A Ariel Winograd, uno de los reyes de la taquilla argentina, no le molesta que lo tilden de pochoclero

Pocos fuera del ámbito cinematográfico identifican su nombre y, menos aún, lo reconocerían si se lo cruzaran por la calle, pero la mayoría vio alguna de sus películas. Las siete que filmó en la Argentina vendieron, sólo en el país, más de cinco millones de entradas, desde Cara de queso (2006) hasta El robo del siglo (2020), pasando por Sin hijos (2015) y Mamá se fue de viaje (2017). A los 44 años Ariel Winograd se ubica en el podio de los directores argentinos en actividad más taquilleros.

Antes de cada uno de sus estrenos, los productores se restregaban las manos. El jueves 13 de enero llegará a los cines Hoy se arregla el mundo y la expectativa debería ser enorme, más aún considerando el antecedente inmediato de El robo del siglo, que con sus más de dos millones de espectadores está entre las argentinas más vistas de la historia.

Pero en estos dos años, Covid-19 y plataformas de streaming mediante, la industria audiovisual cambió. Todavía está mutando, aún con destino incierto.

Winograd lo sabe: “Los tiempos han cambiado muchísimo. Uno no está esperando los números de antes. Hay que entender la realidad: el verano es un buen momento para estrenar, pero estamos atravesando una situación compleja. Mi tema es que la gente vaya a ver la película. A diferencia del teatro, que explotó cuando se levantaron las restricciones, el cine ha quedado muy golpeado. Pero es un lugar igual de seguro que el teatro: es importante transmitir eso”.

Ariel confiesa que hace testeos entre la gente con el material recién filmado. Y si hay que ajustar, se ajusta. Foto Juan Manuel Foglia.

Ariel confiesa que hace testeos entre la gente con el material recién filmado. Y si hay que ajustar, se ajusta. Foto Juan Manuel Foglia.

Esta comedia dramática (“dramedy“, la define el director) que muestra la alianza entre un desamorado productor televisivo (Leo Sbaraglia) y un nene (Benjamín Otero) para encontrar al padre biológico del chico padeció la incertidumbre pandémica.

“Se iba a estrenar en agosto de 2020, después en Semana Santa de 2021… y ahora decís ‘No importa la situación, estrenemos como sea’. Es lindo soltar: llevo mucho tiempo cargándola a la espalda. A la gente le va a gustar y la va a recomendar, pero tengo otras expectativas que con El robo del siglo”.

Experto en comedias

-Se dice que la comedia es el género más difícil, pero vos sólo filmaste comedias. ¿Por qué?

-Me gusta como espectador y también como hacedor, porque permite tratar más temas que otros géneros. La amo porque es noble y sincera: cuando alguien se ríe en un cine, se está riendo de verdad. Eso sí, es muy subjetiva: no es lo mismo lo que te puede causar a vos, a mí o a otra persona. Pero no me veo haciendo otro género.

"Hoy se arregla el mundo", la película de Ariel Winograd con Leo Sbaraglia y Benjamín Otero.

“Hoy se arregla el mundo”, la película de Ariel Winograd con Leo Sbaraglia y Benjamín Otero.

-Las comedias son muy subjetivas, pero las tuyas tratan de abarcar a la mayor cantidad de público. ¿Cuánto de pruebas de público y focus groups hay detrás de cada una de tus películas?

-Los procesos son muy diferentes. En este caso, como esta película se terminó de filmar una semana antes de que empezara la cuarentena, no hicimos el testeo que acostumbrábamos. Que era el siguiente: a las dos semanas de terminar el rodaje, con un primer armado mostrábamos el material y hacíamos responder un cuestionario. Aunque la película no está terminada, lo importante del testeo es sentir el pulso del material que tenés. En este caso no pudimos hacer un testeo presencial.

-¿De acuerdo a las respuestas cambiás la película?

-No, no es que cambiamos algo porque a la gente no le gusta. Funciona más que nada para percibir la recepción general de la película y si se entiende algo puntual. Si 50 personas te ponen que una escena no se entiende, es porque no se entiende. Entonces trabajás para que se entienda.

-Si tenés que replantear algo, ¿lo hacés desde la edición, volvés a filmar o filmás una escena nueva?

-Nunca tuve que refilmar. Nunca cambié un final, por ejemplo. Sí me pasó de replantear el montaje de una escena. Para la comedia, el montaje es fundamental. Y a veces por dos cuadros, que parece nada, un gag se arruina o se salva. Es en ese sentido en el que sirve el testeo: con este chiste yo pensé que se iba a reír todo el mundo y no se está riendo a nadie, entonces veo cómo puede mejorar el montaje. Y ahí hacés un segundo testeo a ver si ahora sí está funcionando ese gag. Es una muy buena herramienta y la recomiendo, pero no para eliminar personajes o cambiar una película entera.

Ariel Winograd con Leo Sbaraglia y Benjamín Otero durante el rodaje de "Hoy se arregla el mundo".

Ariel Winograd con Leo Sbaraglia y Benjamín Otero durante el rodaje de “Hoy se arregla el mundo”.

