A 10 años de la muerte de Blake Edwards, el “padre” de La pantera rosa



Blake Edwards y su fiel amiga La pantera rosa. El director, guionista e ideólogo de la saga cinematográfica murió hace diez años

Hay películas que pasan a la historia por su protagonista, por su banda sonora, por su aporte a un género, por su director, y hasta incluso por sus títulos de crédito. Unas pocas, por todo eso y algo más también. Como por ejemplo, la saga de La pantera rosa.

A diez años de su desaparición, y aunque en su heterogénea filmografía figuran también obras icónicas como La fiesta inolvidable (The Party, 1968), Días de vino y rosas (Days Of Wine and Roses, 1962) o Víctor Victoria (1982), el nombre de Blake Edwards continúa fuertemente ligado al grupo de películas que creó a partir del genial e impresentable inspector Jacques Clouseau.

Hijo y nieto de cineastas, Edwards se crió entre decorados y cámaras, lo que le dio una perspectiva bastante clara (y también utilitaria) acerca de su camino profesional: “Incluso al principio fui actor, no me interesaba ser reconocido ni nada de eso, lo veía como una manera fácil de ganar dinero”.

A comienzos de la década del 60, Blake ya se había hecho un nombre como director, gracias a una decena de películas que pivotaban entre la comedia, el thriller y el musical. Al mismo tiempo, Hollywood arrastraba una crisis financiera que llevó a incorporar nuevos nombres en la administración que ordenaran las cuentas. Marvin, Harold y Walter Mirisch se aliaron a United Artists con esa intención. Los hermanos no se metían con las decisiones creativas, una panacea para cualquier realizador, que Edwards aprovechó: “Ellos me dijeron: ‘ustedes trabajen que nosotros nos encargamos de United Artists’. El problema fue que Harold no quería hacer La pantera rosa, no entendía la idea y hasta me llegó a decir: ‘¿No tenés alguna otra cosa?’. Le respondí que tenía un buen presentimiento, aunque en realidad lo que realmente quería era probar si cumplían eso de la libertad creativa. Y cumplieron”.

La trama de La pantera rosa se resumía en un elegante ladrón apodado “el fantasma” que robaba el diamante que le daba título al film. Detrás de él iba un torpe inspector de policía, sin saber que su esposa era en realidad amante del seductor maleante.

Luego de que Audrey Hepburn desistiera de formar parte, el elenco quedó conformado por David Niven, Claudia Cardinale y Ava Gardner (sustituida a último momento por Capucine). Para el personaje del inspector, un rol secundario en esta etapa, la producción convenció a Peter Ustinov. Todo estaba listo, los decorados montados, el programa de filmación en Roma aprobado, y los pasajes comprados, pero una semana antes de comenzar la filmación Ustinov pegó media vuelta y se fue.

“Se echó atrás en el último minuto -recordaba Edwards-. Tuvimos que cambiar todo. Fue entonces que me sugirieron a Peter Sellers, yo lo había visto en una sola película y su estilo no me gustaba para el personaje de Clouseau. Pero como estaba desesperado acepté hacerle una prueba. Me encantó. Después lo conocí mejor en el viaje a Roma y descubrí que nos gustaba el mismo tipo de comedia: la de Stan Laurel y Oliver Hardy. Él era un fanático absoluto de Stan Laurel”.

Como dato anecdótico se puede agregar que Walter Mirisch y sus hermanos le iniciaron una demanda a Peter Ustinov por daños y perjuicios, pero cuando la película se estrenó y fue un éxito gigante, el letrado los llamó y les dijo: ‘¿Están seguros de que pueden probar ‘Daños y perjuicios?’. Y tenía razón, porque su partida resultó ser uno de los secretos del éxito.

Un protagonista tan genial como conflictivo

Peter Sellers era un actor inglés formado en la radio, por lo tanto su humor era mucho más discursivo que gestual y siempre basado en la improvisación. Aunque estas características mejoraron notablemente al personaje, Edwards tuvo que adaptar la genialidad del intérprete al resultado físico que estaba buscando del personaje, y que se convirtió en un estilo de la saga: “Tomábamos lo que estaba escrito, improvisábamos y lo mejorábamos, pero Peter no sabía hacer gags físicos, no era bueno en eso. Tuve que prepararlo. En ese sentido Clouseau era yo, porque siempre he estado genéticamente predispuesto a ese tipo de accidentes. A lo largo de mi vida me he roto todos los huesos del cuerpo”.

