A 93 años de El cantor de jazz: curiosidades del primer filme sonoro



El 6 de octubre de 1927 cientos de espectadores observaban atónitos a un cantante blanco pintado de negro que desde la pantalla sonreía mirando a una pequeña audiencia en un café concert y decía: “Esperen un minuto, esperen un minuto, todavía no han oído nada”.

Era Al Jolson, que en El cantor de jazz lanzaba esa frase premonitoria sobre los cambios que vendrían para la cultura de masas a partir del estreno de ese largometraje, considerado el primero sonoro en la historia del cine.

El cantor de jazz marcó el camino del cine como forma artística e industria lucrativa. La Warner Brothers eligió como su protagonista a Jolson, uno de los vocalistas más populares de aquella época, que ya era una estrella en el mundo del espectáculo y poseía una considerable fortuna.

“El cantor de jazz”, con Al Jolson, se considera la primera película sonora.

Al Jolson, un inmigrante lituano

Su verdadero nombre era Asa Yoelson, había nacido en Lituania, entonces parte del imperio ruso, en 1883 y había emigrado a los Estados Unidos de muy chico junto con su familia.

Su padre era rabino y, como sus otros hermanos, Al comenzó a cantar en la sinagoga y pronto demostró tener una voz fuera de lo común. En alguna entrevista recordó que durante la adolescencia había pasado hambre. Por eso, y porque le gustaba estar sobre el escenario, empezó a ofrecerse en los restaurantes para cantar a cambio de comida.

En pocos años pasó de los pequeños locales a convertirse en el rey de Broadway. En El cantor de jazz interpretaba una historia con ribetes similares a la suya. Mezcla de vodevil y melodrama, fue dirigida por Alan Crosland y era una adaptación de la obra musical para teatro El día de la expiación, del estadounidense Samson Raphaelson, que había sido protagonizada por George Jessel.

Una escena de “El cantor de jazz”, el filme con Al Jolson.

De qué trata “El cantor de jazz”

La película contaba las peripecias de Jakie, el hijo único adolescente del hazán -es decir, quien guía los cantos- Rabinowitz (Warner Oland), que espera que el muchacho siga sus pasos y los de sus antepasados en el oficio.

Pero la pasión de Jakie es el jazz, y sueña con un público inspirado por su voz. Después de que un amigo de la familia le cuenta al hazán que ha visto a su hijo cantando en un café, el furioso padre castiga a su heredero, lo cual provoca que el joven huya del hogar familiar, dejando atrás también a su afligida madre, Sara (Eugenie Besserer).

Años más tarde, Jakie regresa en busca de reconciliación: ahora es un célebre cantante de jazz llamado Jack Robin. Cuando se reencuentra con su padre, este está enfermo, pero se mantiene en su posición de que el hijo siga sus pasos. Entonces Jack se ve obligado a decidir entre su carrera como cantante pintado de negro y su identidad judía.

“El cantor de jazz”, con Al Jolson, motivó el inicio de la industria del cine tal como la conocemos.

Una frase improvisada que hizo historia

Jessel, protagonista del musical original, no arregló su salario y por eso rechazó actuar en la película. Lo mismo ocurrió con Eddie Cantor. Entonces el ofrecimiento recayó en Jolson: apenas recibió la oferta, tuvo en claro que significaba su oportunidad de conquistar la pantalla a través de la nueva tecnología del sistema sonoro Vitaphone, de modo que fue a Hollywood a trabajar en El cantor de jazz a todo vapor. Terminó haciendo historia.

Algunos filmes anteriores ya habían contado con pedazos de diálogo, pero eran cortometrajes. El primer largometraje en el que los estudios Warner Bros habían utilizado el Vitaphone había sido Don Juan, de 1926, protagonizado por John Barrymore. Pero se trataba de una película muda, que en términos de sonido sólo había contado con efectos y banda sonora instrumental sincronizada.

Como Don Juan, El cantor de jazz había sido inicialmente concebida como un largometraje mudo, con efectos y banda sonora, con la diferencia de que incluiría secuencias sincronizadas de canto en la voz de Al Jolson. No había intenciones de que tuviera diálogos, pero durante su primera actuación, después de cantar Dirty Hands, Dirty Face, Jolson improvisó la frase: “Esperen un minuto, esperen un minuto, todavía no han oído nada”. Y quedó en la historia.

“El cantor de jazz”, con Al Jolson, cuenta la historia de un hombre que debe decidir entre el canto y la religión.

El padre de las películas habladas

Se supone que fue Sam Warner, uno de los famosos hermanos dueños de Warner Bros, quien insistió en que esa ocurrencia de Jolson quedara en la película. Por eso fue apodado “Padre de las Talkies”, como se llamó a las películas habladas. Pero no pudo ver su creación: murió el miércoles 5 de octubre de 1927, un día antes del estreno.

En total, El cantor de jazz contiene dos minutos de diálogo, la mayor parte improvisado. El resto de los intercambios hablados son presentados con los clásicos carteles que se usaban en las películas mudas de la época. Pero a partir de la famosa frase de Jolson, todo cambió: menos de dos años después, unas ocho mil salas de cine fueron acondicionadas para poder reproducir sonido.

Además de las imposibilidades técnicas, hasta entonces la idea de poner audio en las películas era un atrevimiento, pero El cantor de jazz vino a romper la tradición gracias al Vitaphone. Esta técnica, fundada por Bell Telephone Laboratories y Western Electric y que más tarde fue adquirida por Warner Bros, consistía en la sincronización y grabación de sonidos sobre un disco.

La “blackface” de Al Jolson en “El cantor de jazz”.

El polémico “blackface”

Pero El cantor de jazz no quedó en la historia sólo por haber iniciado una nueva era en el cine a la vez que decretaba el fin de otra. También es recordada por el uso que Al Jolson del blackface (cara negra), es decir el maquillaje teatral usado generalmente por blancos para representar a negros.

Tanto en los Estados Unidos como en Europa, el blackface servía para entretener a los blancos con espectáculos basados en estereotipos negativos sobre los negros y en burlas sobre sus expresiones, acentos y apariencia. Por eso es considerado racista, y en 1960 fue prohibido en los Estados Unidos.

El afiche de “El cantor de jazz”, la película con Al Jolson.

Una de las imágenes más icónicas de blackface es la de Jolson con la cara pintada, los labios en blanco o sin pintar, mientras canta y baila al ritmo del jazz. Era considerado “el rey del blackface” porque solía usarlo en sus espectáculos. En aquella época había público blanco al que le gustaba el jazz, pero que no soportaba la idea de ver a un actor negro sobre el escenario.

WD

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