Salas versus livings

Winograd cita como máximo referente nacional a Damián Szifron (“Es el mejor director de nuestra generación, la generación anterior y la generación futura”), recomienda fervientemente la última temporada de Curb Your Enthusiasm (“Es increíble lo que está haciendo Larry David a nivel de incorrección política”), aunque avisa que de un tiempo a esta parte casi no está viendo estrenos de películas ni series, sino que se refugia en clásicos modernos como Buenos muchachos o Scarface.

La charla vuelve hacia las modificaciones en el modelo de negocios audiovisual: “El cine se fue para el lado de las plataformas, y uno tiene que abrazar los cambios. Estamos en un momento muy bisagra de ver para qué lado se sigue haciendo cine, si se estrena en salas o se va a plataforma directamente. Es otro tipo de negocio. Es un momento de exploración, de buenas intenciones y de aprendizaje”.

En el análisis entran los pros y las contras: “Hay tanta oferta que uno se marea. Antes una película tal vez estaba seis semanas en salas y había algo del boca a boca que se perdió. Hoy la conversación sobre una película de una plataforma dura como máximo tres días. Por otro lado, la cantidad de personas que las ve es impresionante. Y, como realizadores, la cantidad de posibilidades que se abrieron gracias al streaming es espectacular. Es interesante la libertad que da para poder trabajar”.

Ariel Winograd con Leo Sbaraglia durante el rodaje de "Hoy se arregla el mundo".

Ariel Winograd con Leo Sbaraglia durante el rodaje de “Hoy se arregla el mundo”.

Como sus películas, Winograd es optimista: “Las cosas se van a ir acomodando con el tiempo, y si alguna vez pasa la pandemia, más todavía. Todos queremos conectarnos, todos queremos vernos. La costumbre de ir al cine va a volver”.

Misión: entretener

-Alguna vez dijiste: “El cine que yo hago es completamente comercial, pero absolutamente personal también”. ¿Se puede hacer cine de autor industrial?

-Creo que sí. Habría que tener bien claro a qué llamamos cine industrial. O popular, una palabra que para el cine en la Argentina quedó en un lugar de baja calidad. Los proyectos en los cuales yo me involucro tienen aspiraciones populares, pero cuando me convocan a mí para ser parte del proyecto los tomo como algo personal.

-¿Cómo es tu trabajo con los productores? ¿Hasta qué punto tomás vos las decisiones?

-Las decisiones, las ideas y las propuestas se terminan trabajando muy en conjunto con los productores. Ellos acompañan en todo momento la forma de cómo yo quiero contar. El término “cine por encargo” es tremendo. Una película es un proceso de mucho trabajo, conexión y pasión. Vivís con la película y te vas a dormir con la película.

"Muero por hacer una comedia con Seth Rogen, Adam Sandler, bien pochoclera", palabra de Winograd.

“Muero por hacer una comedia con Seth Rogen, Adam Sandler, bien pochoclera”, palabra de Winograd.

-¿Y lo autoral dónde está en tus películas?

-Cuando te comprometés a ser parte del proyecto, pensás ideas en todos los aspectos, desde el vestuario hasta la locación. Y se transforma en algo personal. Desde ese lugar, sí siento que hay algo autoral, pero siempre pensando en el objetivo, que es entretener.

-¿El cine nacional suele perder de vista el entretenimiento?

-En la visión de cada director hay algo genuino. Cuando se habla de la guerra de cine independiente versus cine comercial… Todo es válido. Como espectadores, tenemos el poder de verlo o no.

Con Hollywood en el horizonte

-¿Te enorgullece cuando alguien dice que tus películas tienen gusto a Hollywood?

-Bueno, mi sueño es hacer una película en Hollywood. Obviamente me enorgullece, sí. Aunque a veces es muy fácil encasillar las cosas. Pero sí, muero por hacer una comedia con Seth Rogen, Adam Sandler, bien pochoclera. A mí me gusta The Wedding Singer (La mejor de mis bodas), de Adam Sandler, la sigo viendo y me sigue causando gracia.

"Hoy se arregla el mundo", la película de Ariel Winograd con Leo Sbaraglia y Charo López.

“Hoy se arregla el mundo”, la película de Ariel Winograd con Leo Sbaraglia y Charo López.

-Todo pasa por las expectativas.

-Si me siento a ver una comedia romántica, no le voy a pedir otra cosa que lo que me va a dar una comedia romántica. Todo tiene que ver con lo que uno quiere ver y cómo se planta frente a ese contenido. Yo tengo ganas de ver películas que me dejen contento. Entonces trato también de hacer películas que puedan dejar contentos o generar algún sentimiento agradable en los espectadores.

-Reivindicás dos términos que en general se usan despectivamente: “pochoclero” y “crowd pleaser” (que satisface a multitudes).

-Yo quería que mi primera película, Cara de queso, fuera una comedia cínica, amarga. Con el paso del tiempo me doy cuenta de que me gusta más generar emoción. Tal cual: crowd pleaser. Me encanta emocionarme y darle el espectacular la posibilidad de que se emocione. Para mí lo importante como director es ser auténtico. No me molesta que me digan pochoclero o hollywoodense, porque soy auténtico con mi deseo. Deseo eso, y no lo veo como algo malo.

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