A 9 años de la muerte de Mario Sapag, el recuerdo del hombre de las mil caras


Un 14 de abril, hace 9 años, murió Mario Sapag, el hombre de las mil caras, como le gustaba que lo llamaran. Logró vivir de su pasión, de ese don de la imitación que descubrió cuando era apenas un niño y que pudo mostrar, ya fuera de su casa, cuando tenía 14 años.

Había nacido un 25 de mayo, en Buenos Aires, con el nombre de Antonio Sapag, y era el quinto de los 13 hijos de una familia de origen libanés. Actor, humorista y gran imitador, falleció a los 76 años a causa de una insuficiencia cardíaca, pero el recuerdo de su talento para hacer reír permanece intacto en varias generaciones.

Mario Sapag caracterizando como el entonces presidente Raúl Alfonsín, junto a la actriz Beatriz BonnetArchivo Télam/ef

Vivió durante muchos años en Bariloche, donde fue telegrafista del correo. La primera oportunidad le llegó de la mano de la radio, en 1957, y así se metió en el mundo del espectáculo y nunca más paró. Hizo La revista dislocada en radio y televisión, y unos años después se sumó a Telecómicos, hasta 1968. Fue parte de Sábados circulares, con Pipo Mancera, y durante cuatro años imitó al periodista Sergio Villarruel. Hizo Operación Ja Ja y Polémica en el bar con los hermanos Gerardo y Hugo Sofovich, pero su consagración fue en 1984 con Las mil y una de Sapag, donde caracterizó a personalidades como Roberto Galán, Raúl Alfonsín, Míster T, Dante Caputo, César Luis Menotti, Tita Merello, Jorge Luis Borges, y estuvo varios años en la pantalla chica con 40 puntos de rating.

Sobre el éxito de ese ciclo consagratorio, Sapag sacaba sus propias conclusiones: “El éxito me ha hecho más bueno. ¿Saben por qué? Porque me siento mucho mejor. Y un tipo agradecido no puede ser rencoroso. Tenía que conocer el llanto y el éxito”, dijo en una entrevista.

Casado con Mirtha y padre de Karina y Anahí, Sapag se definía como un tipo tímido. “Quiero pasar inadvertido. No me gusta molestar ni sobresalir. No me gusta hacer barullo. Soy el típico introvertido”, decía. “Soy un hombre común homenajeando a otros”. Y alguna vez se sinceró sobre sus verdaderos fantasmas: “Voy al psicólogo para no enloquecer con tantas personalidades en mi cabeza. Dios me dio el don de hacer reír y me encantaría seguir haciéndolo siempre”.

En 1963 debutó en cine con Canuto Cañete conscripto del 7, y a esa película le siguieron muchas otras: Somos novios, Vamos a soñar por el amor, Aquellos años locos, Corazón contento, Los muchachos de mi barrio, Yo gané el Prode… y Usted. En 1982 y 1983 acompañó a Alberto Olmedo y Jorge Porcel en dos películas de Enrique Carreras: Los fierecillos indomables y Los fierecillos se divierten. También fue parte de Hotel de señoritas, Operación comando, Los reyes del sablazo, Sálvese quien pueda, Mirame la palomita, El telo y la tele. Nada por perder fue su última película, en el 2001, junto a Paola Krum, Lito Cruz y Osvaldo Sabatini.

También tuvo varios éxitos en teatro como Por siempre Maipo, ¿Vio la revista?, Ahí vuelven los guapos, La cigüeña dijo sí y Primera dama se busca, en el Teatro Tronador de Mar del Plata, pero no pudo terminar esa temporada porque debió ser internado por una arritmia cardíaca aguda. “Mario estuvo enfermo la mitad de la temporada, tenía tos cardíaca, se quedó en su casa y fue reemplazado. Lo visité varias veces y era una persona muy cálida, muy tranquila, con muchos años de experiencia. Por lo que me contó, le costó mucho llegar al lugar que después ocupó. Aprendí a quererlo en esa temporada porque era un ser entrañable”, le dice a LA NACION Fabián Gianola.

“Salía al escenario y explotaba la sala por su trayectoria, por los años que hizo reír a tanta gente. Ese es mi recuerdo de Mario Sapag, una persona muy cálida, que recibía la ovación con mucha humildad, con mucha tranquilidad, como alguien que ya está de vuelta de todo. Fue un aprendizaje conocerlo y ver una persona tan especial, tan talentosa y humilde”, recuerda el actor.