Peter Sellers en la piel del inefable Inspector Clouseau

En Sellers, su condición de actor genial iba de la mano de su egomanía. Hombre de trato difícil, temperamental y soberbio, muy pronto intentó tomar las riendas del proyecto, y tenía con qué. Para cuando La pantera rosa se terminó de editar ya no era la película de David Niven. A pesar de su fama y trayectoria, el veterano actor había quedado completamente eclipsado por su coequiper.

La película aún no se había estrenado cuando los estudios dieron luz verde a un nuevo proyecto, que nació independiente pero terminó siendo una secuela. “No tenía nada que ver con la historia anterior -aseguraba Blake Edwards-, la base provenía de una obra teatral de Broadway que protagonizaba Walter Matthau. Sellers no quería saber nada, entonces me vino a buscar y me dijo: ‘¿Por qué no te involucrás en el proyecto?’, yo leí el guion y le contesté: ‘Solamente aceptaría hacerla si la dirijo yo, cambiamos la historia y la convertimos en una película de Clouseau'”. Cumplidas las condiciones, Edwards se puso a reescribir lo ya hecho codo a codo con William Peter Blatty (el autor de El exorcista) y en pocas semanas tuvieron lista una continuación que muchos fanáticos consideran mejor que la original.

En Un disparo en las sombras (A Shot in the Dark, 1964), director y protagonista intensificaron la sucesión de torpezas que tan bien habían funcionado en el film anterior. Se incorporó el personaje del comisario Dreyfuss (Herbert Lom), el desquiciado jefe de Clouseau, y al mayordomo Cato (Burt Kwouk), que se convertirían en piezas clave de las futuras secuelas.

También en este film apareció el extraño acento francés del personaje, que sería su marca registrada desde ese momento. “Peter dijo que se iba a Francia un fin de semana y desapareció, nadie sabía dónde estaba. Cuando volvió, y justo antes de que yo empezara a gritarle, algo que solía pasarme con él, me dijo: ‘Blake, conocí a un conserje en París que habla así’, y lo empezó a imitar. Supe que teníamos que usarlo”.

Pero durante el rodaje, los problemas excedieron largamente a las virtudes, y terminado Un disparo en las sombras, Peter Sellers amenazó con boicotear el estreno porque no le había gustado el resultado, y Edwards prometió nunca más trabajar con él. Ninguno de los dos cumplió.

La muerte le sienta bien

La primera muerte de Peter Sellers fue el 7 de abril de 1964. Tenía 38 años cuando el corazón se le paró durante un minuto y medio. Los médicos consiguieron reanimarlo, pero inmediatamente tuvo otro infarto, y otro, y otro, y otro más. Fueron nueve en total, de los que milagrosamente se recuperó. Meses después, el actor contaría que vio a su madre llamándolo desde la tumba.

A sus problemas psicológicos, producto de sus episodios cardíacos se sumaron declaraciones poco felices sobre la industria del espectáculo estadounidense. A Sellers los grandes estudios le cerraron sus puertas, los mismos que un año antes lo consideraban “el rey de la comedia”.

En 1968 se estrenó Inspector Clouseau, dirigida por Bud Yorkin y con Alan Arkin como protagonista. Aunque hoy nadie se acuerda de ella, el revisionismo cinematográfico logró rescatar varios momentos interesantes de la propuesta. Pero claro: si no estaba Peter Sellers, no era una película de Clouseau.

Agobiado por las deudas, Peter comenzó a aceptar proyectos mediocres que lo hundieron aun más. Desesperado, para poder pagar las cuentas terminó haciendo anuncios publicitarios. Blake Edwards (quien tampoco tiraba manteca al techo) acudió a su rescate con nuevas aventuras del inspector, que se plasmaron en tres films consecutivos: El regreso de la pantera rosa (The Return of the Pink Panther, 1975), La pantera rosa ataca de nuevo (The Pink Panther Strikes Again, 1976) y La venganza de la pantera rosa (Revenge of the Pink Panther, 1978). Del terceto, la que mejor ha resistido el paso del tiempo es la primera.

En 1976, un nuevo ataque al corazón hizo que Sellers se convenciera de lo necesaria que era la operación que venía postergando. Pero si bien tenía todo preparado no llegó a tiempo: murió el 24 de julio de 1980. Sin embargo, ni siquiera la muerte impidió que personificara a su emblemático personaje en dos ocasiones más.

El mito del eterno retorno

Tras la pista de la Pantera Rosa (Trail of the Pink Panther, 1982) fue prácticamente un homenaje póstumo a Peter Sellers construido a través de escenas descartadas de las películas anteriores. La historia -por llamarla de alguna manera- es mínima, pero alcanza para volver a ver a algunos actores de la original, como David Niven o Capucine. Algo parecido pasó en La maldición de la Pantera Rosa (A Curse of the Pink Panther, 1983), que sumó más archivo del actor fallecido y una trama en la que un nuevo detective tan torpe como él era asignado a su búsqueda. A pesar de estar Blake Edwards detrás de ambos proyectos, ninguno provocó mucho más que una sonrisa.

