10 discos históricos que cumplen 30 años en 2021


Algunos dirán que hay más de diez; otros que no todos merecen el calificativo de “espectaculares”. Pero hay algo que no deja de ser cierto: 1991 fue uno de esos años perfectos para la historia del rock. Los hubo antes (1969, 1972, 1979, 1988), los hubo después (1997, 2004), pero todos estos discos cumplen tres décadas a lo largo de este año y bien vale repasarlos.

Como toda lista, se queda corta en su recorrido. Ten, de Pearl Jam, no aparece aunque debería. También The Low End Theory, de A Tribe Called Quest, si se extendiese al hip hop. Tango 4, de Charly y Aznar, podría formar parte de este listado solo por ese arranque con “Mientes y “Tu amor”. Vaya para ellos, y muchos más también, su mención especial. Pero los límites son los límites. Aquí 10 discos históricos (más un bonus caprichoso) editados en 1991.

El listado no puede abrir con otro disco. Nevermind es el gran disco de rock de la década y “Smells Like Teen Spirit” un himno generacional. Kurt Cobain y compañía le ponían palabras, música e imagen a la angustia adolescente de la Generación X en un disco de factura perfecta. Una entrega muy pocas veces lograda de agresividad + sensibilidad. Crisis existencial, nihilismo punk y un vómito de guitarras ideales para MTV.

Cómo llevar el heavy metal a la cima de su popularidad. En el disco conocido coloquialmente como “Álbum negro”, Metallica pulió su sonido, acortó sus canciones y conquistó el mundo para siempre. “Enter Sandman” y “Sad But True” son los destacados para el pogo y los pelos al viento, mientras que “The Unforgiven” y “Nothing Else Matters” se conformaron como las baladas crossover. A partir de entonces, ni el heavy metal ni Metallica fueron iguales.

El disco que catapultó a Divididos como “La aplanadora del rock and roll”. Ya casi sin restos post-punk de lo que fuera Sumo, Mollo y Arnedo abrazaron las válvulas para desatar un rock que miraba más a Jimi Hendrix (versionaban aquí “Voodoo Child”) que a Joy Division. “El 38”, “Ala Delta”, “Sábado” y “Sisters” son algunos de los temas más conocidos de un disco que aún hoy sobrevive en el repertorio del grupo en vivo.

Aunque con una discografía sólida en los 80, el mayor éxito a nivel comercial le llegó a R.E.M. con Out of Time, su séptimo disco de estudio. Con 18 millones de copias vendidas, el grupo, a partir de entonces, pudo dedicarse a hacer lo que quiso sin mayores inconvenientes. ¿La canción que le cambió la vida para siempre? “Losing My Religion”, por supuesto. Pero lo más importante fue que, además de populares, nunca dejaron de ser una banda que importaba. Por sus posturas políticas y sociales, por su estética y por su música.

Así como la nación alternativa se construía en Estados Unidos de la mano del grunge, aquí en Argentina empezaban a verse los primeros chispazos de la movida bautizada como “El nuevo rock argentino” y que se podía leer en contexto como parte del llamado movimiento alterlatino. Y allí fue que aparecieron Los Brujos con Fin de semana salvaje. Alias indescigrables, disfraces y máscaras para esconderse y guitarras al frente. “Kanishka”, el gran tema de ese álbum clave para el rock argentino de los 90.

La sociedad U2-Brian Eno-Daniel Lanois tuvo en Achtung Baby un momento de alquimia. En busca de revitalizar su sonido, Bono y compañía agregaron elementos de música electrónica a sus canciones y encararon los 90 con la frescura necesaria para seguir su carrera hacia la mega popularidad. “One”, “Even Better Than The Real Thing” y “Mysterious Ways”, son algunos de los temas que se destacan del séptimo disco de los irlandeses.

Considerado por el público, críticos y músicos como el gran disco de heavy metal argentino, Ácido Argentino es una gema de thrash criollo con la pluma de Iorio más afinada que nunca (antes y después). Hermética comenzaba a construir definitivamente su camino a lo más alto del heavy local con este, su segundo disco de estudio. “Atravesando todo límite”, “La revancha de América” y “Gil trabajador” son apenas algunos de los títulos que dan cuenta del discurso del grupo: conciencia obrera y latina. Musicalmente: una topadora.

Una pared de guitarras distorisonadas que se mueven como nubes. Así suena Loveless, el gran disco en la historia de ese sugénero alternativo que se llamó shoegaze (en referencia a que los músicos que lo ejercían se miraban constantemente los pies, a donde tenían los pedales de distorsión). Si a nivel global la relevancia del disco es insoslayable, en la lectura local gana peso por su influencia: fue el disco que inspiró a Gustavo Cerati y Soda Stereo para definir el sonido de Dynamo (1992).

A Blood Sugar Sex Magik el destino podría haberle jugado una mala pasada: fue editado el mismo día que Nevermind, de Nirvana. Pero la calidad de su contenido lo hizo capaz de superar cualquier adversidad azarosa. Para el que fue su quinto disco de estudio, los Red Hot Chili Peppers pulieron el sonido, se enfocaron en las melodías y el groove y se colaron como otra de las grandes ofertas de rock alternativo de la época. “Give It Away” y “Under The Bridge” coparon radios y televisión. A partir de entonces, los RHCP iban a copar estadios también.

Una semana antes de Nevermind y Blood Sugar Sex Magik, los Guns N’ Roses salieron con la apuesta más ambiciosa de su carrera: no un disco doble sino dos discos que se vendían por separado pero debían leerse como parte de un todo. El antagonismo con Nirvana ya era un hecho (Axl representaba una estética rockera que a Cobain le parecía una pose demodé) y los dos Use Your Illusion llegaban para estar a la altura de la contienda. Entre ambas entregas se destacan: “Don’t Cry”, “November Rain” y “You Could Be Mine” más dos versiones de clásicos: “Live And Let Die” y “Knocking On Heaven’s Door”.

Lejos de cualquier listado, incluso lejos de los hits que supo acuñar el grupo en los 80 (“It’s My Life”, por ejemplo), Laughing Stock, de Talk Talk, sobresale por una sensiblidad única. Casi sin baterías, con guitarras que parecen romperse en su propia fragilidad y melodías lánguidas, el quinto y último disco de los británicos es una despedida en sepia, como si el pop fuese desintegrándose a cada segundo. Considerado hoy una gema del post-rock, Laughing Stock es lo más cerca que estuvo el rock de musicalizar la caída de una lágrima.

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