Abel Pintos repasó sus 25 años de trayectoria con un show por streaming que convocó a 35 mil personas



A lo largo de este interminable período de incertidumbre provocado por la pandemia de Covid-19, que así como obligó a un distanciamiento entre seres queridos puso en un incierto compás de espera ese ida y vuelta entre los músicos y sus seguidores, Abel Pintos logró saldar parte de esa carencia de contacto físico con varios encuentros informales en los que compartió canciones y otras yerbas.

Sin embargo, el encuentro de la noche del sábado fue otra cosa. Streaming & Radio, el extenso concierto que el cantante bahiense dio desde el escenario principal de la Usina del Arte adecuadamente ambientado, rankea en una categoría diferente a la que el artista había planteado hasta ahora.  

Acompañado por su banda completa, Abel apostó fuerte a su convicción de que el formato de comunicación entre los artistas y su público impuesto a fuerza de contagios llegó para quedar instalado en un plano que combina la energía del vivo y la precisión sonora de un set de grabación. Y habrá que decir que después de completar las 33 canciones de la lista, el objetivo de probar su “hipótesis” quedó cumplido con creces, y la “familia” de fans de Pintos debe haber quedado más que satisfecha.

Un abrazo a la distancia, el que Abel Pintos le ofreció a sus muchos seguidores que compartieron con él la noche del sábado 12 de septiembre. /Foto Gentileza Prensa

La fórmula que eligió Pintos fue tan simple como efectiva. Un primer bloque de canciones para calentar esa escena que a priori puede parecer tan fría: Quiero cantar, Cómo te extraño y Pájaro cantor, entre ellas. Una tríada imbatible. Enseguida, la intimidad de baladas como Sin principio ni final, Tanto amor, Once mil, Cien años y La llave.

Ahí, cuando uno escucha esa especie de himno cantado por Abel en soledad, sin las miles de voces que le suelen hacer de coro en sus presentaciones, es cuando uno cae en cuenta de que, claramente, el streaming jamás reemplazará al vivo. No way. Y cuando uno valora aún más la entrega de este Abel en modo streaming, que se amplifica hasta lo indecible en su versión a capella de El Antigal, la zamba que lo consagró en Cosquín en 2008.

El estilo del cantante, es cierto, sube la vara de la desmesura a la medida de su capacidad vocal, que de verdad impresiona. Entonces, lo que para otros puede ser exageración, en su caso no es más que parte de un estilo que aplica a un mapa de géneros que incluye dosis de pop romántico -qué buena canción es Flores en el río-, folclore -Asuntos pendientes-, algo de rock -ahí está el sonido de Tiempo, como certificación- y también la cumbia.

La puesta de Streming / Radio fue austera e intimista, sin pretensiones de replicar un vivo, pero sin la frialdad de un estudio. /Foto Gentileza Prensa

El hechizo y Y la hice llorar encabezaron el plan “tropical”, antes de la recta final, con una dedicatoria a León Gieco en la previa de Pensar en nada, el estimulante mensaje que encierra Motivos y la exultante Revolución. Todo, en un marco de austera puesta en escena, a mitad de camino entre la necesidad del vivo y la realidad del “estudio”. Lo dijo el propio Abel en este mismo diario, días atrás: nada de emular situaciones que no son.

Con Marcelo Predacino, en guitarras y coros; Alfredo Hernández, en teclados y coros; Alan Ballan, en bajo y coros; Ervin Stutz, en trompeta; Carlos Arin, en saxo; y Jose Luis Belmonte, en batería, completaba así su recorrido a través de 25 años de trayectoria, ¡con apenas 36 años! Del otro lado, unas 20 mil personas seguía el streaming, y otras 15 mil, la transmisión a través de Radio Nacional.

“¿Qué estarán haciendo? Son un montón de cosas que se me pasan por la cabeza en este momento que no hay una canción sonando. Cuando sonaron las canciones, nos encontramos. Ojalá no se les haya hecho largo, a nosotros se nos pasó como si hubieran sido tres minutos. Como si hubiera sido una sola canción”, les dijo Abel.

Y el futuro papá, entonces, compartió con todos ellos su presente perfecto, con su flamante Piedra libre, para un final a la medida de los tiempos, con la emoción real flotando en la virtualidad. O en el éter.

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E.S.

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