1917: Cómo filmó Sam Mendes el largo plano secuencia del filme que ganó el Globo de Oro



El director políticamente más correcto de Hollywood se llama Sam Mendes. En la escena clave de Belleza americana, la chica finalmente no tiene relaciones con el bribón de Kevin Spacey y en otra peli posterior llamada Todo por un sueño, el personaje de su esposa Kate Winslet, aborta y… muere.

Su cuáquero punto de vista hace que casi todas las situaciones que lleva al extremo deriven en una estrategia de control mental. La carrera de este director continuó con un par de películas de James Bond, donde los riesgos -alejados del cualquier dilema moral- lo llevaron hacia abismos más moderados y explícitos, traducidos en acantilados, aventuras y acostumbradas pasarelas para las modelos que ostentan las de 007.

Ahora volvió con una película de nombre totalizante, monolítico: 1917, que se ganó el premio al mejor filme en la última entrega de los Globo de Oro, dejando atrás a rivales de envergadura psicológica como Historia de un matrimonio. Y también ganó como mejor director.

El director Sam Mendes posa en la premiére mundial de “1917”, en Londres, en diciembre de 2019. Foto: REUTERS/Lisi Niesner

El filme de Mendes son dos horas de un plano secuencia, algo que puede ser un detalle o un rasgo de vanidad del director. Este recurso a veces sólo se resume en filmar sin cortar, aprovechando cada segundo de lo que está ocurriendo.

Brian de Palma gustaba mucho de los planos secuencia y para entenderlo habría que remitirse al último gran musical filmado o, por qué no, el mejor de todos los tiempos: Un fantasma en el Paraíso. Allí, De Palma da una cátedra de plano secuencia logrando una tensión con pantalla partida y delicadeza camp no exenta de gracia. Lo mismo hace con el notable realismo pugilístico alcanzado en Ojos de Serpiente.

Mendes ahora cautiva al mundo cinéfilo con su plano secuencia, una variante que no tiene por qué convertir la película en obra de arte. De hecho, hay grandes películas que no tiene planos secuencia y han ganado premios Oscar.

Pero el recurso enamora porque nos permite darnos cuenta de que la vida es lo más parecido a cada uno de esos segundos de celuloide. Que sea una película de planos secuencia completos convierte a 1917 en un objeto exótico. Una suerte de unicornio cinematográfico similar al blanco y negro que, por vintage, nunca pasa inadvertido. Recientemente ocurrió con El artista (2011): delicioso, encantador e ingenioso filme ganador del Oscar. Filmado en blanco y negro.

San Mendes escuchaba historias de guerra en la sobremesa familiar y decidió no quedarse al margen, como explicó en alguna entrevista que le hicieron.

“Sentía que era importante hacerle un homenaje, aunque la historia en sí misma no me enganchara. Entonces pensé que sería una buena idea contarla en tiempo real”.

1917, dirigida por este británico realizador, transcurre en apenas dos planos secuencia. ¿Fue eso suficiente como para que quedarse con el codiciado Globo de Oro a la Mejor película de drama?

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La BBC le colgó cinco estrellas y la adjetivó de “asombrosa”. Sin embargo, las favoritas de los Globos de Oro para el premio mayor en esa categoría eran los tanques de Netflix, El irlandés, de Martin Scorsese, y la convenientemente incómoda Historia de un matrimonio, del intimista Noah Baumbach.

El resultado del Globo de Oro pareciera mirar de reojo el streaming de Netflix. Como si lo dejaran participar, pero con una mezcla de recelo y escepticismo. De desconfianza y duda.

La película trata sobre un par de soldados británicos que son enviados para dar un mensaje que puede salvar la vida de 1.600 integrantes del regimiento de Devonshire durante la batalla de Passchendaele.

Con tomas largas rodadas para que se pudieran conectar sin fisuras, en verdad, el plano secuencia no es más que un efecto para el espectador. En una nota aparecida en el diario ABC de España, se cuenta la verdad: fue rodada con cortes como cualquier película de hijo de vecino, pero el resultado simula secuencialidad para trasladar las atmósferas nerviosas que viven los dos soldaditos protagonistas.

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Un hallazgo de montaje, entonces.  “Imperativo saber el momento en que había que empalmar el plano de una escena a la siguiente, dado que nunca se podría arreglar en posproducción cortando a otra perspectiva diferente”, dice el artículo de ABC.

Para llevar a los personajes de un corte al siguiente, Mendes se aseguró de contar con transiciones que se pudieran hacer sutilmente. Eso podría significar atravesar el umbral de una puerta, unas cortinas, o cuando los personajes entran en un búnker.

“Empecé a pensar grandes escenarios para recrear la historia que me había contado mi abuelo -dice el director-. Intentar vivir cada segundo de los personajes tenía que hacer que el público no pudiera escapar. A veces es claustrofóbico, otras es emocionante, pero siempre tenés que estar en presente y cerca de los personajes en los planos secuencia”.

Más de Mendes: “No podés ponerte por encima como un Dios, por eso las cámaras tienen que quedar al mismo nivel de ellos. Eso sirve para poder mantener el estado de terror por la que van a pasar los protagonistas. La tensión es lo que te mantiene viendo esta película.”

El trailer manda un mensaje por elevación: “Esto es cine para ver en el cine”. Sam Mendes se mete en la disputa del momento, acordando con un eslogan que subraya cada vez que le toca hablar de su película.”Es un filme para ver en la pantalla grande, con la experiencia del sonido, la música y las imágenes. Si bien existen otros formatos, el hecho de que uno decida estrenar en cine hace que debas luchar para que ello ocurra. Usamos Dolby, sonido envolvente…”, detalla tratando de seducir al espectador promedio que, ante el menor estímulo fílmico, sólo pretende saber… “¿está en Netflix”.

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Fiel a un estilo sin grandes afirmaciones, Mendes afirma que esta película sirve para contar en pantalla grande una historia pequeña, familiar. Promesa de épica garantizada.

WD

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