Vitivinicultura: cuando las medallas se las lleva el conocimiento científico


La vitivinicultura argentina no solo tiene un lugar de importancia a nivel global por la calidad de sus vinos. También lo alcanza por el conocimiento tecnológico de quienes trabajan en ella.

Así como el pais tiene al Malbec como la variedad insignia de sus vinos en el exterior, la ciencia alrededor de este ícono de la vitivinicultura se esta ganando un reconocimiento. Claro, no es con medallas como tradicionalmente se hace con los vinos sino con publicaciones.

El Journal of the Science of Food and Agriculture, una de las revistas científicas del área de alimentación más prestigiosas del mundo, que se edita en los Estados Unidos, publicó recientemente un trabajo de investigadores argentinos que desentraña cómo adaptar las uvas Malbec a condiciones más severas de temperatura.

El propósito de la investigación no es casual: quienes advierten sobre la irrupción del cambio climático explican que uno de sus efectos de esta modificación planetaria es el aumento de las temperaturas promedio. Para los cultivos esto significa adaptarse a condiciones de estrés.

Con esa meta, un equipo de científicos de diversas instituciones científicas y la red de ensayos de Bodegas Trapiche está investigando desde hace siete años sobre efecto en la calidad de las uvas malbec con el sistema de alambre alto único conocido como Single High Wire.

En ensayos realizados en las zonas cálidas de Mendoza, del centro y el este de la provincia, se demostró que este sistema de canopia libre permitía mantener la calidad de la vid y obtener diferentes tipos de vinos.

“La vegetación no está conducida en forma vertical, sino libre, hay una mejora de entre el 20 y el 30% en el proceso de la fotosíntesis”, explica Marcelo Belmonte, director de Viñedos del grupo Peñaflor. “La luz llega filtrada, con capas más difusas”, añade.

La investigación se centra en las variedades destinadas a los vinos varietales del año que son los de mayor producción y consumo.

“Frente al calentamiento global se pueden incorporar más hectáreas de producción con este sistema”, dice Belmonte.

La investigadora Carina González, del Conicet, explica que el sistema de canopia libre tiene ciertos beneficios sobre el sistema de espaldero, conocido como vertical shut positioning (VSP). “Las principales ventajas son que es un sistema altamente mecanizable, ya que se desarrolla sobre 1,60 o 1,80 metros del nivel del suelo y permite sostener los cordones de los brotes que crecen libremente , como si fueran pequeños árboles. Y estos brotes, a su vez, tienen los racimos”.

Estos sistemas de canopia libre, añade, “tienen la particularidad que se usan en variedades que tienen una buena producción y una gran expresión vegetativa, hay mucho follaje. Se están utilizando mucho en zonas cálidas”.

El estudio está hecho en una zona cálida de Mendoza (5, según el índice de Winkler, utilizado para definir las regiones vitícolas). “Es muy eficiente en la fotosíntesis que pueden realizar porque los brotes crecen más libremente que en un VSP, en el que los brotes están todos comprimidos en un rectángulo”, explica la investigadora.

“Hicimos distintos manejos de canopia, modificándole la altura y de riqueza de poda, la cantidad de yemas que dejábamos del invierno. Y estudiamos los perfiles fenólicos y aromáticos de los vinos producidos en estos sistemas de conducción. Vimos que cuando variamos las intensidades de los manejos de canopia, que modificaron la relación hojas-fruto, que es un balance entre las fuentes que serían las hojas, que sintetizan los carbohidratos que después van a la fruta, aun en una zona cálida como Maipú variaron los perfiles fenólicos y aromáticos. Eso, en una zona cálida, nos permite obtener vinos con distintos estilos. Así obtuvimos distinta calidad de riqueza aromática y distinto color”, explica la investigadora.

El equipo de investigación que realizó el trabajo está integrado, además de Belmonte y González, por Gastón Ahumada Anibal Catania y Martin Fanzone.

Según un informe de la compañía, este tipo de sistemas forma parte de una tendencia creciente de adaptación de la vitivinicultura a los desafíos del cambio climático.

Esto último ya lo tuvieron que atravesar en esta campaña debido a que tuvieron heladas tempranas en el este de Mendoza, explica Belmonte. “Fue un año levemente más fresco que los anteriores, no obstante se espera una buena producción de las variedades Malbec y Cabernet Sauvignon”, añade el especialista.

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