Su última aparición sobre las tablas fue en 2011, cuando se sumó al elenco del musical Fortuna 2, producido y protagonizado por Ricardo Fort.

Mario Sapag, Amelia Bence, Irma Roy y Carlos Perciavalle, junto a Niní Marshall, en el estreno de Perciavalle Atomizado

Alguna vez, Sapag confesó en una entrevista: “Quisiera hacer un music hall al estilo de Antonio Gasalla o de Carlos Perciavalle, a quienes admiro profundamente. Hay mañanas en que me levanto creyéndome que soy Alfredo Alcón. Y hay otras, en cambio, en que me siento una basura. Los días en que me siento Alcón, le meto para adelante con más fuerza que nunca”.

Durante la dictadura fue censurado luego de hacer una parodia de Jorge Luis Borges. La respuesta del escritor fue fiel a su estilo: “¡Con el esfuerzo que se habrá tomado para copiar mi manera torpe de hablar!”.

Otro traspié en su carrera se produjo el 28 de diciembre de 1985, en el día de los Inocentes, Sapag intentó ingresar a la residencia presidencial de Chapadmalal, caracterizado como el canciller Dante Caputo, con la intención de jugarle una broma al presidente Raúl Alfonsín. Sapag detalló lo sucedido años más tarde: “Estaba haciendo teatro con Guillermo Bredeston y Nora Cárpena, donde hacía imitaciones del presidente Alfonsín, del gobernador de La Rioja, Carlos Menem, y del canciller argentino Dante Caputo. La Editorial Perfil me propuso intentar entrar en la residencia presidencial de Chapadmalal caracterizado como Dante Caputo con el argumento de hacer divertir un poco al presidente. La verdad es que me negué dos veces, pero acepté la tercera, me caractericé y fuimos. Pasamos los dos primeros guardias sin problemas, ni siquiera me pidieron credenciales, y en la segunda barrera hasta me saludaron con la venia militar, pero un Teniente Coronel que era el jefe de la guardia, me reconoció y me dijo: ‘Está bien, señor Sapag, sabemos que es usted porque el canciller Caputo está en Francia’”.

Su recuerdo sigue vigente y también su enorme galería de personajes a quienes imitó en gestos, modismos, posturas y voces, sumando también las máscaras. Él mismo dibujaba los bocetos y nunca terminaba antes de sentir que eran verosímiles. Fue Carlos Saúl Menem, Bernardo Neustadt, Mahatma Gandhi, Hugo Guerrero Martinheitz, Oriana Fallaci, Diego Maradona, Lorenzo Miguel, Ana Aslan, Carlos Reutemann, Guillermo Nimo, Tita Merello, César Luis Menotti y la lista sigue.

“Era un gran humorista y tan buen imitador que a veces creen que yo trabajé con Roberto Galán y nunca fue así”, se ríe Silvia Peyrou, una de las actrices que más tiempo compartió con el imitador en su época de oro, con Las mil y una de Sapag. “He conocido a muchísima gente gracias al segmento que compartíamos porque venían cantantes de todos lados al programa”.

“Fue una época hermosa. Luego hicimos teatro y recuerdo una anécdota graciosa: como no había mucho texto, él jugaba repartiendo letra, y a veces le daba a unos y otras veces, cambiaba. Recuerdo que me teñí el pelo de colorado para sobresalir y que dijeran ‘ah, mira la colorada que está detrás de Sapag’. Y mi color de pelo fue el furor. Claro, al no darme casi letra, de alguna manera traté de que se notara mi presencia en el programa”, rememora Peyrou. Y agrega: “No tuvimos nunca una amistad, aunque sí me quedaron muy buenos recuerdos de él y del programa, que tuvo tanto rating. Fue el precursor de muchos imitadores que vinieron después”.

José Luis Gioia compartió camarines con el humorista en varias oportunidades. “Con Mario pasábamos mucho tiempo juntos en las tres temporadas que hicimos con Olmedo y Porcel. Era un tipo muy divertido. Y después, cuando trabajábamos en el Astral, él hacía 60 puntos de rating en la tele. Era una locura. Lo recuerdo con mucho cariño”, remarca.

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