Los intentos posteriores por revivir la franquicia tampoco funcionaron. En 1993 se estrenó El hijo de la pantera rosa (Son of the Pink Panther) con el siempre desbordado Roberto Benigni interpretando a un supuesto hijo de Clouseau, del que nada se sabía hasta entonces y nada se supo después.

En pos de seducir a una nueva generación, en 2006 se produjo un nuevo comienzo con el mismo nombre. La Pantera Rosa presentó a un nuevo inspector Clouseau a cargo de Steve Martin. La propuesta indefinida que iba entre el homenaje y la parodia, junto a un protagonista al que se lo veía incómodo en el papel, dejaron un mal sabor de boca. Aprobó con lo justo gracias a la presencia de Jean Reno, Beyoncé, y los cameos de Jason Statham y Clive Owen, entre otros. En 2009 se estrenó una secuela que fue más de lo mismo.

Con la muerte de Blake Edwards, el 15 de diciembre de 2010, quedó implícito que también partía para siempre cualquier intento de hacer una película digna sobre la franquicia. Pero como hay gente que nunca aprende, en 2017 se anunció un nuevo reboot a cargo de Jeff Fowler (Sonic: La película) y David Silverman (Los Simpsons). Hoy el proyecto se encuentra interrumpido, y es probable que nunca vea la luz.

La historia de la saga de La pantera rosa tiene un final abierto, y también un bonus track. Porque en sus títulos de apertura se esconde la historia de un personaje animado, que no solo fue clave en el éxito de las películas, sino que también se convirtió en un fenómeno de masas en sí mismo.

Rosa de la cabeza a los pies

La pantera rosa no es la pantera rosa, sin la partitura compuesta especialmente para la saga por Henry Mancini. “Él me conocía muy bien, y sabía el tipo de humor que me gusta y que pensaba poner en la película”. Alcanzó con que Blake Edwards le diera a leer el guion para que el compositor creara la música perfecta. Un saxo tenor, una orquesta precisa, y un tema perfecto para acompañar. ¿para acompañar qué? Porque al momento de grabar la música, todavía no había rastros del felino rosa que pasaría a la historia.

Friz Freleng y David De Patie eran animadores a sueldo de Warner hasta que, de un día para otro, se quedaron sin trabajo. Armaron a pulmón una mini empresa, y luego de unos meses recibieron el llamado de Edwards. En la cabeza del guionista y director estaba la loca idea de que en algún momento “la pantera rosa” cobrara vida; es decir, que pasara de ser un diamante a un animal: “Me los recomendó un buen amigo que los conocía, les di el guion y les expliqué cómo me imaginaba a la pantera, su historia”.

El binomio creativo respondió con más de cien opciones pensadas en conjunto con el equipo de la empresa, Blake se quedó con uno, aun sin saber si lo iba a usar y cómo. Cuando terminó el rodaje supo que el lugar serían los créditos iniciales, acompañando la banda de sonido de Mancini. La mejor decisión que pudo tomar.

“Hicimos una proyección preliminar de la película, y al terminar los títulos tuvieron que encender las luces y apagar el proyector porque el público aplaudía y gritaba a los saltos. Nunca volví a ver una reacción así”, contó De Patie en una entrevista televisiva una década más tarde.

Rápido de reflejos, el animador le propuso a su socio seguir adelante con el personaje en un corto para la pantalla grande. Aunque Freleng le dijo que perdía el tiempo, De Patie fue a hablar con Harold Mirisch: “Luego del gran éxito que tuvimos con la película vino a verme David con la idea. Convencí a United Artists que les ofreciera un contrato por 156 cortos”. El dúo de artistas aceptó pero puso como condición, además de cobrar por el trabajo, quedarse con el 25 por ciento de los derechos del personaje. El mejor negocio de sus vidas.

Los títulos que dieron lugar al clásico dibujo animado

The Pink Phink, el primero de los capítulos de La pantera rosa, ganó en 1964 el Oscar a Mejor Corto Animado, dando inicio a un fenómeno vigente hasta hoy, e impregnando con su éxito la saga de films del inspector Clouseau. “No me imaginaba que el personaje se haría famoso -confesó Blake Edwards-. Creía que quedaba bien en la película pero no que alcanzaría tanta fama, cobrando vida propia y vendiendo tanto merchandising como personaje independiente. ¡Gracias a Dios que así fue!”.

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