escribir y dirigir comedias musicales infantiles como Don Retorta y su robot y Mi bello Dragón, con Pinti como el dragón del título, que se convertiría, a lo largo de cuarenta años, en un clásico del teatro para niños.

En el Liceo, que por varios años fue como su hogar. Foto Martin Bonetto

En el Liceo, que por varios años fue como su hogar. Foto Martin Bonetto

En 1969 comenzó a escribir guiones para conocidos programas de televisión como “La Botica del Ángel”, conducido por Eduardo Bergara Leumann, el show musical “Casino” y “La Luna de Canela”, entre otros. En 1972 participó del espectáculo “Juan Moreira Supershow”, de Alfredo Zemma, y en un alarde de diversidad escribió los guiones de “El Mono Relojero”, la famosa historieta que se publicaba en la revista Billiken.

En 1973, durante el auge del café concert, comenzó a dedicarse a espectáculos unipersonales con “Historias recogidas”, producido por Lino Patalano (con quien más tarde compartiría numerosos proyectos), en el desaparecido Teatro Latino de San Telmo. El éxito se prolongó durante dos temporadas y la atención de crítica y público se extendió a los unipersonales “Historias recogidas 2” e “Historias del siete”. Más tarde llegaría “El show de Enrique Pinti” en el mítico Michelángelo.

Enrique Pinti junto a Guillermo Francella en “Los productores” (2006), en la que además de actuar se hizo cargo de la adaptación al español. Foto Archivo Clarín

Enrique Pinti junto a Guillermo Francella en “Los productores” (2006), en la que además de actuar se hizo cargo de la adaptación al español. Foto Archivo Clarín

De la mano de Gerardo Sofovich debutó en 1976 en la revista con “El Maipo de gala”, donde trabajó junto a Osvaldo Pacheco, Carmen Barbieri, Thelma Stefani, Tristán y Alberto Irízar, entre otros referentes. Un año después, uno de sus sueños se hizo realidad al actuar junto a su admirada Niní Marshall en “El humor de Niní Marshall”, por Canal 13.

Como coautor, trabajó junto a Antonio Gasalla a finales de los ’70 y principios de los ’80 en los exitosos “Gasalla for export” y “Gasalla 77”. Durante varias temporadas el Maipo y el Liceo se abarrotaban de un público ávido de diversión de calidad, en producciones generosas. Precisamente fue Gasalla quien lo dirigió en “Pan y circo” (1982), donde Pinti se metía en la piel de célebres personajes históricos para contar la historia del mundo, nada menos. Nerón, la reina Isabel y muchos más fueron tan celebrados que quedaron en el imaginario colectivo de la cartelera porteña.

“Salsa criolla”

"Salsa criolla" estrenó en 1984, en el teatro Liceo. Tuvo en total 3.000 representaciones. Foto Archivo Clarín

“Salsa criolla” estrenó en 1984, en el teatro Liceo. Tuvo en total 3.000 representaciones. Foto Archivo Clarín

En 1984, estrena “Salsa criolla”, en el Liceo, pieza que sería su descomunal triunfo teatral y que representó durante más de diez temporadas. Auténtico récord del teatro argentino, tuvo 3.000 representaciones, tres millones de espectadores y arrasó con todos los premios dedicados a las artes escénicas. Esta saga histórico-musical, recorría la historia argentina desde el descubrimiento de América hasta el presente. En 2015, volvería a representarla.

Si bien en el cine, medio artístico que admiraba, no encontró demasiadas posibilidades de lucimiento, son recordadas sus apariciones en las películas “El secuestrador” (1958), de Leopoldo Torre Nilsson, “Sentimental” (1981), de Sergio Renán; “Esperando la carroza” (1985), de Alejandro Doria, donde encarnó a un borrachín del barrio; “Flop” (1990), de Eduardo Mignona, y “Perdido por perdido” (1993) de Alberto Lecchi, junto a Ricardo Darín. Por esta última fue elegido mejor actor de reparto por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina y ganó premios en los festivales de Cartagena y La Habana.

En 1992 regresó a la televisión con “Pinti y los pingüinos”, producido por Carlos Rottemberg y Daniel Tinayre, donde analizaba la realidad nacional desde su punzante perspectiva y envidiable sagacidad.

FTP Juarez ENRIQUE PINTI FLORENCIA PEÑA DIEGO RAMOS buenos aires enrique pinti florencia peña diego ramos nueva obra de teatro actor actores actriz protagonistas nota entrevista reportaje

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Su vasta carrera incluye “El infierno de Pinti” (1996), “Pericon.com.ar” (2000), “Candombe nacional” (2002), el musical “Los productores” (2005), labor por la que obtuvo numerosos galardones; “Pingo argentino” (2007), “Hairspray” (2008), “El burgués gentilhombre” (2011), de Moliere, en el San Martín, “Lo que vio el mayordomo”, de Joe Orton, “Todo vale” (versión del musical “Anything Goes”), “Pinti recargado” (2014), “Otra vez sopa” (2017) y “Al fondo, a la derecha” (2019), donde su garganta continuó rugiendo verdades.

Asimismo, su pasión por las letras encontró cause en los diarios Clarín y La Nación, como columnista, y similar tarea desarrolló en el programa radial de Magdalena Ruiz Guiñazú.

Viajero empedernido, disfrutaba extensas vacaciones anuales donde aprovechaba para ver infinidad de espectáculos en Nueva York, ciudad que lo deslumbraba.

Su paso por los escenarios no sólo mereció la atención del público, los empresarios y los cronistas de espectáculos. También sociólogos, psicólogos y politólogos abrevaron en su severa prosa a la hora de intentar definir cuál es la idiosincrasia que nos caracteriza como Nación.

Por Jorge Luis Montiel (Especial para Clarín)

POS

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